lunes, 22 de marzo de 2010

No me agradan los pregoneros que caen en la tentación de pontificar y aconsejar con sus textos, lo que en estos tiempos que corren, puede considerarse una osadía. Me preocupa que desde el privilegio que otorga el púlpito cervantino nos quieran hacer ver una semana santa sesgada, que no es la que tenemos, sustentada en cuatro o cinco estereotipos facilones cuya pérdida parece haber provocado en las mentes inquietas de quienes no reconocen su progreso y adivinan en ella un apocalíptico conglomerado de influencias globalizadoras, el hundimiento definitivo de la grandeza procesional de la ciudad. Una cosa es poner el alma en el atril para expresar lo que se lleva dentro y otra muy distinta es perder el norte, loar una Pasión que ya no existe y olvidar que hoy es mucho mejor y que gracias a Dios, ya no se monta al Señor bajo plásticos ni a su Madre bendita. La indudable libertad de "cátedra" y de expresión de la que inviste el rito choca aquí frontalmente con lo que es y debe ser un pregón de Semana Santa en Málaga plenamente enmarcado en el siglo XXI, ciudad la nuestra, próxima a optar por la capitalidad cultural de 2016, que tampoco es para olvidarlo.

Me interesa el orador que añora siempre bellos recuerdos juveniles enmarcados en la realidad de otro tiempo, pero si de esa nostalgia se deduce la asunción de que lo que tenemos hoy es infinitamente mejor y de que hoy si estamos en condiciones de decir que somos de lo mejor de España. Porque si no es así, ¿están pregonando una Semana Santa actual o de hace una treintena de años?

Me sugestiona la defensa de la presencia militar bajo el paraguas de que forman parte de nuestra razón de ser y que garantizarla  es coadyuvar a salvaguardar nuestra propia identidad, pero me alarma que no se comprenda que los militares no son más que un aditamento de nuestros cortejos, susceptible de ser pulida en beneficio del contenido litúrgico y estético de una procesión y que la vinculación con los cuerpos debe mantenerse viva todo el año con otro tipo de actos, porque no es ya la presencia militar una condictio sinae quanom de riqueza visual de la Semana Santa. Si no es así, ¿falta en el pregón contenido y sobra continente, recreo excesivo de lo formal?

Me vale que se diga que a los niños no se les puede negar la cera porque entendemos que la Semana Santa es un todo dinámico plenamente interrelacionada con el público, pero siempre que se asuma que no hay nada más bonito que un padre le enseñe a un hijo desde pequeño a qué hermandades se les puede pedir y a cuáles no. Porque a mi me lo enseñaron los míos y jamás me la negaron las de capa y jamás se la pedí a los de cirio al cuadril y esparto. Porque si no se dice ¿es que falta en esta ciudad educación y respeto, transmisión de valores y de conocimiento de las reglas del juego, extremo que se refleja en las afirmaciones de muchos pregoneros?

Me complace el canto a los tronos grandes y ampulosos, pero no el olvido de los que salieron del primor y la filigrana proporcional bajo los que siguen estando la misma Virgen María y el mismo Cristo que murió por nosotros en la consumación de su obra redentora y son los que no han querido renunciar a seguir saliendo de la Casa del mismo Dios que está custodiado en el Sagrario. Pasión saliendo de los Mártires y la Salud de San Pablo es la misma Semana Santa que olvidan los pregoneros. ¿Puede ignorar un pregonero los últimos veinte años de Semana Santa y del esencial aporte de las cofradías que llegaron a la nómina en las dos últimas décadas?, o lo que es peor, ¿debe un pregonero olvidar la propia presencia de las centenarias iglesias y parroquias y la labor de conservación y revitalización que en ellas llevan a cabo las hermandades en favor de instalaciones efímeras ya por fin superadas?

Me embelesa la demostración de amor sincero a la ciudad y su manifestación sin tapujos pero no quiero que a los cofrades nos representen exaltados mensajes desprovistos de razón y que rayen lo temerario. No, señores, no tenemos el mejor patrimonio artistico-religioso de España. Ojalá. Pero digan que hay que cuidar el que hay y que podemos seguir mejorándolo e incrementándolo me parecería un ejercicio de responsabilidad. ¿Se sigue resignando la ciudad a una presunta inferioridad y en actitud de despecho, no dejan sus hijos de elevar necedades e inquietantes perogrulladas? ¿es necesario proclamar año sí y al otro también que los tronos en Málaga se llevan a hombro, pesquisa que por natural y asumida desde antiguo no necesita ya del más mínimo alarde?

Siento el mismo apego que los pregoneros a lo que es nuestro y de nadie más, pero no comparto falacias del tipo de que no se necesita traer nada a la ciudad pues sencillamente no tendríamos Semana Santa si aquí nada se hubiera traído. Y para felicidad de todos, estamos exportando genialidades artísticas obradas en los talleres autóctonos, admiradas en Sevilla o Granada. ¿Tan alto es el grado de desconocimiento sobre la historia y el patrimonio propio, tanto el que llegó hasta el infortunio de los años 30, como el posterior y el que está gestándose últimamente?

Respeto profundamente los sentimientos personales de los que salen a elevar la voz por la ciudad y sus tradiciones puesto que de aquéllos no deben olvidarse nunca, porque de lo contrario las personas se traicionan a sí mismas. Pero no puede ignorarse que se quiera o no, la Semana Santa de Málaga a 2010 es la que es, y es esa la que pregonamos, y en ella estamos todos, los que hacemos pulsos, los que no, los que llevamos el cirio al cuadril y los que no, los que llevamos militares y los que no, los que dejamos los toldos en las fotos de los archivos, los que acudimos a tal o cual orfebre foráneo porque entendemos que nuestra Virgen debe tener la mejor candelería posible y los que salimos de nuestro Templo porque entendemos que somos Iglesia antes que nada y desde las sedes donde radicamos queremos seguir saliendo, dejando las otras que son sociales para repartir las papeletas de sitio y fraguar acciones de caridad y convivencia. Todos debemos sentirnos incluidos en el Pregón y de no estar presentes al menos que se justifique nuestro olvido intencionado con argumentos válidos y creencias u opiniones personales asentadas en realidades palmarias, no extintas o simplemente desaforadas.

No he asistido al Pregón del señor Castillo, ni tampoco a los recientes precedentes. Pero los he leído casi todos. Y no hay nada peor que un cofrade malagueño siga sin sentirse identificado con el Pregón de su Semana Santa, su pregón en definitiva. Ni de éste, ni muchos de los anteriores. Y quiero a Málaga con toda mi alma, que eso nadie lo dude. Entonces algo falla.


Publicado por Desconocido @ 17:54  | Málaga
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
viernes, 26 de marzo de 2010 | 19:00
Totalmente de acuerdo con tontodecapirote84, ya está bien de atrincherarnos en el pasado, del que no podemos sentirnos precisamente orgullosos, despreciando todo lo que de innovador, o no tanto, se ha aportado a la Semana Santa Malagueña en estos años.