Viernes, 24 de junio de 2011

"EL POL?GONO DE SAN PABLO ENSE?? A SEVILLA EL PRINCIPIO DE UN CAMINO DE INUSITADA PENITENCIA DE VUELTA A CASA DE NAZARENOS Y MONAGUILLOS".

Al filo del mediod?a, comenz? a apagarse la llama de la Semana Santa en San Ignacio de Loyola cuando la hermandad del Pol?gono San Pablo decid?a no efectuar su estaci?n de penitencia a la Catedral, probablemente escarmentada y temerosa tras la experiencia del a?o pasado, decisi?n que parad?jicamente ense?? a Sevilla el principio de un largo camino de inusitada penitencia de vuelta a casa de nazarenos y monaguillos mientras el horizonte? empezaba a perfilarse de fatalismo y sensaciones descorazonadoras. Nos quedamos sin poder apreciar los nuevos br?os procesioneros de esta joven corporaci?n.

"SANTA GENOVEVA SE PUSO EN LA CALLE QUIZ?S EMBRIAGADA POR LAS VOCES DE ENTUSIASMO VIBRANTE DE LOS QUE LLEVABAN HORAS ARREMOLINADOS DELANTE DE LA PARROQUIA".

Santa Genoveva iba a tomar el mismo camino que su predecesora. Al menos esto parec?a en tanto que el aspecto tenebroso del cielo no despejaba las maltrechas ilusiones de los hermanos. Sin embargo, quiz?s embriagada por las voces de entusiasmo vibrante de los que con suma paciencia llevaban horas arremolinados delante de la Parroquia, y esperanzada en que, por el avance de los partes, la mejora climatol?gica fuese cuesti?n de tiempo, la cofrad?a se puso en la calle no sin antes recordar al creador de lo mejor que pone en la calle que son sus im?genes titulares, Jos? Paz V?lez, y con la premisa de recuperar por el camino el tiempo perdido. Por eso, nos quedamos sin su itinerario habitual por el Arenal y por el Arco del Postigo y, de paso, sin el cimbreo acompasado de los varales de las Mercedes cuando revira buscando Castelar y sin la marcialidad de Jes?s preso, estrenando la terminaci?n del paso, Cautivo por la traici?n de los hombres a la que quiso someterse para despu?s redimirlos, dando dolor a la Virgencita y tortura a su propia condici?n de hombre como fiel expresi?n de su divinidad.

"TANTO SAN GONZALO COMO LA REDENCI?N FUERON SALIENDO EN BUSCA DE ESE SOL QUE SE HAB?A IDO CON CIERTA TRISTEZA POR LAS CORNISAS DE SAN JUAN DE LA PALMA SIN SABER CUANDO IBA A VOLVER".

Con el Tiro de L?nea transitando apresuradamente por la Avenida de Roma, tanto San Gonzalo como la Redenci?n fueron saliendo en busca de ese sol que se hab?a ido con cierta tristeza por las cornisas de San Juan de la Palma sin saber cuando iba a volver. Volvi?, con algo de retraso, pero volvi? a tiempo para besar la Cruz gu?a de la cofrad?a del barrio Le?n por el puente y los apliques dorados centelleantes del canasto del Beso de Judas por los Panaderos. El Se?or de San Gonzalo, fiel a su estilo, alcanz? la otra orilla con la estampa de siempre, a pesar de las novedades presentadas en el Via-crucis del Consejo, no s?lo en lo que al estreno de la t?nica bordada se refiere, que no luci?, sino tambi?n en el tiempo empleado para llegar al centro, que fue un modelo de brevedad, quiz?s apurada y excesiva por la amenaza de lluvia, pero todo un ejemplo para tener en cuenta en la necesidad de adaptar su tiempo de paso el Lunes Santo.

"DEFINITIVAMENTE, DEJAMOS DE MIRAR AL CIELO CUANDO EN LA CALLE SAN MIGUEL LOS CIRIOS SE FUERON AL CUADRIL DE LOS NAZARENOS"

Entonces Santa Marta confirm? los t?midos buenos augurios y pareci? decirnos, con su negro cortejo en la calle, que la jornada iba a recuperarse. Las cofrad?as comenzaban a llegar al centro, concentr?ndose toda la palpitaci?n vital, convulsa, en el espacio urbano atestado de gente. Definitivamente, dejamos de mirar al cielo cuando en la calle San Miguel los cirios se fueron al cuadril de los nazarenos, y ya s?lo exist?amos en las calles y plazas para pensar en candeler?as ardientes, pi?as perfumadas y roncos tambores mientras nos despertaba de la breve pesadilla, el fugaz paso del conjunto de la cofrad?a de San Andr?s exornado con jacintos malva apenas salpicado del siempre misterioso clavel rojo.

"LAS AGUAS GANA EN EST?TICA DE IDA A LA CARRERA OFICIAL."

Recompuesta la jornada, las Aguas se urd?a en cl?sicos c?nones por la zona de Molviedro, Zaragoza, Carlos Ca?al y M?ndez N??ez. Felic?simo y favorecedor recorrido. Aires frescos para el Lunes Santo. Apabullante el sonido de la banda del Sol tras el paso de Misterio y dulc?simo el acompasar del paso de palio de la Virgen de Guadalupe cuando serpenteaba el callejero que la conducir?a a la Magdalena mientras los ac?litos que la anteced?an le despejaban de bullas las calles colmadas por el misticismo del incienso y las marchas bien escogidas. ?Alma de la Trinidad? y ?Pasa la Macarena?.

"Y DE LA MANO DE LOS AROMAS, SEVILLA REINVENT? UNA PRIMAVERA ORIGINAL PARA EL BESO."

Es imposible acabar de conocer por completo el alma sevillana. Por ella, reviran intrincados recodos sentimentales, laten impulsos de diferente intensidad y cada a?o, nos depara sorpresas alegr?simas y algunas otras, como ver?amos en d?as posteriores, desagradablemente in?ditas.

El Lunes Santo nos dio a probar el sorbo de una esencia desconocida y una arquitectura de nuevos perfiles: el paso de la Redenci?n por los Jardines de Murillo. Todo tuvo un aroma de misticismo moment?neo, ef?mero, con el borne de aquello que tiene fecha de caducidad.

Y de la mano de los aromas, Sevilla reinvent? una primavera original para el Beso, hilando en el Paseo Catalina de Ribera una atm?sfera h?meda, resolviendo una nueva germinaci?n floral para salir al paso de la cofrad?a de la calle Santiago con sus damas de noche y azahares en el verde de los naranjos amargos. Entonces, abocada a no repetir ese lenguaje de efluvios m?gicos que se destilan cada a?o cuando pasa la Candelaria ya de noche, la ciudad con su luz bermeja del atardecer, trat? de inventar un nuevo batiburrillo de formas que combinadas, elevaron a la categor?a de excepcional el paso de una cofrad?a por un gr?cil entorno, naciendo, a su vez, a la Semana Santa, una in?dita miscel?nea para el disfrute capillita.

Entonces, los nazarenos discurriendo entre ret?culas y setos bien recortados, parec?an regar con provechosa cera el albero y los parterres, mientras hubo quienes pretendieron dominar las alturas apostados sobre los bancos recubiertos de una impecable azulejer?a regionalista. No cab?a un alma al paso del Misterio de la Redenci?n.

Desp?es, el Paso de palio se adue?? del parque porque pareci? encajar a la perfecci?n en la est?tica del muestrario bot?nico y monumental de la antigua Huerta del Alc?zar. La filigrana de su orfebrer?a mimetizada en la profusi?n decorativa de la cer?mica. Las pi?as florales rivalizando con la tarea cuidadosa del jardinero. El verde del manto y del palio aunando belleza en el alumbramiento de un sombr?o y fresco tapiz vegetal, y el Roc?o como la advocaci?n m?s sugerente y evocadora de ese vapor condensado de sue?os h?medos que queda arriado todas las noches sobre los p?talos consumados.

Y a la noche le quedaban susurros de grandeza al regreso de la Vera-Cruz, las Penas y el Museo.

"LA VIRGEN DE LAS TRISTEZAS HACE JUSTICIA A LA IMPORTANCIA DEL PORMENOR EN LA HISTORIA ESC?NICA DE LAS COFRAD?AS".

A la primera, le quedaban olores secretos e indefinibles a su paso por la Gavidia. Descifrados los arcanos, en la penumbra de las horas geniales que ruedan con la tranquilidad de los espacios y los suaves murmullos, el Cristo de la Vera-Cruz, flanqueado de cuatro hachones milenarios, avanzaba rodeando los bronces de ca?ones fundidos, atacadores, cepillos y sogas que ornamentan la estatua de Dao?z, con el ?nico eco hondo de la saeta precisa y he aqu? un valor sobrecogido de expresi?n.

La Virgen de las Tristezas hace justicia a la importancia del pormenor en la historia esc?nica de las cofrad?as. La sutil forma de vestir a la Dolorosa dentro del universo general de encajes y toquillas. El sencillo discurso ornamental de su paso de palio ausente de todo ?nfasis ?ojediano?. El susurro de la capilla alejado de todo libro antol?gico de marchas procesionales.

"HAY UN RUMOR MARAVILLOSO, MACERADO EN LA CULTURA DEL SEVILLANO, QUE PARECE PONERLE NOTAS DE PANTI?N A ESE CANTO HERMOSO QUE ES EL RACHEO COSTALERO DE JES?S DE LAS PENAS POR LA CALLE APONTE".

Es el cortejo de las Penas de San Vicente una ocasi?n ideal para el recreo de los sentidos, sojuzgados por la rotundidad de su perfecci?n. Se quiebran las emociones al paso del rostro sudoroso de Jes?s de las Penas que ha sucumbido por el peso de la cruz en la negrura de la noche. Realmente no hay silencio al transitar de este Cristo visible s?lo desde un costado del paso. Hay un rumor maravilloso macerado en la cultura del sevillano que parece ponerle notas de Panti?n cuando escucha ese canto hermoso que es el racheo costalero por la calle Aponte.

Igual que Nuestra Se?ora de los Dolores que siempre parece caminar con su marcha. Ingr?vida en su paso de palio. La noche se deshace en un instante cuando al llegar a Las Cortes, Tejera acomete ?La Madrug? y el dolor surge desbordado en los labios entreabiertos de la Virgen. Entonces nace de lo m?s hondo del cuerpo el pellizco milagroso e instant?neo que no sabemos muy bien qui?n o qu?, nos introdujo en alg?n momento de nuestra vida, para unirnos por siempre a la Semana Santa. El alma se ha separado del cuerpo y se ha ido enredada, quiz?s en los hilos del manto, o quiz?s en la repujada crester?a del palio, despu?s de una revir? sublime e imperceptible que nos ha dejado mudos e inertes.

"LOS HERMANOS DEL MUSEO SE RESISTEN A LA HERIDA NOST?LGICA DEL VIERNES SANTO QUE REPRODUCEN EN EL CORTEJO DEL PASO DE CRISTO Y DEJAN MORIR EL D?A EN MANOS DE LA VUELTA TUMULTUOSA Y EXULTANTE DE LA VIRGEN DE LAS AGUAS".

El llamador del Cristo de la Expiraci?n del Museo parece anunciarnos la derrota que d?as despu?s va a sufrir la ciudad. Es Lunes Santo y Cristo est? ya a punto de morir. Parece querer recordarnos lo ef?mero del encuentro con la alegr?a del Domingo de Ramos y, al levantarse a pulso aliviao por la calle Tetu?n, en su paso, escorzado en su humano intento por vencer lo invencible, anunciarnos la certeza de lo que va a ocurrir.

Sin embargo, los hermanos del Museo, fruto de la rebeld?a mostrada ante la contundencia del tempus fugit que tan bien conocen por las aleda?as pinturas de Vald?s Leal, tratan de esquivar la herida de nostalgia que comienza a abrirse en el costado de la ciudad y que lo har? definitivamente el Viernes Santo en el mu?idor de la Mortaja, cuyo cortejo viene a reproducir en su primer tramo, tan silente y oscuro. Por eso siempre, en su dualidad identitaria, han querido dejar morir el d?a en brazos de la Virgen de las Aguas por el And?n y en su vuelta tumultuosa y exultante por la calle Vel?zquez rodeada de nazarenos con capas y cirios blancos. Con las marchas que suenan por doquier en ese arrebato de impotencia por querer parar el tiempo. Poderes de la fe.


Publicado por tontodecapirote84 @ 0:56  | Sevilla
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