jueves, 25 de marzo de 2010

La Macarena ya está en su paso. Estos días se habrán entronizado muchas Dolorosas en sus relicarios de argénteos repujados. Se habrá fundido cera delante de muchas manos delicadas. Se habrán apostado muchos fieles al pie de sus rostros afligidos. Se habrán sentado las señoras de la hermandad tras las mesas petitorias y habrán llegado miles de devotos cercanos, vecinos y curiosos. Se habrá hablado de tal o cual cofradía en las puertas de los templos. Se habrá comentado la perfección de la Amargura, la nueva Capilla de los Marineros, el patrimonio de la Exaltación, el cambio de la Carrera Oficial, el Sol y las que queden por venir, el esmerado montaje del besamanos de turno o la imperfección del bouquet de flores. Todo hasta que el Martes de Pasión, Sevilla ha terminado por cortar por lo sano.

Es verdad que cuando la Macarena sube al paso, la ciudad echa el cerrojo a las vanidades, las arrogancias y los demás pecados humanos. Sevilla que es sabia, ha ignorado durante estos días toda sucesión de ripios y retahilas cuaresmales. La ha esperado paciente. Nos ha dejado secundar entretenidas tertulias, debates absurdos, pregones y presentaciones de carteles.

Pero ya ha llegado el momento de cuadrarnos ante ella, y asumir su infinita superioridad. La Macarena ya está en su paso y es por eso por lo que ya no quedan más que lacerantes silencios impuestos ante su presencia.  Ya no hay noticias moradas en los periódicos, no se habla de besapies, ni funciones principales, ni los cofrades muestran en escarpados debates su habitual altanería. La ciudad ya no lo permite y ha dejado la última semana para la reflexión. Ahora ha llegado el momento del imperio de la Gloria. Y es que, que más se puede decir a estas alturas, que ha subido al paso María Santísima, la misma Madre de Dios, la misma cara de Sevilla, lo demás, ya no importa nada.


Publicado por Desconocido @ 3:09  | Sevilla
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