domingo, 28 de diciembre de 2008

Que equivocados están los que anhelan la llegada de la Esperanza. La Esperanza no llega, ni llega su festividad. La Esperanza siempre está presente aunque haya un día al año en que baje a un terrenal presbiterio a recibir más de cerca ese beso fiel que en otras tantas tardes recibe a media distancia. La Esperanza es además de una advocación virgínea irremisiblemente bella, un estado perenne, un sueño que en palabras de Aristóteles tienen los hombres despiertos. Por eso la Esperanza no llega, ni tampoco se va.

Estos días los priostes andan revueltos apresurándose a culminar ese sueño anual de primores estéticos y de estampas efímeras. Las arañas ya penden novedosas de las paredes de Santa Ana mientras Pepe Garduño ultima la genial colocación de la saya de la guerra en el candelero de la Macarena. Los últimos avatares del Adviento se repiten en la pequeña capilla de la Yedra en Jerez y en la basílica malagueña que guarda un secreto escondido que genera plegarias desbocadas. En todos los templos queda el trono de reina ocupando el lugar de los altares cotidianos. El incienso perfuma las naves transitadas por un reguero de impacientes devotos. El esquema es esencialmente el mismo en toda la geografía Andaluza de admiraciones encontradas.

Hermanos medalla al cuello limpiando las dulces manos de la Esperanza de la carrera del Darro en las faldas de la Alhambra, ceremonioso júbilo en la función principal en honor de la Reina de Málaga, sabores añejos en la Catedral de Triana, delicadeza artesana en la calle Castilla, minimalismo y recogimiento en la Plazuela jerezana ante la grandiosidad de su Rostro, jovialidad y serenidad en el rostro de la Capitana de Huelva, fervor desmesurado en el Arco, pentagramas nuevos de Pedro Morales para La que baja por la Cuesta del Bailío el Domingo de Ramos cordobés, fidelidad salesiana bajo el Auxilio de la última Esperanza trinitaria, o seriedad franciscana junto a la jerezana Plaza de Abastos con lejanos sonidos de racheo y fragores fugaces de castañas recién horneadas, y así hasta un largo sinfín de escenas que, cumpliendo el guión oportuno, se perpetúan en la memoria colectiva de las gentes de nuestros pueblos y ciudades en estas fechas de rigores decembrinos.

La Esperanza es además de una advocación teñida de verde, una imagen de la Virgen que representa la propia esencia de la vida humana como un árbol en flor que se balancea dulcemente al soplo de las ilusiones. Y como las ilusiones son constantes humanas que se van sucediendo como un impulso vital, una esperanza sucede a otra esperanza, una ambición a otra ambición, y así es imposible que la Esperanza se vaya. En su rostro quedan depositados los anhelos, los deseos, las obsesiones, las metas y los buenos propósitos. Muchos de ellos ya se han cumplido en el anonimato de sus fieles y en el agradecimiento de miles de sonrisas que durante estos días se hacen guiños de íntimas confidencias. Y mientras los sueños cumplidos van cayendo como hojas secas y se los lleva el viento de la despreocupación, otros tantos ánimos se vierten sobre su bordado manto verde y quedan enhebrados en él pendientes de una respuesta.

Es cierto que estos días en distintos rincones de nuestra tierra se está ofrendando a la Madre de Dios un merecido homenaje por su buena nueva, pero insisto, en ninguno de esos lugares privilegiados la Esperanza llega como llega el Domingo de Ramos con el rigor natural con que explota el azahar en los albores de la primavera. De verde Esperanza está teñido siempre el cielo de nuestros anhelos.

La Esperanza está presente en los rigores de la crisis económica más temerosa de loas últimas décadas. La Esperanza nunca ha desaparecido en el trabajo diario de Cáritas diocesana cuyos activos están atendiendo a un 70 % más de necesitados que en el último año. No perece la Esperanza en los enfermos que van a pasar la Nochebuena en una cama de hospital rodeado de cables y sondas. Ni mucho menos falta la Esperanza, esa que no se reviste de alhajas y bordados, en los rostros de las mujeres maltratadas que han encontrado una luz al final del túnel. La Esperanza va contigo en una maleta cargada de sueños en un tren camino de Sevilla como cuando Carlos Herrera viajaba para encontrarse con su particular amada con tan solo unos tebeos en la maleta y un corazón a medio escribir.

El 18 de diciembre es tan solo una fecha referencial, que transcurre con un boato lento y ceremonioso. Por eso Ella siempre parece advertírnoslo al ir a besarle la Mano de una forma rotunda e inequívoca: "No os preocupéis Hijos míos, que mientras haya vida hay Esperanza."

 

 


Publicado por tontodecapirote84 @ 21:10
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Comentarios
Publicado por CARACOL84
domingo, 11 de enero de 2009 | 22:33
Ahora, más que nunca tiene sentido: ESPERANZA
Publicado por Invitado
martes, 20 de enero de 2009 | 15:19
magnífico