jueves, 31 de diciembre de 2009

Los tramoyistas del tiempo están apunto de descorrer las cortinas de un nuevo año. El nueve ya ha hecho las maletas y ha emprendido su inaplazable camino hacia la hemeroteca y el disco duro de las retinas.

Llega el diez con la vertiginosa rapidez con que se ha ido el precedente y con los fieles secundando la primera llamada del año que es la del Señor de Sevilla rodeado de cera y flores en su Quinario de vísperas de la Epifanía.

Ejemplo de la fugacidad con que pasa la vida lo tenemos en la misma sucesión de los ritos. A mi me parece que se llega a un punto en que se pisan unos a otros: ¿Cómo es posible que en Santa Ana esté la Pastora acunando al Divino Recién Nacido ante la mirada inocente y tierna de los pequeños y que los mayores ya estemos dirigiendo plegarias al Gran Poder, cruz a cuestas, corona de espinas, flores rojas, vísperas mismas de una Cuaresma inmediata?

El otro día en Sevilla, cuando la Esperanza recibía el calor de su gente en la Basílica, estaba Luis león hablando de cofradías en el bar Plata mientras en la plaza de San francisco se apostaba una chirigota aficionada que, con sus simpáticas cuartetas, estaba restando un merecido protagonismo a los villancicos que cantaban algunos coros en la plaza nueva y la calle Tetuán. Paradojas de esta tierra nuestra.

Falta espacio en un año para ubicar con la debida separación los tantos menesteres que los andaluces nos traemos entre manos, a riesgo de desvirtuar su sentido espacial y temporal.

Los que peor lo tienen son los que por esta tierra lo llevan ‘to pa lante’, que haberlos haylos. Se desviven en un eterno preparativo. Se esfuerzan tanto que al final son los que menos paladean las cosas hechas. Conozco a más de uno que su Navidad termina cuando ha concluido de montar el belén de sus amores porque durante la cena de Nochebuena ya está pensando en la engorrosa tarea de desmontar tamaña obra y por supuesto, en el inminente diseño de los próximos cultos de Cuaresma. Y todo eso si el nota no es chirigotero o comparsista. Así cuando llega el día en que se celebra la Función su cabeza ya le está dando vueltas a la misma engorrosa labor de desmontaje, la caseta de feria y en la apremiante organización de la romería del Rocío, ole con ole, viva Triana.

Para los que estamos más al margen, y táchenme de conformista o egoísta, los momentos ociosos son para disfrutarlos en un ejercicio placentero de vida contemplativa. Y más si estos pasan fugazmente como así quiere Cronos, el dios del tiempo humano, que siempre llega tarde a todos sitios.

En esto de los ritos sureños, la vida contemplativa es la que produce mayores réditos y mejores satisfacciones.

Así que puestos a examinar las citas que nos traerá el año nuevo, una primera ocasión para liderar tan soberano ejercicio, que duda cabe, va a ser el Gran Poder entre simétricos cirios a medio consumir. Después llegarán las preliminares del Falla y un poco después, la Final y los cajonazos que están muy de moda últimamente, seguramente ya entrada la Cuaresma.

Casi sin darnos cuenta, el 2010 habrá consumido sus primeros meses, al ritmo en que los acólitos acabarán con las primeras provisiones de incienso en la interioridad de los templos por Cuaresma y casi no habrá habido margen para el tiempo ordinario que es aquel en que el andaluz no está liado con algún festejo.

Por eso ya no existe en Andalucía batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Hace años que se selló ese particular abrazo de Vergara entre tan acérrimos enemigos. Hace mucho que la una le llamó al otro y le dijo; “quillo, pasa y cántame aquella de: penitencia, penitencia ¿yo?... ¡ni en la Piedad, ni en la Borriquita, ni en la Sentencia!”. Y añado al estribillo: ¡Ay, si el Arcipreste levantara la cabeza!

Después llegará el día en que, tras cuarenta días de visitas a las Iglesias, florezca definitivamente la primavera en una mañana que es la de los Gozos plenos. El día en que se renuevan de flores los parques, las aceras de chiquillos, los muretes de espaldas cansadas y los adoquines de manchas de cera.

Serán siete días en que los que así vemos éstas cosas, la contemplación nos dejará algunas rozaduras y algún kilo de menos. Probablemente, a los más proclives a variar de inquietudes, nos verán en las bullas de la blanca Paz sevillana en el Parque Maria Luisa, la catedralicia Expiración malagueña en Strachan o la plazuelera Yedra jerezana en la calle Sol.

Para entonces sólo habremos consumido tres meses y quedará mucho año por delante para concurrir a las ferias y romerías de turno, manos arriba, bailando como se pueda la primera igual que la cuarta. Y entre disloque y disloque, alguna extraordinaria cofradiera que se postule, porque aquí, como se ha dicho, los tiempos de los ritos nos lo pasamos por el forro... del antifaz.

Por ahora poco sabemos de las novedades y sorpresas que 2010 nos deparará en materia lúdico-festiva. Con todo, tanto los que se empeñan, y menos mal, en que las cosas salgan como tienen que salir, como los que ejercemos esa vida contemplativa, que al final no nos exime de apreturas y cansancio, el año será mejor que el precedente; aunque nos pase, al menos a mi me ocurre, que cuando llegan estas fechas la retina sea ya un batiburrillo de eventos sin orden, ni concierto.

La cuestión no es darnos a probar un buen vino. Se trata de beber hasta reventar y así ejercer a nuestra manera de andaluces de pro, que no son los que cumplen escrupulosamente con los ripios maternos, sino mas bien los que encaran la vida a la manera barroca, arte que, según Marguerite Yourcenar, ha fluido grandilocuente entre una raza que no ha podido ser nunca taciturna.

 


Publicado por Desconocido @ 18:41
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