UNO. La Semana Santa deja según qué ciudad un regusto distinto. En Málaga, la satisfacción del pleno de cofradías por el buen tiempo pero con el amargo sabor todavía en la boca por el accidente del palio de la Virgen de Gracia de la hermandad del Rescate que no pudo completar su estación de penitencia y que hizo volver a toda la cofradía antes de tiempo. ¿Fatalismo?, ¿imprevisión?, probablemente nunca lo sabremos...
En Jerez y Sevilla, la nota disonante la puso la climatología de la jornada del Lunes Santo que impidió que se completaran con éxito los desfiles procesionales de ambas ciudades. Por lo demás, en la capital hispalense debutó la hermandad del Sol en la del Sábado Santo redondeando la nómina en 60 cofradías e incorporando una puesta en escena con mucho de alegórico y visajes añejos pero aún alejada de la categoría que debe exigirse a una corporación nazarena que llega a la Catedral.
DOS. Apenas un mes después de que la Resurrección recogiera los trastos de una nueva Semana Santa, la sevillana hermandad de la Lanzada sacó a la calle el 15 de mayo a la Virgen del Buen Fin en su gótico paso de palio para conmemorar el bicentenario de su hechura, debida a la gubia de Juan de Astorga. La extraordinaria fue digna, decorosa y salpicada de algunos momentos de especial interés, a saber: el paso por los jardincillos de Santa Clara, la estrechez de la calle San Luis, la revirá a Relator o el momento en que por esa misma calle sonó la marcha “La Sagrada Lanzada” de Font, llenando de sublimidad musical el que hasta el momento había sido un repertorio más bien ramplón. El paso anduvo serio aunque a ratos se descomponía. La banda de Pilas, esforzada pero cumplida. Lo mejor sin duda, el perfil de la Virgen, obra maestra de la imaginería decimonónica sevillana.
TRES. La Divina Pastora de las Almas cumplió un año más con la cita que la une a la ciudad de Málaga y a su barrio de Capuchinos. Cada primer sábado de Mayo se perfila como una procesión recuperada para el deleite colectivo aunque su evolución sea lenta y a pequeños pasos. Como suele ocurrir en estos casos, conviene quedarse principalmente con los efluvios devocionales y artísticos que se desprenden de la Virgen de Montes de Oca y dejar en un segundo plano los componentes capillitas. Al final es lo que cuenta. Si bien conviene hacer mención a la música y al exorno floral, ambos extremos resultaron brillantes, como acostumbra a cuidar la Congregación en los últimos años.
CUATRO. En Pentecostés es cuando sale la Virgen del Rocío como imagen de María, Madre de Dios en su cariz glorioso. Este año procesionó en el trono de traslado de Santa María de la Victoria, patrona de la ciudad, acompañado por la banda de música de Santa Cecilia de Sorbas. Lo mejor sin duda fue ese acompañamiento magistral y el recorrido por el que transitó la Virgen, especialmente a partir del Santuario de la Victoria, por la estrecha calle Hernando de Zafra y posteriormente por la engalanada zona de las Lagunillas. En el debe quedó la poca prestancia del cortejo, exiguo de personas con cirios además de cortito en compostura y en decoro por las indumentarias. Tratándose de una hermandad como es ésta tan populosa, con alta capacidad de convocatoria, puede y debe cuidar más éstos detalles. El público malagueño tampoco acompañó demasiado y volvió a llevar el debate a los corrillos cofrades sobre la implicación del barrio con la Virgen del Rocío más allá del Martes Santo.
CINCO. El Corpus vivió su edición vespertina con un relativo éxito. Enterrada en el baúl de los tiempos la vorágine ornamental tan propia de estas fiestas barrocas, que es la que aún se mantiene en Granada, Toledo o Yunquera, lo que hoy nos queda para el análisis no es más que la propia procesión litúrgica (la más importante de cuantas se realizan a lo largo del año), el apoyo cofrade (con los altares principalmente y la participación corporativa) y el del propio pueblo. Partiendo de esta premisa, la procesión estuvo bien en líneas generales. Fue cálida y amena. El público fue ligeramente más numeroso, especialmente en los primeros tramos del recorrido y se contagió del ambiente festivo y de fervor hacia el Señor, sumándose a los cánticos que se entonaban desde el cuerpo del cortejo. Eso fue sin duda lo mejor, el intenso recogimiento y la palpable demostración de fe del pueblo que se arremolinó en torno a la carroza del Santísimo. Lo demás, incluidos los cartelitos de los Arciprestazgos de los que algún periodista ha referido en su diario, no tiene la menor importancia. O mejor dicho la tiene relativamente. Lo trascendente era la presencia de una variada muchedumbre: jóvenes, mayores y niños unidos por un empeño común tras esos distintivos. Por poner algún pero, efectivamente, no se entiende que la banda municipal no vaya tras el Santísimo ni tampoco el que por ser excesivamente quisquillosos con la liturgia no se salga por la puerta de las Cadenas lo que evitaría el feo e innecesario traslado de la carroza hasta la puerta de la Encarnación. Tampoco el descuelgue por Molina Lario es justificable. Pero todo queda en el debe capillita de una procesión que, en conjunto, ha dado un paso adelante y se ha situado en una ilusionante dirección a años luz, ni que decir tiene, de las ignominiosas dos décadas pasadas.
SEIS. Entre líneas de todos estos fastos, la hermandad de la Cena se merece una sonora ovación. Su apuesta por engrandecer su faceta sacramental (casi tan importante como la penitencial) ha sido una de las mejores noticias de este Corpus de 2010. Los últimos años ya habían venido siendo un aperitivo y éste ha sido el de su consagración. El año de la asunción definitiva de una responsabilidad, que aunque no figure (incomprensiblemente) en su título canónico, no estaba ya sujeta a más demoras. Algunos pensarán que realmente se trata de un síndrome de procesionitis aguda. Nada más lejos de la realidad. Esta es la salida extraordinaria de una imagen de Semana Santa que más sentido tiene de todas. No sé si me explico.
SIETE. Otra extraordinaria. La Estrella recorrió Triana en su paso de palio por el 450 aniversario de la corporación. Todo volvió a ser el cielo mismo de las efemérides procesionales. Nada que se le parezca a quinientos kilómetros a la redonda. La Estrella concitó a propios y a extraños y de su transcurrir por las antiguas calles del arrabal quedó la sensación de que la piedad popular que arrastran algunos iconos no puede compararse con nada. Es cierto que muchos éramos foráneos, desplazados hasta Sevilla atraídos por la meca del procesionismo andaluz, pero a eso de las 3 de la mañana nos quedamos los justos para acompañar hasta casi las 6 a una Virgen a la que en ningún momento le faltaron miradas ni plegarias. Quizás hubo demasiada lentitud y horas que nos sobraron a todos, especialmente a los que con más paciencia que el Santo Job tuvieron que aguantar estoicamente en el cortejo. A veces debiéramos preguntarnos: ¿hasta dónde debemos sacrificar lo humano para ensalzar lo divino?, ¿son estas las procesiones de disciplinantes del siglo XXI?
OCHO. Los Santos Patronos, Ciriaco y Paula han comenzado a epilogar este primer ciclo de Glorias en la ciudad antes de que las hermandades del Carmen en las próximas semanas echen temporalmente la persiana y anuncien el cerrado por vacaciones. Asumido por todos que la festividad sigue en el mayor de los ostracismos a nivel institucional, hemos de congratularnos por lo mucho que está haciendo la Congregación por dar culto digno a aquéllos vecinos que derramaron su sangre por defender los valores y la fe cristiana. La procesión transitó con la puesta en escena habitual de los últimos años en la que las andas (antiguas de traslado de la Expiración) se mecieron al compás de las marchas interpretadas por la excelente Agrupación Musical del Cautivo de Estepona, con una sucesión de cambios y pasos perfectamente orquestados desde el interior de la mesa, algunos de los cuales fueron asumidos con naturalidad por los portadores de fuera y otros que volvieron a provocar un efecto visual extraño y desconcertante. Aún así, fue primorosa la curva que dejó al trono embocado en calle Larios mientras sonaba la marcha “Reo de Muerte”. Se echó en falta y merecen un tironazo de orejas por esta circunstancia, la presencia de muchas cofradías en el cortejo y también, porque no decirlo un recorrido más estético, aprovechando una parte del tortuoso callejero de la ciudad (Pozos Dulces, por ejemplo).
NUEVE. Do. “Hosanna in Excelsis” o “Madrugá Macarena” son algunos de los felices descubrimientos musicales de esta Semana Santa 2010. Re. La jerezana banda de la Caridad ha dado un giro musical de 360 º y abordará a partir de ahora el estilo netamente trianero de la banda de las Tres Caídas, dejando atrás un glorioso pasado musical orientado por el sello de las Cigarreras. Decisiones así no se comprenden demasiado. Es como si el PP se volviera de izquierdas y el PSOE de derechas. Mi. Vertiginoso cambio el del palio de la Soledad de Jerez en cuanto al repertorio del pasado Viernes Santo. El regreso desde la Tornería, en lo tocante a lo musical, exquisito y apropiadísimo. Enhorabuena. Fa. Por lo demás, igualmente elegante resultó la cruceta musical de las Lágrimas y señoriales fueron los repertorios de la Estrella, la O, Socorro y el Perpetuo Socorro. Muy mejorados, el del Mayor Dolor, la Esperanza de la Yedra o Desamparo. Por el contrario, muy vulgares y hasta en algún caso, chabacano, los repertorios de la Confortación, la Concepción, el Desconsuelo, la Misericordia o la Paz en su Mayor Aflicción.