Viernes, 01 de julio de 2011

Algunas calles da gloria verlas cuando la vida pasa por ellas. Y por algunas pasa muy de vez en cuando. Son calles que se pronuncian con intimidad y ternura y al pasearlas, buscando su recodo, su cierro abierto de par en par, parecen colmarse de celosa vistosidad y gentil porte. Pozos Dulces, otrora v?a de suciedad y abandono, ahora es una de esas c?ntricas calles que gusta tocar con los dedos para que alcance al alma la estrechez y se escuche alg?n rumor de cerraduras cuando alg?n vecino asoma al zagu?n a esperar la cofrad?a y los m?s tempraneros comienzan a ocupar portales y rejas de ventana, antesala gustosa de la impaciencia.

Estaba Pozos Dulces como siempre. Que en realidad son pocos a?os, pero no lo parece. Y como el a?o pasado, sobre las cuatro de la tarde, la franqueaba un olor a guiso tard?o, un alborotado racimo de globos? y el discurrir apresurado de un carro de chucher?as, pues no hay m?s firme se?al de la inmediata Cruz de Gu?a que la presencia de un carro de golosinas, mucho m?s que la que sea de un nazareno por el camino m?s corto o una banda arribando en pasacalles.

Pero no estaba de Dios, que lo de siempre fuera a durar todo el Martes Santo. De hecho, intu?amos, ya desde el medio d?a, que all? arriba, en la b?veda celeste, se tramaba un juego macabro de crueles nubarrones que eligieron un mal momento para encajarse en ese impertinente puzzle que vino a solazarse con la cofrad?a dispuesta, en la calle y sin posibilidad de apostar por la cautela o la espera.

Eran las 17 horas y 51 minutos de la tarde, con el Se?or de la Agon?a en la calle y la Virgen de las Penas a punto de nacer nuevamente a la ciudad, cuando el castigo inicuo de esta Semana Santa, clausur? anticipadamente? las notas mansamente glosadas de este cronista que vi? como su inquietud anual quedaba oscurecida s?bitamente y de ?l se apoderaba un inusitado desconcierto por cuanto siempre hab?a sentido la lluvia como algo ocasionalmente desafortunado, y comenzaba a parecerle como un desagradable presagio de la m?s negra historia cofradiera jam?s contada.

Y no hubo mucho m?s que decir, ni que rebatir. Cuando las puertas se cerraron, aquello ya no tuvo soluci?n. Y todos los sab?amos. Incluso aquellos que en su comprensible negativa a la resignaci?n, buscaron una opci?n alternativa, totalmente a destiempo, y francamente contraria al esp?ritu penitencial y est?tico de la Corporaci?n, a la que siempre hemos querido poner entre laureles cofradieros.

Por eso quiz?s algunos, pero s?lo unos pocos, no entendimos la necesidad de demorar en una hora una reflexi?n in?til, y no comprendimos una votaci?n intrascendente, cuando no cab?a rebatir una decisi?n ya cimentada desde la fijeza con que la hermandad se ha sostenido a trav?s de los tiempos, con la perseverancia de los m?rmoles. Fue Paco Calder?n pero bien pudo ser otro hermano mayor el que hubo de resignarse y poner cara a una resoluci?n m?s que presumible. Ha costado muchos a?os construir el ser de la Hermandad de Las Penas? para que el edificio se pudiera derrumbar en pocos minutos. Por eso la decisi?n realmente fue tomando cuerpo sola, creciendo en un palpitar arr?tmico en el coraz?n de los hermanos desde primeras horas de la tarde, ratific?ndose poco despu?s conforme la intensidad de la lluvia fue acrecentando el peligro de p?rdida, haci?ndose cada vez m?s dif?cil el poder soportar el peso de un bagaje imposible de ignorar, sensaciones que fueron calando en quienes son sus albaceas leg?timos, y a los que no hubi?ramos dispensado de la asunci?n de responsabilidades en caso de fracasar la aventura.

El que quiso estar con la hermandad por encima de las personas, comprendi?, no sin sentir una natural sensaci?n de rabia e impotencia, desde la certeza de un coraz?n puesto en las alturas alcanzadas, que no volver a salir realmente supuso una de las decisiones m?s maduras de los ?ltimos tiempos, quiz?s la m?s equilibrada, tomada en un contexto de presiones intensas y en presencia de buitres deseosos de devorar la carro?a resultante. No es nada f?cil esquivar las tentaciones y los primarios instintos de quienes no entender?n jam?s el universo cofradiero de la hermandad de las Penas a pesar de llevar mucho tiempo perteneciendo a ?l.

Con el Martes Santo recuperado, tras la sorpresa negativa de la jornada, a las Penas s?lo le qued? recibir a los cientos de fieles y curiosos que fueron a contemplar los encantos de una corporaci?n que tras el histrionismo interno volvi? al silencio impenetrable y dej? izadas en sus balcones las banderas de la medida y la exquisitez.

Entonces, sin la cofrad?a haciendo suya la calle, Pozos Dulces qued? sin vida nuevamente, sin el rumor de la gente apostada sobre sus paredes, sin el carrito de golosinas abriendo comitivas y sin el manto de flores, gui?o a la Jornada Mundial de la Juventud, que este a?o no pudo ofrecer esos aromas sueltos del Parque que tantos malague?os hubiesen querido ahogar con br?o, apret?ndolos, estruj?ndolos, sinti?ndolos suyos con la Virgen de las Penas avanzando a comp?s con una marcha de Pedro Morales. Realmente fue una l?stima, pero no pudo ser.


Publicado por tontodecapirote84 @ 1:34  | M?laga
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