domingo, 01 de marzo de 2009
Se cumplieron las expectativas. Llovió. Y ya mosquean desde primera hora estos malos augurios. El Vía Crucis Oficial de la Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Málaga se cerró con el cielo llorando un continuo y desagradable chirimiri cuando el cortejo regresaba a San Pablo por la rampa de la Aurora.

Pero amén de estas siempre odiosas circunstancias para los cofrades, el acto se desarrolló con una corrección elogiable. El traslado de ida a la Catedral de la imagen del Santísimo Cristo de la Esperanza en su Gran Amor nos aportó una visión sumamente bella de la talla de Álvarez Duarte. Cercano y sobrio. Al compás de las piezas fúnebres de la capilla musical fue ganando con sugerencia los muchos metros que le separaron del primer templo de la ciudad, sin descomponerse en ningún momento, ni el cortejo, ni el propio discurrir de las andas que portaban al Señor. El siempre complicado aderezo de un Crucificado en una postura poco habitual se resolvió con un exorno digno aunque quizás falto de iluminación. La discreta campana aportó coherencia y practicidad. El orden y la compostura se mantuvo en el interior de la Catedral a pesar del asedio de los fotógrafos cuya impaciencia en búsqueda del encuadre perfecto a veces cruza la delgada línea que separa la sana afición con la falta de decoro.

Había expectación por contemplar ese primer contacto del nuevo prelado Monseñor Catalá con la realidad cofradiera y que mejor forma de hacerlo que con la celebración de un piadoso acto cargado de riqueza litúrgica y desnudo de los populismos tan propios de nuestra tierra. Mucho mejor así. Que vaya bebiendo sorbito a sorbito.
Por otra parte, se leyeron, en una versión reducida, las Estaciones que en su día propusiera el Pontífice Juan Pablo II lo que también aligeró convenientemente el desarrollo del acto.

Pasadas las 21.30, el cortejo se volvió a poner en la calle abandonando la Catedral. Tras un importante y encomiable cortejo de cirios sin distinciones ni varas doradas conformado por cofrades simplemente, el Señor volvió al raso de la fría noche cuaresmera envuelto en el color verde oscuro de los naranjos aún por explotar. A la memorable estampa se sumó la música. Y mas concretamente la proveniente de aquellas fúnebres notas que dibujara en un pentagrama el insigne compositor Ricardo Dorado bajo el título de "Mater Mea", interpretadas por la banda "Trinidad Sinfónica" que estuvo dignísima. Ya en Císter, sonó "Desamparo" del jerezano Germán Álvarez Beigbeder, otra pieza irremisiblemente bella que, con unas pocas décadas de atraso, se está acomodando en las siempre conformistas partituras procesioneras malagueñas. Benditos nuevos bríos.

En el transcurrir por el perímetro catedralicio se vivieron estampas cargadas de suma belleza plástica por Molina Lario y Plaza del Obispo, enclaves que también ofrecieron curiosos contrastes. Al pie de la Manquita se apostó un nutrido grupo de estudiantes extranjeros sorprendidos ante la parafernalia penitencial. Sus rostros denotaban sensaciones que iban desde la sorpresa hasta la congoja. Curioso fue también el descubrir un nuevo sonido cofradiero al que nos tendremos que ir acostumbrando de ahora en adelante como es el del "clickeo de los tripodes que se abren y cierran con una rapidez vertiginosa tras un golpe de campana.

Ya en Strachan, se volvió a producir esa desagradable situación que se detecta con demasiada frecuencia en nuestra ciudad cuando pasa una Imagen Sagrada por un enclave donde viandantes o comensales de los distintos restaurantes de la zona no hacen el mas mínimo ademán de respeto ante el paso de la misma. Desagradable fue comprobar como una señora no sólo ni se inmutaba ante la presencia de Cristo sino que se llevaba la mano a la cara para evitar los efectos "tóxicos" del incienso. Parafreseando al bueno de don Ricardo, mas de uno exclamó: ¡Mater Mea!

El cortejo circundó el centro de la ciudad y por Larios y Plaza de la Constitución se dirigío a Extramuros por Especería y Cisneros. Ya en la ribera del río comenzó a llover y se aligeró el paso hasta que el Cristo cruzó a la otra orilla por el Puente de la Aurora. "Virgen del Valle", "Nuestro Padre Jesús" o "Amarguras" sonaron por esos desangelados enclaves.
Ya en la Trinidad, resultó oportuno cubrir al Cristo con un plástico. Sobre las once y veinte de la noche, la imagen titular de la cofradía trinitaria recalaba finalmente en San Pablo siendo depositado a los pies de la bellísima Madre de la Salud, vestida de hebrea. Una Salve Regina dedicada a Ella culminó el acto.

Publicado por Desconocido @ 21:13  | Málaga
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Publicado por Floren Iniesta
martes, 17 de marzo de 2009 | 14:25
Lo del agua va a ser por la músiquita del agua que pone tu hermano en su apartado el mamón jajaj

por cierto en un futuro www.cofradrecorder.com ahora mismo aún somos blog www.cofradrecorder.blogspot.com, pero seremos grandes


un abrazo primo