Se rompió la oscuridad
de la noche en primavera,
y una débil claridad
viene alumbrando la acera.
Al filo de la Porvera
regresa la Soledad.
Se le ha convertido en cera
su color rosa pálido,
y el suspiro se le quiebra
sin aliento en el regazo...
Por los varales repechan
doce ángeles gallardos,
musitándole al oído
los misterios del Rosario.
En la cuna del pañuelo
lleva asido entre sus manos
-igual que un niño pequeño-
un recuerdo ensangrentado.
Y así, entre sombras y luna,
entre olés y quebrantos,
fragancias señorales
y sentimientos gitanos,
va llegando a la Victoria,
como una Torre de Nardos
la Reina de la Porvera,
¡la Soledad, con su clavo!
Antonio Gallardo.