La vida está llena de excepciones. A la regla siempre la contraría una
excepción, maximalismo asumido por la propia ciencia, que es la que se
ha encargado de extender la teoría de que el acontencimiento de una
anormalidad no es más que la confirmación de la propia regla.
Por eso no con todas las obras inacabadas sentimos los cofrades una
sensación de desazón e impaciencia, como cualquier ciudadano.
Fue hace unos días cuando comenzamos a buscar en lo más hondo del
morado curso el valor de la hermandad con todas las letras. Y entonces
fue cuando a través de las poleas se erigió el lienzo en el que todos
comenzamos a pintar ilusiones renacidas, justo cuando apareció el sol
de la primavera que despunta.
En el cuarto Viernes de oración y atriles desvariados, el Oratorio de
la Hermandad de las Penas era un bullir de cofrades dispuestos a
cumplir puntualmente con el rito y la regla. Se despejó el cielo y
pareció abrirse un nuevo horizonte en las mentes de quienes estábamos
atontolinados con la tediosa realidad climatológica.
Si bien, muy al contrario de lo que pudieron pensar algunos, aquello no
iba a quedar concluido. Hubo que decirse con la mirada a los que saben
poco de esto, que las obras en cuaresma se cursan despacio, que como
excepción a esa regla, depositamos en ellas nuestro mayor regocijo y
que la celeridad no es vocablo de nuestro diccionario, aunque tengamos
como tenemos la posibilidad de erradicar estas labores y convertir lo
efímero en permanente.
Pero no, la comodidad no nos priva de nuestras inquietudes anuales. La
amplitud y los nuevos espacios no nos hacen olvidar nuestra primaria
condición, la de cofrades. Y los cofrades de toda la vida, que son los
que se ponen por montera cada episodio sin desmerecer ninguno, siempre
han montado sus pasos o tronos con sosegada delectación. Por eso son
tareas que dilatamos en el tiempo. Y reservamos los momentos clave para
los que saben saborearlos. La entrega de su resultado siginificará que
comienza el final de todo. Por eso la cuaresma es en sí misma una
continua obra inacabada. Y nosotros no queremos que pase.