martes, 15 de junio de 2010

13.06.2010

TRIANA REDESCUBRE LA ESTRELLA DE SU HORIZONTE.

Ayer, a eso de las 8 de la tarde, el histórico arrabal de Triana comenzó a redescubrir a esa Estrella que durante todo el año perfila el horizonte de los alcores y se alza sobre los pilares del puente como un poderoso crisol que deja pasar a través de sí una luz nimbada, deslumbrante, reflejando en ese río de miel, sedoso y calmo los destellos de su grandeza. 450 años lleva ahí, eso ya lo sabíamos, pero hay citas, como ésta o la del 99, que cuando surgen cada cierto tiempo, sirven como un vital revulsivo para fortalecer la firmeza de la fe y el amor de los vecinos en Dios, en el Hijo y por supuesto en María, Madre de Dios, en cuyo rostro, anoche, pudieron encontrar el gozo pleno, una extraña paz interior interiorizada con un suspiro y la reconfortada visión de que allí, bajo aquél palio, había algo más que un anacarado rostro de madera salida de un mortal genio artístico. 

Ayer les abrieron los ojos. Y fueron más de la Estrella que nunca pero no porque así se lo dejasen dicho sus padres y abuelos. Que también. El fervor del barrio jamás ha mostrado síntomas de debilidad y por eso la salida extraordinaria no fue un pretexto para recuperarlo, sino para buscarle el sentido, su porqué. Y que duda cabe que lo tuvo. Anoche rompieron con la inercia a que se ven abocados por la cotidianeidad de los ritos y la exigencia de salvaguarda de un legado. Supieron el significado de rezarle a diario o el de depositar un clavel a sus plantas. Por eso, dejaron para el Domingo de Ramos el anual homenaje a la humanidad de la Virgen Dolorosa martirizada por el sufrimiento de su Hijo. Ayer fue el de su divinidad.

LA PIEDAD POPULAR POR ENCIMA DE TODO.

En términos cofradieros, la de ayer fue una salida extraordinaria salpicada de destellos, excesivamente lenta (especialmente hasta la calle Pureza), probablemente mejorable en algunos aspectos, por ejemplo, en la forma de andar del palio, a veces, un tanto abrupta o en la prodigalidad de marchas propias (no todas de calidad), pero por lo demás quedó en el ambiente esa similar sensación que nos embargó hace poco más de un año cuando era la Esperanza de Triana la que monopolizaba las esferas de la piedad popular. Lo trascendente cuando sale a la calle alguno de estos uncidos iconos es palpar la incontestable perpetuidad de una secular manifestación de devociones encontradas, una ristra de itinerarios de fe popular recorridos por miles de personas absortas por los centenarios poderes del encantamiento, atraídos por el monorrítmico movimiento de caderas de un paso de palio y sugestionados al dulce quebranto de una talla a la que identificamos como Madre y cuyo Dolor consideramos como propio.

Por mi parte, a mi regreso a casa, quedó en el subconsciente el poso de algunos instantes sobrecogedores, como el de la Virgen brillando cual astro rey encajada en la oscura travesía de la calle Pureza o al regreso entre naranjos por la calle dedicada a los que fundaron la hermandad, los alfareros, mientras sonaba “Esperanza Macarena” o “Alma de la Trinidad”. Al final, como siempre, el pueblo siente y reflexiona con los ojos. Por eso tan sólo bastó esa maravilla armónica que es el paso de palio de la Estrella con sus nuevos varales y sus recuperadas flores de cera para que todos los sentidos alcanzaran el éxtasis. Un jubiloso sentimiento desbordado en la salve cantada cuando la Virgen se apostaba en la esquina de la Parroquia de San Jacinto al compás de Encarnación Coronada o cuando entró en la capilla de los Marineros y los dos afluentes de la fe trianera fueron a desembocar a un mismo río de delirante adoración.

La procesión, como era de prever, no entró a la hora prevista. La hermandad se fue a rayar la amanecida para acabar certificando la recogida a eso de las seis de la mañana tras cruzar una alfombra que, con más cariño que distinción, había colocado la Estrella de Coria en homenaje a su homónima trianera. Tampoco eso importaba mucho. Todo fuera por las más de diez horas de deleite espiritual y de intensos perfumes cofradieros que nos hicieron olvidar fatigadas esperas, claustrofóbicas bullas y temores climatológicos. La Estrella volvió a brillar en el horizonte y a eclipsar todo lo demás.


Publicado por tontodecapirote84 @ 0:49  | Sevilla
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