miércoles, 10 de marzo de 2010

Se consume la cuaresma en un continuo de jornadas monótonas y lluviosas, tal y como si pasara por delante de nuestra impaciencia la misma visión que tuvo Machado tras sus famosos cristales.

Hace ya muchos años que la Cuaresma malagueña aporta pocos motivos para disfrutarla en plenitud, y los que lo hacen deben ser los que aún siguen inmersos en la pueril inquietud de coleccionar ejemplos de distinta suerte de cartelería cofradiera o programas de mano. Los que ya hace tiempo que detuvimos ese recordado alboroto, pocas cosas nos quedan que nos hagan sentir la piel de gallina ante la llegada de lo inminente.

La Cuaresma, actitudes introspectivas aparte, también debe saber mucho de estética. Y también, en particular, de simbología. A veces no hace falta demasiado derroche para que a uno le de un vuelco el corazón, bastando lo exacto para que comience la mente a volar hacia la misma mañana del Domingo de Ramos con un mínimo pero sugerente estímulo. Así me ha ocurrido al pasar por la puerta de la cerería Ojeda o al tomar un café en Puerta Oscura, lugares que estos días son verdaderos tarritos de las esencias que se destapan cuando acudes a ellos generando en el ser cofrade todo un florilegio de sensaciones. Pues eso también es Cuaresma, y de la buena.

Sin embargo, alguna efímera aventura reciente por otras ciudades de la región o el mismo paseo virtual por la cibernética prensa morada, me ha descubierto multitud de detalles que se nos escapan por la Costa del Sol.

Y ha sido lastimosamente fuera donde he podido saborear lo que es ni más ni menos la Cuaresma en su estado más puro: un edificio en construcción. Un complejo de herrajes sobre el que los cofrades vamos construyendo nuestra ilusión, nuestro fervor y la misma celebración pasionista, todo fundado en unas maneras recias de espíritu y correctas en lo formal y litúrgico. No es, lo que parece por estos lares, un tiempo por el que hay que pasar forzosamente, un mal menor de complejidad y atareadas faenas de reparto de túnicas antecedente inmediato de una posterior recompensa, pues ésta ya la tenemos cuando llegamos a la Cuaresma y nos disponemos a disfrutarla.

Así lo descubrí hace unos días callejeando alguna ciudad andaluza en busca de esa desconocida ruta de besapiés y besamanos de los Domingos con mayúscula. Y me cercioré del calado que este tiempo ha ido producido durante décadas en el trasiego de personas que hacían cola para besar a tal o cual Imagen, familias enteras, padres y madres mostrándoles a los hijos la pervivencia de la tradición con abriguitos azules y botones dorados.

Así lo entendí cuando al llegar a una plaza, me encontré con un gran número de comprometidos costaleros citados en un día festivo para trasladar el paso desde la casa hermandad hasta el templo. El mismo paso que dentro de unos días albergará una escena de la Pasión de Jesús y que en aquella mañana ya era una disimulada realidad de madera y oro tapada con unos paños y sábanas, símbolo inequívoco de lo que viene a ser la Cuaresma, insisto, una obra cofrade de compromiso en continua evolución alejada de la propiedad absoluta de la luz incandescente de la albacería (priostía o mayordomía, según los casos) de una casa de hermandad.

Vistosa es la Cuaresma que llega al alma a través de instantáneas sobrecogedoras como la de la Hiniesta sevillana coronando todo un altar mayor de la Parroquia escoltada por un derroche de cera. Hermanos con traje oscuro y nerviosas manos recibiendo en la puerta a los que sin saberlo van a recibir un curso de reciclaje en defensa de la tradición vernácula y que volverán el año que viene. Vistosos son los palcos que ya están montados en más de una carrera oficial; hermosos están los miles de naranjos que colmatan las calles andaluzas a puntito de dejar paso a la flor más deseada; bellos los escaparates con los carteles justos y más prolijas en miniaturas y penitentes de caramelo que los adornan; aromáticos los inciensos en las esquinas e ilusionantes las parihuelas callejeras que hemos visto acompañadas por sonidos enlatados a escasos días de ser liberados por cornetas de verdad.

Mientras tanto, nuestra ciudad sigue desgranando su peculiar trasunto morado entre pregones y pregoncillos de colegios de Médicos, certamencillos de fotografía, dibujos infantiles y presentación de carteles, día sí y otro también, como quien lo entiende como un anual rito de publicitación de la Semana Santa o como el intervalo aprovechable para homenajear a personajes diversos, pinten o escriban medianamente bien, mientras el que debiera ser su eje central, los cultos de las hermandades, pasen absolutamente desapercibidos entre miembros de junta y beatillos.

Por eso en los foros locales no se habla estos días del creacionismo efímero de tal o cual albacería con los cultos de su cofradía con su consiguiente impacto visual y espiritual, ni de la magnífica labor de tal hermandad en la recuperación de su patrimonio, el que éstos días pueda exponerse en conocido círculo cultural, o de cómo están los miles de naranjos, muchos ya en flor a pesar de las lluvias, porque en nuestro centro histórico apenas quedan; sino de los tallajes de portadores, de los nuevos itinerarios, cambios de bandas o de los cada vez mas populosos traslados de las imágenes a sus tronos que son cuidados con primor por las mismas hermandades anfitrionas que semanas antes apenas han puesto el más mínimo interés en sus triduos cuaresmales.

Así las cosas, mientras pasa la Cuaresma de cartelillos y pregoncillos, no nos queda otro remedio que esperar esa novelera plantá fallera de los traslados callejeros que son los que han aprovechado la impaciencia procesional del personal para hacerse un hueco en nuestra cuaresma y erigirse en su principal epicentro, aunque carezcan de dos de los valores fundamentales para merecerlo: liturgia y estética.

Y así nos va, entreteniéndonos con actos que por lo general interesa poco más que a sus protagonistas y que en otros lugares no tendrían más que una reseña o un breve en el periódico. Pero todo sea porque llegue pronto la Semana Santa, lo demás parece que ser que queda para los niños que coleccionan carteles.


Publicado por Desconocido @ 2:23  | Málaga
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