Lunes, 18 de enero de 2010

Han sonado en mi memoria las campanas de San Mateo con los verticales rayos del Lorenzo rajando las cornisas cuando pasan los lirios de Santa Marta y el eco del llamador resuena en las desconchadas paredes jartitas de siglos. ¿Habéis escuchado a Santa Marta pasar por la calle Justicia, que fue allí donde vivió un temible Corregidor? Yo no he visto nunca sucesión más perfecta de sonidos que los de Santa Marta transcurriendo por la intrincada y solitaria calle de la Justicia, por la que de nada sirve que corras aunque te mueras de prisa, como escribiera Manuel Ríos. Susurros, racheos, campana de muñidor, entradilla de la capilla musical, llamador y crujir de canastilla y así hasta engarzarse la melodía perfecta.

Ya lo estoy viendo otra vez pasar ante mis ojos: el Miércoles Santo en Jerez. Los primeros trajes y los niños con las rebequitas rojas por la Plaza de los Ángeles y la trasera tan humilde del palio del Patrocinio buscando la collación de San Marcos cuando las manijas del reloj te advierten exigentes la llegada del río blanquiazul de nazarenos a la calle las Naranjas.

La habréis visto como yo muchas veces. La Amargura según Jerez, modelo de cofradía, pasar por la calle las Naranjas. En la esquinita con la calle Mora. Viene abriendo compás desde que salió de los Descalzos. Su cruz de guía es la antesala de la algarabía ordenada del cortejo de esta hermandad paradójica. Aires recios con capa, elegancia suprema con Campanilleros. Sus pasos, todo un dechado de maestría cofradiera, arriaban puntuales en su encuentro con la historia. Allí donde la Virgen curó a un niño, José Salas. La Amargura siempre nos dejaba sin palabras. La fuerza y las dimensiones de su palio en clara consonancia con el maduro dolor de su rostro. La Reina de la calle Medina encarnaba la expresión real del sufrimiento materno al saber de los atroces tormentos del pasaje de la Flagelación.

Ahora, mientras escribo, va tirando de legajo la memoria y salen al paso las voces niñas del Miserere de Eslava que van con el Caído de San Lucas, Nuestro Padre Jesús de la Salud en sus Tres Caídas, cortejando su miserable tortura. Lo veo volver por Barranco y Luis de Isasi desafiando al runrún de los vencejos y al martilleo del tiempo en los edificios. Su cortejo, rival encarnizado de los teoremas geométricos, avanzaba compactado con los primeros claroscuros como si hubiera sido tejido en bastidor de filigrana. Tras sus Pasos, los Dolores iba en un paso de palio que es el ejemplo mismo de la perfección. El lacerante silencio de la cofradía lo envuelve y contribuye a engrandecerlo, el rechinar de la orfebrería y el acompasado golpeo de las bellotas del palio con los varales.

Echado ya el negro manto de la noche sobre las tejas jerezanas, extensión misma del cubrespaldas de la Dolorosa de San Lucas, había que buscar el regreso de la Flagelación por la Corredera y plaza de las Angustias. Ha sido ya de mayor cuando he comprendido la dimensión y los profundos y ricos matices que se desgranaban de aquellos momentos. Donde aprendí sin yo saberlo los métodos de calibración de los aromas cofradieros y comencé a amar profundamente aquellos compases de Font de Anta que nos hacía enhebrar suspiros de emoción.

Era allí, junto al antiguo Humilladero, capilla de la Virgen de los Siete Cuchillos, donde el Miércoles Santo en Jerez de la frontera alcanzaba su momento cenital. Instantes donde quizás la arena del reloj caía más lentamente, al ritmo cadencioso de los pateros.

Revive ahora en mi memoria el olor a chocolate caliente de la calle Ancha cuando volvían las retorcidas manos atadas del Señor del Prendimiento, llenando de aromas la muralla y las paredes encaladas, al calor de las palmas por bulerías.

La madrugada era para volver a Santiago con el Prendi. Allí acabábamos todos los que renunciábamos a la exquisitez del previo ideario cofrade para ahogarnos en la populosidad y el fervor de un barrio, asumiendo cada año que irse a casa dejando una hermandad como la del Prendimiento en la calle era una pertinencia que se iba a evaporar de forma irreversible.

Nunca fue aquello un arquetipo de buenas maneras cofradieras. Recuerdo a los niños con el antifaz remangado hasta la frente, sentados en los bordillos y veo como vosotros aquellas interminables paradas de los pasos que parecían no llegar nunca al arenalejo. ¿Recordáis como lo miraban de forma desgarradora los gitanos con camisa desabrochada? Algunos sólo le lloraban, otros le clavaban saetas en la túnica, a pie de paso, con los faldones levantaos. Pero allí no buscábamos cofradías sino una muy particular forma de entender la religiosidad popular, una frontera dentro de la Frontera donde la plaza de Santiago delimitaba la existencia de los últimos vestigios de la pureza y el arte, nada menos que el Prendimiento en sí como un palo de cante jondo sin estudiar. Yo nunca vi nada igual y hermandades calés he palpado unas cuantas. Quizás fuera porque Santiago era y es la misma Génesis, la Pangea gitana de la que se han ido desgranando las tierras que han ido a quedar fijadas en el Sacromonte granadino, Utrera, Cádiz o San Fernando por los movimientos tectónicos impulsados por una raza fogosa y nómada.

Por eso el Prendimiento, epicentro devocional de los gitanos jerezanos que son polo ancestral de su raza, revolucionaba templadas almas, aceleraba corazones fraguados en mil envites cofradieros y parecía canalizar en su rostro sufriente ese modo inédito de sentir, pristino y vernáculo, original y poderoso, inimitable, sui generis, incomprensible desde la razón, autóctono, absolutamente verdadero y profundamente enriquecedor. Me lo querían explicar los que bramaban a mi lado seguiriyas desgarradoras. Pedagogía popular. Y creo que al final lo ha comprendido mi alma, recordando los mil requiebros que sólo en Santiago he podido sentir con una saeta: “Desde la Porverita/hasta Santiago/las fatiguitas de la muerte, mare/me arrodearon”. Ese es el evangelio con que cada año nos aleccionaba la hermandad del Prendimiento. Y ya sólo podía exclamar, como todos: jole, con j de jondo.

 

 


Tags: semana santa jerez, miércoles santo

Publicado por tontodecapirote84 @ 14:44  | Jerez
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