Jueves, 24 de mayo de 2012

NO PUDO SER PARA UNA COFRADÍA MALTRATADA, ANSIOSA DE UNA LIBERTAD FERIADA QUE NO TERMINA DE COLMARSE.

Pronto se disiparían las ilusiones de que el Lunes Santo pudiera erigirse en ese primer mediador del verdor del Parque y la clarísima luz de Sevilla en una Semana Santa ajada desde su arranque por el rigor de las intermitentes lluvias.

La iglesia de San Ignacio de Loyola, por segundo año consecutivo, volvió a ser el epicentro de los episodios más desalentadores de una mañana de Lunes Santo, quedándose entre sus muros mil y una historias, muchas esperanzas sin forma ni estrella y demasiados llantos de niños -¡Cuántos costaleros y humildes nazarenos, entrando y saliendo en un jardín nostálgico de contrariedad, paseándose aturdidos por la decepción de unas calles desconsoladas que no verían reventarse afuera el sol, ni el repiqueteo de las campanas proclamando la festiva aparición de la Cruz de Guía de sus carceleras vidas, a la que esperan como un navío de sueños!

No pudo ser en el Polígono San Pablo, y ya van tres años consecutivos, de una cofradía maltratada por la lluvia, ansiosa de una libertad feriada, devocional y procesional que no termina de colmarse. De una hermandad que muy desde sus comienzos está siendo llamada a superar el estrangulamiento de un cíngulo demasiado apretado y una inmerecida mortificación calzada en su espíritu.

LA DECISIÓN DE NO SALIR EN EL TIRO DE LÍNEA SIRVIÓ DE VERAS A LA CIUDAD, DOTÁNDOLA DE LOS TROFEOS CALLADOS QUE PREMIAN LA PERVIVENCIA DE SU FIESTA MÁS ÍNTIMA.  

En otro punto cardinal de esta Sevilla de barrios, la cofradía del Tiro de Línea, con suerte desigual según los precedentes, no pudo obrar esta vez el milagro de 2011 y adoptó con todo el sabio y razonabilísimo criterio, la decisión de no salir a las calles, y es que aún al contrario de lo que pudiera pensarse, con determinaciones de este calado se sirve de veras a la ciudad, acrecentándola, dotándola de los trofeos callados que premian la pervivencia de su Fiesta más íntima, más necesaria que nunca de cuidos y prudentes reflexiones, aun cuando el reposo de los pasos en las naves no sea deleite muy apetitoso.

LA REDENCIÓN Y SAN GONZALO SE AGARRARON A UN CLARO ESPERANZADOR UNA VEZ QUE HABÍAN MACHACADO EL TIEMPO DE ESPERA, CONCECIDO Y SIN CONCEDER.

De Romero de Torres a Santiago y el Barrio León volaron los suspiros por una calle de prisa y tensión cardíaca, varándose, a su término, entre los naranjos de una y otra plaza. El comedimiento de las primeras hermandades del día se tornó en descaro y audacia con la favorable resolución de los cabildos de oficiales de Redención y San Gonzalo, toda vez que habían apurado, y más que machacado, todo el tiempo de espera, concedido y sin conceder. Es verdad que la sobremesa había dibujado algún claro esperanzador, pero también lo era el hecho de que la AEMET había previsto un sesenta por ciento de probabilidad de lluvias moderadas entre las cinco y las ocho de la tarde, por mucho que el hermano mayor del Beso de Judas proclamara vientos mucho más favorables.

La tarde ponía dos cortejos de capa en la calle embriagados por las ganas irresistibles de cofradías. Sin embargo, algo por dentro nos decía que las horas no iban a transcurrir por los derroteros finalmente exitosos de la tarde precedente. Así se lo advirtieron a este cronista los rollizos nubarrones que poblaban el entoldado cielo mientras el paso de Misterio del Beso de Judas se hacía dueño y señor de las miradas de la calle Almirante Apodaca al contundente compás de la marcha Alma de Dios, otrora prohibida en tiempos que solían ser de duendes metidos en vinos y bailes. Por detrás, con los aromas intactos, aún rozagantes, impregnados en su manto tras su paso por los Jardines de Murillo, nació a Juan de Mesa ese injerto oloroso y primaveral como es la Virgen del Rocío desembocando de la calle Santiago en su alegrísimo paso de palio. No sin cierta diligencia lo vimos perderse dejando atrás los reproches de la conciencia por Santa Catalina y a la que podemos, desde estas líneas, tenderle alguna memoria. Igual que a los vidrios transparentes que nos acercan a la boca el reposo y refrigerio de El Tremendo. Banda sonora de la reflexión: Encarnación de la Calzá de Juan Santos.

SANTA MARTA DEJÓ LAS CALLES AFLUENTES, HUÉRFANAS, QUEDAS EN UN AMOR EN QUIEBRA SIN COFRADÍAS.

En buena lógica, cuando entrábamos por San Miguel, buscando siquiera el runrún de la decisión de Santa Marta, se anunciaba en el interior de San Andrés, sin rodeos, la definitiva suspensión de su salida procesional, quedando las calles adjetivas o afluentes, huérfanas y ausentes, nuevamente transitadas por gente sin rumbo, vestidas de soleraje para la ocasión, quedas en un amor en quiebra sin cofradías.

EN CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, UN FUERTE AGUACERO COMENZÓ A DESCARGAR SOBRE EL BESO DE JUDAS Y SAN GONZALO.

Los temores y las malas noticias, además de las alegrías, se contagian. Y a ello había que sumarle el panorama que, a media tarde, era ciertamente desalentador. Como no podía ser de otra manera, en crónica de una muerte anunciada, un fuerte aguacero comenzó a descargar sobre Sevilla cuando el Beso de Judas se encontraba entrando en la Carrera Oficial y la hermandad de San Gonzalo colmaba de aspiraciones la calle San Jacinto, el Puente y Reyes Católicos.

La lluvia de la tarde del Lunes Santo destrozó el ánimo de los cofrades, colándose en las entrañas del pueblo, pegando a las ingenuas criaturas a los zaguanes y desdibujando los rostros, avinagrados por la impotencia, pendientes de los receptores y de los smartphones.

Mientras tanto, entre un mar de paraguas y desconcierto, trataban de trazarse en el paisaje dos cofradías descompuestas, una, la Redención buscando el refugio por excelencia de La Anunciación y, la otra, la de San Gonzalo, que buscaba el imposible de permanecer unida y que al final, chorreada de agua y ánimos, quedó partida en dos, por un lado, el cortejo del paso del Señor del Soberano Poder cobijándose en la Magdalena y, por otro, el del paso de palio que hubo de regresar a San Gonzalo mientras la Virgen se refugiaba en la capilla de la Estrella.

LA LLUVIA NO PERMITIÓ LAS SALIDAS DE LAS AGUAS, PENAS Y MUSEO PERO MOSTRÓ SU CARA AMABLE CON IMÁGENES ÚNICAS COMO LA SALIDA DE LA VERA-CRUZ SIN PASOS.

Habiendo hecho ya todo el daño posible, dejando como bagaje además de lo relatado, la suspensión de los desfiles de las cofradías de las Aguas, Penas de San Vicente y Museo, a la lluvia sólo le quedaba poder mostrar su cara amable, la histórica, la de las imágenes únicas, pues siempre ha tenido la ocasión de virar atrás en su paseo por la historia de nuestras calles, en ese macabro juego que gusta tener con las hermandades, y éstas con ella para evitarla.

Solo así pudo explicarse lo inédito de la Estación de Penitencia de la hermandad de la Vera-Cruz, sin pasos, y con la sola presencia de la reliquia del Santo Lignum Crucis, que es también Titular, acompañada del cuerpo de nazarenos. Una estampa que ha dado mucho que hablar. Una curiosidad: la hermandad homónima de la ciudad de Ronda hizo lo mismo en la tarde noche del Jueves Santo.

El Beso de Judas decidió regresar a Santiago en una tregua, por el camino más corto y a paso de mudá, y así salió de la Anunciación pasadas las nueve de la noche. Por su parte, San Gonzalo acordaría retornar en la tarde del Domingo de Resurrección, sin música y reorganizándose con las andas de la Virgen de la Salud, al llegar con el paso de misterio a San Jacinto.

Y sanseacabó, como dicen las madrazas cuando terminan de repartir los bollitos a sus hijos. Sanseacabó el lunes santo en Sevilla destrozado por el agua. Era el momento de coger nuestro camino más corto hacia la tierra por la A-92…

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EL LUNES SANTO EN MÁLAGA ORBITA SOBRE UN ASTRO QUE ES EL DE LA VIRGEN DE LA TRINIDAD.

En Málaga, la lluvia también había hecho de las suyas dejando en casa a Crucifixión, Gitanos y Pasión. Estaban en la calle Dolores del Puente, Estudiantes y Cautivo.

Quizás sea atrevido decirlo con todo lo bueno que se intuye en esta tarde noche en la ciudad de mis días marinos y por los mitos que se siguen perfilando tras los labios de estos rancios de clavel en la solapa, que en Málaga también los haylos, pero a su estilo: el Lunes Santo orbita sobre un el astro que es la Virgen de la Trinidad. La hondura de esa Virgen, lo inefable de su aura lírica, el acuoso rumor que se desprende del crepitar de su luz incandescente, su mundo pequeño y floral ataviado de galas en su tránsito quedo, soñado por el maestro Don Eloy perpetuado en el Alma ondulante y melódica de las cinco líneas de un pentagrama, nos recordó a los que la contemplamos por calle Larios que no pudo haber Rey vestido de blanco sin Madre, aunque no lo entiendan los miles de malagueños que siguen yéndose a casa sin esperarla.

DOLORES DEL PUENTE DA UNA LECCIÓN DE CARÁCTER

Un rato antes, la hermandad de los Dolores del Puente nos había vuelto a dar una lección de carácter. Era, muy posiblemente, el último año del conjunto procesional del Santísimo Cristo del Perdón sobre su actual trono provisional, palabra esta última que en el ajo capillita malacitano parece haberse ido dejando el sentido de la acepción por el camino.

Entrar por la esquina de Granada hacia Echegaray buscando el glorioso paso antequerano de la Virgen de los Dolores, es sorprender a traición al corazón, pero merece la pena –bien sabe Dios que sí- que esto de navegar entre ufanos cirios levantados, atravesarla y cuando el alma no puede pensárselo, zás, junto al viejo teatro rehabilitado, la calle ofreciéndonos la bellísima talla de la Dolorosa del Puente avanzando a compás con los matices y el genio musical de José de la Vega. Valle de Sevilla para nuestro deleite.

ESTUDIANTES SE SEPARA DE SU VERSIÓN LAUDATORIA ACADÉMICA Y SE ACERCA AL LUMINOSÍSIMO PARAÍSO DE UNA COFRADÍA DE PENITENCIA.

Estudiantes sigue progresando adecuadamente que dirían los maestros antiguos. A la vuelta, cuando antaño el cortejo se despegaba del pavimento convirtiéndose en una algarada incontenible, hoy la cofradía vuelve por Císter de mejores hechuras, estirándose, trenzando en el aire desiguales formas, señal del cansancio, pero nada que ver con un retorno exento de capirotes y para que no se diga, pues, con ligereza, que todo pasado fue mejor, pues nada de eso tiene el menor sentido en el devenir de las hermandades y cofradías malagueñas.

En el compás de la Catedral, ahora sí, con el regio balconaje como único protagonista escénico de la noche, escasa de gente, alejada de las horas de ebullición y teológicas de ofrecimiento por calle Mármoles o Pasillo de Santa Isabel, el Coronado de Espinas surcaba los últimos metros de su bienaventurado patronazgo callejero anual entre la gente de la universidad y los birretes. Casi sin esperarlo, una evocadora esquirla musical, -Cristo del Amor de Francisco Javier Moreno- nos hizo ver en el andar almibarado del Señor, el luminosísimo paraíso de una cofradía de penitencia –sin bombillas en los faroles-, alejada nuevamente del antiguo laudatorio académico y los aromas a brillantina de club social que la impregnan.


Por fin pudimos hablar de su Virgen de Gracia y Esperanza en términos de esplendor y cuaje. En este orbe capillita vivo y de lengua diligente no hubo más historia que la admiración hacia el cuidado de su atavío, la poderosa corona de Manuel Valera previo diseño de Fernando Prini y el porte catedralicio, primoroso y celestial que está tomando el trono aunque siga sin convencer a muchos el resultado de la recuperación del manto.

Y todo estuvo, como ven, francamente bien, cuando supimos aprovechar ante la negrura del panorama sevillano, la puerta que se nos había entreabierto y decidimos hacerle justicia abriéndola de par en par. Pero permítasenos que al cierre de esta crónica, una vez asentados los recuerdos, libres de todo agravio comparativo, y vueltos a las primeras líneas de este relatado paseo cofradiero malagueño de Lunes Santo, con el uso poético que Manuel Machado así sustanció a Sevilla, podamos decir: Y… la Trinidad. 


Publicado por tontodecapirote84 @ 22:38  | Sevilla
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