jueves, 02 de febrero de 2012

Se acaba el periplo de Rafael “Pipo” Recio Romero al frente de la Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Málaga. Se marcha diseñando un escenario de salida sosegado, lo más reposado posible, cuidándose de situar el triángulo de emergencia lo suficientemente alejado del vehículo como para que no se produzcan postreros alcances que pudieran perturbar el desenlace de un apacible mandato. Lo deja entregando un caramelo demasiado apetecible y del que siempre se ha subyacido un interés de crecimiento y posicionamiento personal indudable.

Pipo finaliza su trayectoria como presidente tal y como la comenzó hace nueve años. Con la laxitud acostumbrada. Con el betún de la corrección y la serenidad gestora como brea utilizada para salvaguardar la apariencia del cuero institucional. Y parece que nos ha convencido.

Aún estos días sigo buscando algún artículo o análisis crítico de lo acontecido durante estos años. Me empiezo a dar por vencido. Apenas alguna referencia cómplice a unos años que se han caracterizado amén de por las luces conocidas y reiteradas últimamente, por las latentes sombras que muchos parecen estar olvidando. ¿Pretendida opacidad periodística?

 Recio abandona la poltrona agrupacionista con la inexplicable connivencia de los medios de esta ciudad que parecen haber perdido toda capacidad de profundizar sobre los temas candentes cuando se trata de hablar en clave cofrade. Una grave incapacidad de cambiar a través de columnas y suplementos un demasiado benévolo horizonte perceptivo.

Quizás todo ello se deba, entre otras cosas, al elegiaco muestrario de personajes que están aterrizando inexplicablemente en los grandes medios de comunicación sin más mérito que el de saberse situar en el lugar e instantes adecuados, sin más habilidad que el manejo en las relaciones sociales, el talento en el uso de la hipocresía bajo la creencia de hallarse uncidos de un cómico complejo de mocito feliz irrogado de las capacidades de Don Enrique Van Dulken, sin más título que el de la licenciatura en figureo y “jejeismo” con la inédita complacencia de los periodistas de siempre, directores y gerentes que vienen pretendiendo cubrir unos flancos a toda costa aun a riesgo de perder pavorosamente la calidad informativa. Cualquiera puede opinar, estaría bueno. Como lo hace el que suscribe. Pero la prensa siempre debió quedar muy por encima de esta suerte de jaranero “blogcindario” al que pertenezco, cuando siempre parecieron quedar muy claros los límites entre el artículo y el corrillo, entre el micrófono y la tertulia aficionada. Y es que últimamente sólo le he encontrado virutilla al lápiz en sede de páginas webs más o menos particulares.

Tal vez así se entienda como en los últimos meses se hayan sucedido noticias (por ejemplo, el golpe de Estado en el Rocío o la brusca relación cofradías-Obispado) sobre las que muy poco se ha dicho y de manera muy poco contundente. Pero otro día hablaremos de estos temas.

Por eso se va Pipo entre laureles cofradieros. Con la palmadita en la espalda de amigos que dicen ser periodistas, y el trato de una prensa complaciente, pretendidamente olvidadiza que ha pasado de puntillas por cualquier tema espinoso que se haya terciado.

Entre las muchas cosas que nadie recuerda es que la Agrupación sigue adoleciendo de un grave problema institucional que requiere urgentemente una profesionalización (o al menos independencia) de su clase directiva. Una desvinculación orgánica con el plenario de hermanos mayores.

Del mismo modo que ningún medio especializado parece querer acordarse estos días de las graves deficiencias que se siguen arrastrando desde hace años en materia de organización de la Semana Santa como pueden ser los tan traídos ajustes horarios donde la Agrupación no ha querido intervenir y ha dejado que las cofradías se tiren de los pelos, así como el eterno debate sobre la ampliación del recorrido oficial o la indolencia en el tema de la apertura de la segunda puerta de la Catedral.

Lo que chistosamente califica Griñán como “neutralidad activa” en su posicionamiento ante los candidatos que van a concurrir inminentemente en el Congreso del PSOE, y que tan bien han asumido nuestros informadores, no les ha llevado a evocar aquel glorioso día donde se conoció públicamente el que los hierros de la Tribuna habían sido robados de un almacén y nadie tuvo a bien asumir responsabilidades, o para a aprovechar la ocasión de analizar concienzudamente las relaciones con un Obispado que a pesar de ser intencionadamente discretas, nunca dieron frutos para tratar de instrumentar mediante normas diocesanas, entre otros aspectos, el tema de las salidas extraordinarias y los macrotraslados de Cuaresma. Nunca creí en intervenciones providenciales.

Igual que no ha debido de ser de buen gusto incluir en los análisis periodísticos el despropósito en que se ha convertido el Vía Crucis de Cuaresma o la aventura paródica en que se trocó la apertura del Museo de la Semana Santa, a todas luces mal planteado, y que ahora se le abona al Presidente en el palmarés de sus logros.

A pesar de todo, creo que Rafael Recio ha sido un correcto presidente, lo que no obsta para que de ese convencimiento global no puedan extraerse lagunas dignas de ser referidas. Lo que no excusa para que desde la certidumbre informativa deban ponerse de relieve algunos aspectos de su mandato.

Recio no se aventuró a misiones epopéyicas. Ni a ambicionar el control sobre el destino de la civilización cofradiera local. No se hizo fotografiar en las Azores con el comandante episcopal, ni se avaló ante la demanda social militarizando el desarrollo de la Semana Santa ante un más que necesario y urgente adelanto de horarios quizás porque cuando se fue a decidir a dar un paso adelante siempre hubo quien desde dentro tiró de las bridas a tiempo. Puso en realidad la guinda en forma de Museo a un pastel cocinado por Paco Toledo y en cuya capa de chocolate se rotulaba en crema: Recuperación del Hospital San Julián. Se centró en perpetuar la estabilidad de la institución evitando el cuerpo a cuerpo, afinando la presencia ¿equivocada? de la Agrupación en ferias turísticas, mejoró las relaciones con las administraciones públicas y se ha dejado en el debe la cuestión de la atención cultual al Resucitado y la Reina de los Cielos.

Recio ya ha comenzado a ser historia en una casi centenaria institución. Pero aún le queda una Semana Santa por delante y un debate sobre el Estado de la Nación del que a buen seguro saldrá victorioso a los puntos a modo de vaguedades y saludables conclusiones. Después de eso clareará un firmamento que se acercará irremisiblemente al de los pozos negros de la política. Y la prensa local, mientras tanto, tiznada de nuevos mesías salvadores de la ciudad, parafernalia cultureta y panfletaria, se avendrá a seguir actuando como Griñán: “neutralidad activa”.

Foto: DiarioSur

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Publicado por tontodecapirote84 @ 21:09  | Málaga
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Publicado por Invitado
lunes, 19 de marzo de 2012 | 16:56

Creo que no hapasado por la agrupacion de cofradias nadie que trabajara mas por la institucion que PIPO, y que el comentario que hay no es del todo correcto se denota alguna enviadia , por la persona que escribe .