viernes, 18 de marzo de 2011

 

De nuevo ha llegado la Cuaresma a la ciudad y, con ella, el acto central del morado capítulo organizado por la Agrupación de Cofradías, el Vía Crucis de las Hermandades. Pero no fue el comienzo del más dulce periodo de espera, el más deseado por los cofrades. Quedó empañado por una lluvia que, lejos de ser de esas intermitentes, efímeras, tan de las primaveras abrileñas, fue de las que venían provocadas por una borrasca invernal de órdago, de las que invitan al brasero de la mesa camilla y a la lectura de un libro de Ágatha Christie.

Este año le tocó al Prendimiento presidir tan solemne acto celebrado nuevamente en el interior de la Santa Iglesia Catedral y aunque las predicciones aconsejaban quedarse a resguardo y no partir hacia el primer templo, la comitiva salió a comerse el mundo. Prendimiento puro. Por si fuera poco lo volverá a hacer en Madrid con motivo del Vía Crucis de la JMJ que presidirá el Papa el próximo mes de Agosto. Pero para entonces la lluvia no será, seguramente, un elemento decisorio a tener en cuenta.

Precisamente, fue en el transcurrir por las naves catedralicias dónde quizás se vivieron los momentos más intensos y bellos de todo el desarrollar de la salida procesional del Señor de Capuchinos. Y eso es una buena noticia. Porque allí y no en otro sitio estaba el verdadero sentido de la celebración.

En efecto, la entrada inédita del Señor de García Palomo por la puerta de las Cadenas de la Catedral, en unas bellas andas realizadas a imagen y semejanza del trono de orfebrería que alberga al Misterio cada Domingo de Ramos, y que diseñara magistralmente don Juan Casielles, provocó que se hiciera el silencio bajo las bóvedas y tan sólo se escuchara el rigor del tañer de la campana, y nos imbuyéramos de un espíritu de peregrinación espiritual a la Tierra Santa, a los instantes más señalados de la Pasión y Muerte redentora de Jesucristo rememorados en las lecturas.

Lo cierto y verdad es que en cada parada del trono, cuando el fotógrafo captaba la estampa del Señor ante la Virgen de los Reyes, o difuminado con el cuadro de la Decapitación de San Pablo por el incienso súbitamente arrojado por los acólitos, parecimos llegar al origen de todo, al sentido espiritual del acto, alcanzando en mayor medida, la comprensión del amor de Jesuscristo, moviéndonos a la conversión. Atentos a la lectura de las Estaciones, observábamos detenidamente el rostro aún ligeramente lastrucciano del Señor, fraguada su estampa en la quietud de los muros, agonizante en su condición humana, comenzando a asumir el destino marcado por el Padre, y así, lo intuimos de otra manera, alejado del bullicio y las voces de los capataces en la calle Carrión, al tiempo que dábamos cuenta de una auténtica lección de catequesis plástica impartida por la letanía del leve roce de los pies de los portadores por el frío marmóreo de la Catedral.  En todo este contexto, también estaba Judas, realizando el ademán de besar al Señor, como cualquier Domingo de Ramos, quizás en un intento forzado de facilitar la comprensión de un pasaje evangélico, que es paradójicamente el inmediatamente anterior al de la advocación del Cristo. Cosas de Málaga.

Una vez finalizado el acto central, el traslado de vuelta se vio truncado por una lluvia que, a tenor de las predicciones, demasiado respetó el impetuoso hacer de los cofrades. Apareció a partir de la Plaza Spínola en forma de leve chispeo y se fue acrecentando hasta provocar un sprint final del cortejo desde la calle Comedias hasta la Iglesia de San Julián, sin que las Imágenes fueran protegidas en ningún momento con algún plástico, suscitando la extrañeza de los presentes. Por ello, la Agrupación Musical San Lorenzo Mártir, que acompañó los pasos del Misterio, apenas pudo lucir en sus interpretaciones, aunque antes del aguacero dejó algún detalle de interés, como la marcha “Reo deMuerte” de Nicolás Barbero, lográndose con el trono un acompasamiento ideal, lo que da buena cuenta del cada vez más perfeccionado andar de los Misterios malagueños con este tipo de acompañamientos musicales, aunque, como suele ser habitual por estos lares, cuando se alcanzan éxitos loables, se vuelve a poner de manifiesto que entre lo grotesco y lo elegante hay una delgada línea que con asiduidad se suele cruzar, y que en materia de andar de los tronos parece haberse abordado en forma de izquierdos y carrerillas absolutamente aberrantes.

Pero por lo demás, como cada año, el primer Viernes de Cuaresma volvió a dejarnos un regusto agridulce pues muchos no terminamos de ver el Vía Crucis completamente rematado. Y en su esbozo general no han incidido, ni el propio ente agrupacional, que desde un principio no ha definido realmente qué quiere, cómo lo quiere, desde dónde lo quiere, y cómo elige al que participa, ni por parte de las propias cofradías que participan en él, que sin recibir una instrucción previa, gozan de demasiada discrecionalidad a la hora de encararlo, generando la sensanción de que en demasiadas ocasiones, el tumulto, las cornetas, el afán cuaresmero procesionista, restan el merecido protagonismo a la meditación y a la reflexión a que nos debemos en este culto, del que se debe predicar, por tanto, el revestimiento de una solemnidad coherente con una Cuaresma que nos demanda penitencia y preparación del misterio pascual.

Por eso, quizás de no haber sido así, de haberse diseñado con un criterio coherente, hubiéramos disfrutado al Señor del Prendimiento de otra guisa. Regresando a Capuchinos con el acompañamiento de los cirios, los acólitos, porqué no de una capilla musical, y sobre todo, el de los feligreses del barrio, a los que, por una incomprensible decisión, se privó de disfrutar de otra manera al Vecino más querido, al más venerado. Se trataba de ver al Cristo, alejado de grandes manifestaciones, al más cercano, al que nos invitó en la Catedral a comprender el significado de la Cruz y a tomarla reflexionando hacia la Gloria de la Resurrección. No olviden que la Cuaresma es y ha sido siempre eso y no un capricho de neo-místicos.


Publicado por tontodecapirote84 @ 1:15  | Málaga
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Publicado por columnero
domingo, 27 de marzo de 2011 | 20:09

Desde luego que, en verdad, hubiera sido lo ideal.  El Señor de Capuchinos de vuelta.  Por la oscuridad de la Carrera.  Con sus velas.  Con el sonido de los pies rozando el asfalto.