domingo, 10 de abril de 2011

Con las notas de "La Esperanza de Triana" de Farfán, curiosa paradoja, a tenor de los encrespados debates generados últimamente a cuenta de las identitarias señas cofrades (o cofradieras) locales, se ha despedido un emocionado José Antonio Domínguez de las tablas del Cervantes, dejando todo a punto para que sean otros a partir de ahora los protagonistas de la función. Cuaresmeros, nazarenos, portadores, vendedores de globos, barquillos, mantillas y músicos han tomado ya el testigo de las horas y de los tiempos. En los pausados andares de esta mañana del traslado de la Cena, hemos tenido la sensación de que todo lo que empieza, irremisiblemente acaba, por mucho que nos erijamos en acreedores de la parsimonia y el lento regocijo procesional. Nazarenos que han empezado a colmatar barrios, como los de esta tarde en Miraflores calzando deportivas asidos a un cirio de marginal periferia. Ellos son los que han empezado a contarnos una historia que ya nos sabemos de memoria, aunque en su inocente desconocimiento, quizás no lo hayan pretendido. 

Fue ayer, otra vez, en San Agustín, cuando Estudiantes volvía a pintarnos sobre el lienzo de la vida las primeras pinceladas de una nueva Semana Santa. Han cogido el testigo que antaño tomaba la Esperanza por aquellas callejuelas del Perchel y que poco después entregaría a la Expiración el Viernes de los Dolores. Se ha convertido esta hermandad en una nueva punta de lanza de la Málaga cofrade, adquiriendo un protagonismo indiscutible desde ese singular prisma que a unos podrá gustar y a otros, puristas ellos, podrá escamar. En cualquier caso, el sentido del colectivo, el orden social, el compromiso común, y el afán por situar a la Corporación en los puestos de salida de su peculiar concepción de la Semana Santa, se han convertido en elementos de su irrefutable identidad. Estudiantes es ya el primer referente testimonial de la Semana Santa que se acerca, lo que ha servido para recordarnos que han vuelto a las calles esas caras que dejamos de ver el pasado Domingo de Resurrección y que han vuelto puntuales ellos a las primeras filas de las aceras y a las bullas delante de las campanas.

Mañana será otro día. Domingo de Pasión. Desde primeras horas bullirán las calles de desmesurada osadía procesional. Las cofradías volverán a pergeñar desafíos callejeros, rubricar pseudoprocesiones más o menos acertadas, confundiendo al pueblo llano y enseñando bien poco a aquéllos que en su pretendida comprensión volverán a preguntarnos el porqué de esta manifestación con tan poco sentido. Y seguiremos sin saber como explicarles mas allá de las razones puramente logísticas. Aunque con algunos ejemplos probablemente ni esas nos sirvan. Al final acabaremos por tratar de excusar, como podamos, tal desenfreno.

Mañana será el día en que las letras de José Antonio caigan definitivamente en el olvido y desaparezcan de la memoria de pez del cuaresmero malagueño. Será entonces cuando el cofrade fusionado vuelva a ser el actor latino que deberá emprender de nuevo ese duro camino hasta el "calvario" del Hotel Larios para no sucumbir al imperio de las moscas cojoneras.

Y para qué negarlo, mañana nuevamente estaremos junto a los ávidos de tambores y cornetas, vacíos de espíritu penitencial, para volver a tratar de entender un fenómeno que ya no encaja en matrices cofradieras. Mas bien sociológicas. Antropológicas. O yo que sé.

Pero a pequeños sorbos, no vaya a ser que nos atragantemos.


Publicado por tontodecapirote84 @ 0:59  | Málaga
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Publicado por columnero
lunes, 11 de abril de 2011 | 0:55

Bonito e irónico.  Cierto y certero.  Sin embargo echaríamos de menos los traslados... eso sí, intentaría que fueran más lógicos en el espacio, osea, que sean más cortos.