jueves, 21 de mayo de 2009

Llega el ecuador de la Semana Santa y arriban también los días grandes.

A partir del Miércoles Santo la ciudad supera una frontera invisible y se introduce en una celebración con matices distintos, en la que los cofrades perdemos protagonismo para entregárselo al pueblo que se va a echar en masa a la calle aprovechando los días festivos.

Por eso, a partir de ahora, las cofradías van a cambiar su rictus procesionista, van a bullir en las calles a fuego lento, van a parar el tiempo en una tribuna humilde y van a consumir los cirios de las candelerías en los regresos tardíos, buscando calles anchas y marchas alegres. Van a dejarse arropar por el mimoso aplauso que no mira el reloj, que no rechaza una espera y que se colma de una paciencia férrea.

Pero siempre hay semana Santa para todos. De la homogeneidad de las primeras jornadas se ha pasado a la heterogeneidad de las últimas ascuas en las que convergen distintas formas de entender la manifestación de fe, algunas con mas acierto que otras.

Si bien el Miércoles Santo, a diferencia del Jueves, se ha perfumado en los últimos años de evocadores aromas cofradieros, resabios que por otra parte no ocultan ciertos desmanes consabidos. Y es por ello lo de la aludida pluralidad.

 

FUSIONADAS, COFRADÍA EN SINGULAR.

Comencé la jornada con las Reales Cofradías Fusionadas la cual ya se había estrenado brillantemente en la primera jornada con su Dolorosa mas joven.

Me encontré una hermandad mas hecha, compacta y seria en la calle. Inconfundible su frente de procesión multicolor. Nazarenos unidos por un sentimiento corporativo detrás de una cruz de guía que fue más que nunca ese vademécum aglutinante de tantos y dispares fervores cotidianos. Siguiendo el rumbo único de la Cruz de Cristo.

Nuestro Padre Jesús de Azotes y Columna, felizmente restaurado por el profesor Miñarro, llegó a la Alameda con los últimos rayos de sol cayendo a plomo sobre su dolorido rostro. El pasaje de la Flagelación, representado en un pequeño trono, accedía al palquillo al compás de “La Saeta” interpretada por la Agrupación Musical de las Angustias de Alcalá la Real que se estrenó brillantemente en la capital ofreciendo una de las muchas memorables estampas que pudieron extraerse del diario procesional del Miércoles Santo.

El segundo trono representaba el momento de la Exaltación de Cristo cuya imagen titular fue realizado por el maestro Francisco Buiza en los últimos años de su producción. De nuevo se volvió a repetir ese maravilloso ritual en el que los miembros de la banda de los plumeros rojos anuncian con rumores de muerte el paso del Señor con sus añejas marchas procesionales. Mugidos de cornetas y azotes de tambor para anunciar con pesadumbre, el penoso instante de la Crucifixión del Señor. Suave y cadencioso en su giro hacia la calle Ordóñez. El cajillo de Guzmán Bejarano con los nuevos candelabros de guardabrisas es de un talle equilibrado y distinguido. Todo muy clásico.

Aún quedaba un tercer titular cristífero, la imponente efigie del Santísimo Cristo de Ánimas de Ciegos. Tras su restauración por el IAPH, la imagen ha quedado realmente espectacular aunque nos haya costado acostumbrarnos a las recuperadas tonalidades de su policromía. El conjunto que reinventara Jesús Castellanos y saliera del taller de Antonio Ibáñez constituye el mejor túmulo posible para resaltar el rigor postmortem del Crucificado.

Finalmente, tras la rudeza y crueldad evangélica de los pasajes evocados por la cofradía, el Mayor de los Dolores de la Virgen María acompañada y consolada por San Juan, el joven y barbilampiño discípulo amado, llegaba bajo su originalísimo palio a la confluencia de la calle Prim con Ordóñez aun con el público despistado por la presencia cercana de ciertos famosillos.

Ciertamente digna resultó la propuesta que nos ha ofrecido el hermano y bordador José Miguel Moreno Ruiz respecto del bordado de las caídas con elementos antiguos. En la esquina junto al antiguo Hoyo de Esparteros sonaba la marcha “María Santísima de la O” de Abel Moreno interpretada por la banda del Arrabal de Carmona.

Muy elegante el discurrir del trono del Mayor Dolor, el cual cerró una comitiva que supo como nunca a cofradía. Visión que constaté al regreso, siempre difícil, por Carretería, donde manaron sensaciones agradables pero sobre todo cofradieras.

 

SALESIANOS, AL FÍN.

Salesianos fue por fin Salesianos. Con todo lo que ello conlleva. Vive esta corporación uno de los momentos mas felices de su corta historia. Hace unas fechas que se conoció su próximo cambio de sede canónica desde la Divina Pastora hasta el aledaño Santuario de María Auxiliadora, epicentro espiritual de los miembros de esta cofradía. Igualmente la construcción de su casa-hermandad está cada día mas cerca. Y todo esto se notó en la calle.

 

El Misterio de la hermandad capuchinera probablemente sea uno de los de mayor profundidad teologal de nuestra Semana Santa, embebido además de una innegable impronta mariana. Como es lo propio del espíritu y las enseñanzas de Don Bosco. Quizá, por eso, no hay ni ha habido desde la hermandad intención alguna de romper un esquema empapado de tanta ternura, con un segundo trono en el que se represente a María bajo palio. ¿En que mejor lugar puede situarse a la Virgen que a los pies de su Hijo?

El serio y comprometido cortejo de nazarenos llegó con puntualidad a las puertas de la Catedral. Entonces el magnífico conjunto que obrara Manuel Carmona aparecía por la fachada del hospital Gálvez acompasado por la bellísima marcha “Cristo de las Penas” de Artola interpretada por la banda del Nazareno de Almogía.  El Cristo que saliera de un bello lienzo venerado desde antiguo en San Pedro, próximo a expirar, nos encomienda a su Santa Madre en la persona del discípulo amado. Y así, obrando como el propio Dios, Jesús llama a su Madre, mujer. Y María asume desgarrada de dolor el mandato de su Hijo como Madre de todos nosotros. Auxilio de los hombres. Auxilium Christianorum.

Minutos después, tras haber cumplido anual estación de penitencia, la cofradía transcurrió por la siempre atractiva calle San Agustín al ritmo marcado por la marcha “Jesús de las Penas” de Antonio Pantión. Entretanto, el Misterio, perfectamente dispuesto en el prodigioso cajillo salido de los talleres de los hermanos Caballero, nos ayudaba a comprender con mayor nitidez que el Amor cristiano es el que debemos profesar por igual a Cristo y a María pues como bien advirtiera San Luis Grignion: “Amar a María es amar a Cristo y desconocer a María es desconocer a Cristo.” Así mismo recalcaba que: “una devoción a María sin Cristo sería idolatría, pero un cristianismo no mariano es un cristianismo parcial y menguado, es como un hijo sin madre.” No debemos valorizar totalmente a Cristo pues lo desconoceríamos en su obra prinicipal, su madre, que entra en los designios divinos de redención como primicia y como cooperadora asociada aunque en forma subordinada. Hallamos en esta hermandad, pues, la mejor expresión de amor humano y de la piedad filial de un Hijo hacia su Madre, pero también la verdadera revelación de Dios Hombre encomendando a María una Misión de Madre universal, de todos nosotros.

Entonces, cuando el trono se introducía por el recodo del Palacio de Buenavista quedaron en el ambiente esbozos de cofradía madura urdida con unos mimbres espirituales recios y tremendamente sólidos. Lo que es fundamental. Además los elementos estéticos esta vez si acompañaron, con la música escogida y sin amenazas climatológicas de ningún tipo. En el debe de la hermandad no quedó apenas nada reseñable. Tan sólo que no se quedaran unos minutos más entre nosotros. Y que todo pasara muy rápido. Salesianos en su vertiente penitencial no debe ser ni más ni menos que esto. La enseñanza de que “nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos”, el mismo amor que demostró María, al pie de la Cruz, en el Calvario.

 

PALOMA, EL PRIVILEGIO DE LOS CONTRASTES

La Paloma es una de esas cofradías que aún sigue acusando algunos dejes pasados y que pelea cada año por despojarse definitivamente de aquellos que no le suponen frutos provechosos. Es ésta, como muchas otras, una cofradía castigada por manidos tópicos acuñados durante décadas y que le han venido impidiendo exponer con soltura otros valores quizás más trascendentes.

He sido siempre fiel a su salida desde la coqueta plaza de San Francisco. Quizás porque allí es donde con mayor claridad se pueden apreciar los buenos detalles que ofrece esta corporación y que van más allá de la tradicional suelta de palomas o la estigmatizada marcha de Rafael Hernández. Aun cuando el cansancio no ha hecho mella en nazarenos y hombres de trono.

Este año, sin embargo, la cogí al regreso por calle Casapalma. A la altura de la librería Rayuela, pude apreciar el originalísimo conjunto que representa el momento en que Jesús, una vez apresado, atraviesa el puente sobre el torrente Cedrón, conducido por unos sicarios. Y hablaba antes de la trascendencia de otros valores oscurecidos por la popularidad que habían adquirido otras cuestiones más vulgares, sin duda puestas de relieve en otro tiempo desde la propia cofradía.

Trascendencia que se intuía en este revelador Misterio que, aun a desconocimiento de muchos, estaba dando en la calle una auténtica lección de historia local. Por un lado, nos hacía cuestionarnos las motivaciones que llevaron a unos cofrades malagueños, allá por el siglo XVIII a crear una hermandad con una advocación tan singular sin parangón alguno en la región. Algunas respuestas las ha ofrecido el historiador local, Sánchez López. Otra historiadora descubrió no hace muchas ciertas similitudes con una iconografía italiana. Cuentan que el Cristo llegó a procesionar en los dificilísimos instantes que se vivieron en los conatos revolucionarios de 1868. Por otro, la feminización del término Puente, tan usual en el castellano antiguo y en la literatura y del que seguimos teniendo algún ejemplo callejero en la zona del Perchel norte.

Una lástima que el pesado trono no fuera con el lucimiento debido. Apenas aguantaba las marchas sobre los hombros, lo que no desmereció en ningún momento el valor pedagógico del instante pasionista. Minusvalorado en exceso dado el protagonismo reciente adquirido por la monumentalidad del palio. Pero aunque pueda parecer extraño ha sido y es La Puente, una auténtica seña de identidad de la Semana Santa de Málaga. Todo ello en un cajillo del relevante tallista Manuel Guzmán Bejarano, que tampoco es moco de pavo.

Me gustó el cortejo, nutrido y con presencia. El Palio mastodóntico y muy deteriorado, no obstante, sigue teniendo esa innata capacidad de impresionar y conmover. Entonces fue cuando los más exigentes se desnudaban de teoremas y doctrinas para entregar el alma a la pureza de las cosas. Por eso las cosas son como son  y no son como algunos quisieran que fueran.

Me quedé sobrecogido al comprobar como el inmenso trono cogía el paso al compás de la Malagueña y el peculiar ondular del Palio, su sonido, y su movimiento me provocaba un pellizco emocionante. Sin más atenciones ni criterios que el que no se puede explicar con palabras ni justificar con opiniones autorizadas o científicas.

Cuando hube retomado el pulso entendí que todo esto también es necesario aunque mejorable. Y comprendí que cofradías como ésta tienen el privilegio de brillar en su propia diversidad y en sus propios contrastes. Al final es sólo una cuestión de saber manejar los elementos y no acabar con ellos por modas o corrientes. La Puente ganó en su momento a la Paloma (que fue originariamente Dolores) y hoy la Paloma no puede entenderse sin la Puente. Y así debe enseñarlo la cofradía al pueblo. Un binomio emocionante y distinto, sin merecer el uno para eclipsar al otro.

 

EL RICO, CUANDO SE “LIBERA” DEL PROTOCOLO

Menos mal que este año no llovió. La hermandad de Jesús el Rico pareció redimirse en cada esquina de su caótico sin sentido del año pasado. Sacó de la vitrina el instinto cofradiero y consideró que un Privilegio no puede convertirse en un condicionante suicida.

Además, casi sin pretenderlo, encontró un nuevo rincón donde proceder a la liberación del preso que le proporcionó belleza y le mostró con creces que el protocolo no está reñido con la estética. La Plaza del Obispo se ha vestido de gala esta semana santa para albergar dos eventos de distinto calado al igual que, en otro orden de cosas, sirvió de atrezzo para recrear el Perú colonial en la película “El Puente de San Luis Rey” protagonizada por Robert de Niro.

También ha entendido la hermandad de Santiago que además de la Alcazaba y el teatro romano, la Catedral conforma un entorno privilegiado que no conviene ignorar. Por eso, desde hace algunos años, la rodean tanto a la ida como a la vuelta. Algún año la disfruté de camino a la Alameda a la altura del restaurante el Jardín. Este año la esperé pacientemente de regreso en esa doble curva que conforman la calle Duque de la Victoria, San Agustín y Cister.

El Nazareno, de estética dieciochesca, contrastaba magistralmente con las tonalidades claras del Palacio Zea de Salvatierra mientras era mecido de forma acompasada con la adaptación de  “Margot” que volvió a interpretar la banda de Miraflores, esta vez, en la jornada del Miércoles Santo.

 

Traté de imaginar el semblante sereno y meditabundo de este Cristo con otro acompañamiento que no fuera el de las piezas solemnes y sentenciosas de una banda de música. Pero no fue posible. Quizás muchos no entiendan que la Semana Santa no es una ciencia exacta. Y mucho menos la nuestra, tan dispar y polifacética.
Lo lamento profundamente. Cuando se llegan a comprender ciertas cosas, quizás con la edad, el disfrute puede rebasar unos límites que antes se antojaban insospechados con hermandades hasta entonces desconocidas. El Nazareno de aspecto semítico y aderezado con la peluca postiza y la corona de espinas labrada en oro de ley, me ofreció en aquel rincón mágico una perspectiva heterodoxa y magnífica, al igual que algunos de sus penitentes con el capirote de habichuela y sus túnicas de cola, y el viejo trono de Nicolás Prados que recuperara no hace muchos años el tallista local, Ruiz Liébana.

Ya en Duque de la Victoria, la Virgen del Amor, de la que cierto sector de la doctrina ha catalogado como la mejor obra de la producción del sevillano Dubé de Luque, quizás porque el autor marginara un tanto sus patrones mas usuales para imbuirse del intimismo dieciochesco propio del círculo de Mena del que procedía la anterior talla desaparecida en el 31; procesionaba de manera cadenciosa y armoniosa al compás de “Pasan los Campanilleros” de Farfán interpretada por la banda de música de la Vera-Cruz de Almogía. Sublime.

Tras la restauración y el estreno flamante de la candelería, reparé en la combinación maestra de orfebrería, madera tallada y dorada y arte floral en forma de claveles, calas y alhelíes lo que nos ofrecía como resultado una disposición ciertamente espectacular. El palio ochavado y el manto, bordados por el infravalorado Leopoldo Padilla, completaban un conjunto valiente y medido. Original en su concepción y muy acorde con la línea estética de la cofradía.

 

LA SANGRE, SUFRE UNA HEMORRAGIA

La propuesta de la Sangre en la calle se puede compendiar en una sola frase pronunciada por su hermano mayor y que no deja de sorprender a quienes amamos este mundo y que con la ilusión de un niño solemos salir a las calles a disfrutar y a ver cofradías y no a juzgar en una competición de belleza canina. “Esta noche somos los mejores con diferencia" salió de la boca de todo un hermano mayor de una cofradía cinco veces centenaria. Lo demás se lo pueden imaginar. ¿Los mejores en qué y respecto a qué? , ¿que premios se reparten esta noche, que yo no me he enterado?, ¿quienes componen el jurado?, ¿contra quienes compiten ustedes?, ¿como se mide la diferencia a la que alude con altanería?

Desde luego la sentencia de este dirigente nos hace reflexionar acerca del sentido que algunos le ponen a las cosas que hacen. Y cuando se dicen lindezas de este tipo, ¿para que vamos a comentar si en la Sangre se inculca o no el sentido del hábito nazareno?, ¿para qué solicitar una música acorde para el pasaje de la Sagrada Lanzada del Señor?, ¿para qué reclamar la cera natural en los tronos?, ¿para qué pedir un exorno floral cuidado y medido?, ¿Para que opinar sobre el nuevo trono de la Virgen? Todas estas preguntas que año tras año lanzamos desde éstas y otras muchas líneas, seguirán cayendo en el saco roto de la ignominia cofradiera mientras los que manejan el cotarro en una hermandad se dediquen a liderar empresas inexplicables e inentendibles. Actuaciones que juegan en otra división inferior a las del resto de las cofradías. Pero lo peor de todo es que la Sangre no es ni ha sido cualquier hermandad. Por eso todo esto es mucho mas grave. Una lástima.

 

EXPIRACIÓN, LA COFRADÍA SEGÚN MÁLAGA

 

Hablar de la cofradía de San Pedro es hablar pura y simplemente de la Semana Santa según Málaga. Lo demás son historietas del periódico Vecinos o del de las tres letras.

La Expiración se plantó en la calle conjugando sus habituales y briosos ingredientes procesionistas. Nos ofreció toda una tesis doctoral de como se puede aglutinar en un cortejo toda una recapitulación magistral de lo que ha sido la evolución de la Semana Santa de Málaga en los últimos dos siglos. Sin perder ni un ápice de sabor cofradiero.

Algunas lo han intentado y se han perdido desgraciadamente en la fanfarria populosa, otras se han descarriado en la marcialidad militar o se han descuidado de tal forma que una estación penitencial se ha convertido en un tedioso deambular hacia ninguna parte. Otras, por otra parte, en su afán de ganar una riqueza estética indiscutible, hace mucho que perdieron el baño azulado del mar mediterráneo para enamorarse cada año en un romance de primavera con la Giralda y perfumarse del azahar del Parque de María Luisa. O incluso de la ciudad del Torcal y de Archidona, que de todo hay aquí, como se ha visto. Pero la Expiración no. No inclinó la balanza hacia uno u otro lado.

Es cierto que salió bien parada de un periodo histórico en el que las demás hermandades no pudieron hacer mucho más que nadar en el desierto. Lo es más que, con recursos, no dudaron en nutrirse de los mejores artistas para armar una cofradía que debe ser orgullo de esta tierra. Pero ha habido tiempo para que muchas otras hubieran recortado terreno en estas prósperas décadas. Por eso sigo sin entender muy bien a que se estaba refiriendo el hermano mayor de la Sangre con la maldita frase.

Pero sin caer en comparativas infantiles, la Expiración ha seguido un año más a lo suyo, inundando el Miércoles Santo de unas maneras memorables. El cortejo solemne y garrido, con ese aroma castrense que no eclipsa lo verdaderamente importante, anda lo justo y se gusta. Impone respeto y enseña al público.

La talla del Cristo de la Expiración de Mariano Benlliure es sencillamente excepcional. Y no debe repararse mucho más ello. Tan sólo que el maestro valenciano conjugó con especial valentía los inmanentes conceptos barrocos con las pinceladas propias del vanguardismo del siglo pasado. Fue tremenda la visión del Señor a su paso por la Alameda bajo la bóveda verdinegra conformada por los ficus del primer tramo del recorrido oficial. Luego ya por la Catedral, fue inmenso el contraste del barroco de la fachada del primer templo malagueño con los perfiles neorrenacentistas del cajillo de su trono en el que se emplearon materiales diversos como el bronce, la plata y la madera de caoba o ébano.

Decíamos que la cofradía de la Expiración no inclinó la balanza a un lado u a otro. Por eso quizás sus cofrades se fueron al taller de Seco Velasco y le rompieron los esquemas. Tan es así que al artista sevillano hubieron de pararle los pies porque lo de hacer una catedral andante se lo tomó muy en serio, mas incluso de lo que humanamente sería posible, a nivel procesional, claro. Tuvo como base el diseño de Luis Ramos Rosas. Lo mismo que, suponemos, ocurriría en el taller de Esperanza Elena Caro cuando tuvieron entre bastidores un manto de ocho metros de largo y casi cinco de ancho.

El Palio de los Dolores es algo descomunal, en el mejor sentido del término. Hemos visto durante esta semana cosas grandes, impactantes y en la mayoría de los casos muy correctas artísticamente. Pero este trono se sale de esa categoría.

Basta señalar la enjundia de las capillas del cajillo que pudieron ser en su momento una recreación de los pórticos de cuatro de los templos más importantes de España: la Basílica del Pilar de Zaragoza, la Catedral de Sevilla, la de Toledo y la de Burgos, además de la de Málaga. Sin embargo, finalmente las capillas albergaron distintas advocaciones marianas, sostenidas sus cornisas por estiladas columnas salomónicas.

Tampoco se escapó a nuestra visión pausada la estupenda Gloria del palio que ofrecía esa representación de la Asunción de María a los Cielos en Cuerpo y Alma.

Por lo demás, la Virgen de los Dolores, primera dolorosa coronada en la ciudad (en 1986) y felizmente restaurada, ofreció una estampa generosa, siempre al compás meloso de las marchas de la inmejorable banda de la Expiración que surtió de un repertorio clásico y con bastante asiduidad, alegre. Lo cual, a mi modo de ver, lejos de restar sobriedad, marcó un contraste comprensible y sugerente.

 


Publicado por Desconocido @ 17:26  | Málaga
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