Martes, 17 de noviembre de 2009

Sevilla ya ha acogido el otoño en su bucle de callejas. Desde mi ventana de la calle Hiniesta veo posar las nubes de su cielo sobre el tamiz de azoteas salpicadas de espadañas y campanarios. Con las primeras lluvias del mes de Octubre se ha roto la serenidad de las plazas que habían venido latiendo durante el verano al ritmo soñoliento del chorro de una fuente. Los naranjos han comenzado a replegarse en la actitud de quien espera paciente la venida de un tiempo mejor. Los vencejos han comenzado a buscar seguro refugio y las sillas de tijera han dejado de rivalizar por un hueco en la acera estrecha.

El otoño sevillano, oscilante y puñetero, no ha podido aplacar los ánimos de quienes cómo yo, buscan en cada arista ese aliento inconfundible de las ciudades con alma. Ni el sofocante calor de una bulla ni la humedad lacerante de la trasera lejana de un paso.

Me voy de Sevilla como siempre me he ido. Volviendo la vista atrás en la frontera de José Laguillo con el suspiro de quien anhela volver y con el guiño de ojo complaciente de quien ante todo espera que el retorno no se demore mucho en el tiempo.

La he dejado otra vez con calor y me traigo como recuerdo un resfriado sin curar. En la maleta además de ropa y libros van muchos sueños cumplidos, y otros muchos que han surgido como deseos por cumplir, inevitablemente.

LAS NIEVES EN SANTA CRUZ Y EL ROSARIO DE SAN JULIÁN

Comencé mi periplo cofradiero en Santa Cruz, ese barrio cuasi virgen de los surcos penitenciales por su suma estrechez. En Céspedes, Abades o Don Remondo, el coqueto paso de la Virgen de las Nieves de Santa María la Blanca fue fundiendo culturas en su agradable callejeo laberíntico al tiempo que sentíamos en la frente la frescura árabe de las angosturas tiznadas de incienso y música.

Tejera, como en tantas otras tardes otoñales, reivindicó la sevillanía de estas calles con su música. “Al cielo con Ella”, “Virgen de las Aguas”, o “La Madrugá”, interpretada esta última en las mismas puertas del patio de Banderas del Alcázar, fueron algunas de las piezas que conformaron esa bendita banda sonora.

De vuelta a casa, por la Iglesia de San marcos, estaba meciéndose la Virgen del Rosario de San Julián, patrona de este señero barrio, que es el que me ha acogido temporalmente con suma hospitalidad. Entonces, me dirigí a su ingente bulla y desde Vergara hasta la ojiva del templo, la seguí por esos mismos callejones en los que, año tras año, brotan geranios al discurrir del palio de la Hiniesta en los albores del Lunes Santo.

Los hombres de abajo regalaron chicotás mágicas y lograron con su pericia detener el cimbreo de los guardabrisas en aquellas esquinas imposibles de Hiniesta y Lira, mientras sonaba “Hiniesta” de Peralto y el paso se movía a la velocidad de un susurro. Ya en Duque Cornejo, llegó la explosión de júbilo. Los vecinos asomados a los balcones alfombrados con las húmedas persianas de mimbre, no cesaron de arrojar pétalos a la Virgen, entre gallardetes y portadas florales, mientras se oían los ecos de los Campanilleros de Farfán en los instrumentos de la Oliva.

ROSARIO, OMEGA DE LA HERMANDAD MACARENA

En el Arco, junto al busto de Don Juan Manuel, el Rosario es el omega de la hermandad macarena. Cuando llega Octubre y pasa la feria de la torre de los Perdigones, la corporación de San Gil se despoja de su hábito penitencial y se enfunda el traje de las tardes gloriosas.

Pero como la Macarena solo hay una y solo es una la hermandad que le da culto, cuando sale el Rosario, es inevitable oler a Macarena por todos los rincones. Se oyen los armaos por la Resolana aunque no les veamos las plumas. Se ven los ciriales del “ya está aquí” cuando aparecen por Relator para doblar la calle Parras. Se aferran los fieles a la reja del atrio y el barrio se echa a la calle con su Macarena, con su hermandad y su Virgen pequeña sin olvidar la presencia lejana del Señor de la Sentencia y de la misma Esperanza. ¿Quien no ha querido ver alguna vez en el Rosario, la sonrisa de la Esperanza?, ¿quien no ha soñado en la bulla de Escoberos la presencia del paso de palio y los capirotes verdes?, ¿quién no ha visto este mes de octubre una levantá al cielo bajo el Arco de las que crujen los palios como si fueran a romperse?, ¿quien no se ha apresurado por la calle Amargura oyendo de fondo el rufe del tambor del Carmen en busca de la misma Macarena, aunque estuviera vestida de Gloria?

Pues a Macarena respiramos todos desde Montesión, la calle Feria, la trasera del Mercado, hasta la misma entrada en la basílica. Aglutinamos en la cara del Rosario todas las marchas que un día salieron de la fe y el alma pellizcada por la Esperanza de los Morales, Braña, Marquina, Gámez o Velázquez. Y entre marcha y marcha macarena algún guiño inesperado como la Saeta Sevillana que el propio Gámez dedicara al Cachorro aunque los Santiago no mantuvieran el paso arriba.

Yo no quise verla entrar para no acordarme de la Macarena a las tres de la tarde. Yo la dejé en esa penúltima calle que es la de las despedidas menos tristes. No quise verla cruzar ni el Arco ni el Compás. En San Luis me quedé quieto hasta que pasó el último músico y preferí bajar la calle callado, escuchando de fondo los ecos de la marcha, reconfortándome y pensando en que todavía no se había acabado aquel delirio procesionista que se había ido desgajando de las cuentas de un Rosario. Y el Niño seguía dormido. Como todos los que allí la dejamos. Soñando la llegada de una próxima Madrugada por la calle Feria entre armaos y mariquillas. Soñando como el Niño en los brazos de la madre de Dios. En definitiva, soñando en macareno.

ROSARIO DE SANTA CATALINA DESDE EL EXILIO DE SAN ROMÁN

Mi barrio ha sido epicentro procesional de este otoño caducifolio. En el puente de todos los santos he visto al Rosario de Santa Catalina salir desde el bellísimo templo de San Román en un paso aún por concluir. La he visto llegar al coqueto Convento de la calle Socorro con la marcha “Macarena” de Cebrián, circundar el bello templo de San Marcos, cruzar las Dueñas y más tarde, verla llegar a las monjas de Santa Ángela tras dejar el Convento del Espíritu Santo en uno de los momentos más íntimos que me llevo en el zurrón de los recuerdos. Dos marchas de Abel Moreno, “Virgen de los Estudiantes” y “La Madrugá”, interpretadas por la Municipal de Coria y posteriormente culminadas por los íntimos cánticos de las religiosas, pusieron el colofón a una jornada tan atractiva como sugerente.


Publicado por tontodecapirote84 @ 23:24  | Sevilla
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