jueves, 28 de agosto de 2008

El Euribor ha sido el gran protagonista de la feria 2008. Aunque realmente no haya estado presente vestido de corto ni luciendo el vuelo de un traje de faralaes. Más bien ha sido un fantasma que ha sobrevolado diariamente tanto el recinto ferial como el centro histórico y no se ha ido de vacaciones, por desgracia para todos, en estas calurosas jornadas del mes de Agosto.

Ha sido pues la feria del cinturón apretado, los bolsillos semi-vacios, las tarjetas tiritantes, las playas repletas y las neveras a cuestas.
Pero como en todo, siempre hay quienes aprovechan las coyunturas adversas para sacar tajada. Y en éstas los grandes beneficiados han sido los supermercados y grandes superficies los cuales han hecho literalmente "su agosto" en el suministro de manducas varias. En algún supermercado de barrio había presentados hasta completos stands de gastronomía ferial y de Cartojal. Un marketing a la última.

En líneas generales ha sido una feria menos masiva en afluencia pero mucho menos en consumo. El último viernes, víspera de fin de semana, a la hora de comer no había un alma por las calles del centro. Dato relevante sin duda.

Por lo demás, en cuanto al desarrollo de la fiesta misma, la frase que podría resumirla es: Más de lo mismo. La feria de Málaga hace mucho que no sabe dónde va. Se trata de un festejo sin norte, sin referencias y sin sustento, esto es, una celebración sin excusas. Además ha perdido flagrantemente otros valores inmateriales que no se tocan pero se perciben. Falta el aroma de feria. Hace mucho que la mescolanza de ambientes, músicas, falta de normas, el incivismo inducido y el propio y variopinto programa de actividades sin una coherencia nítida, se han convertido en los grandes rasgos de una fiesta caracterizada por la variedad sí, por la cantidad también, pero alejada, primero de sus propios orígenes y por tanto de su propio ser, y segundo del sabor tradicional propio de Andalucía que, si bien la nuestra no ha sido nunca una prolongación homogénea de las grandes ferias de interior, si que se había sabido combinar originalmente con las connotaciones tan singulares y propias de nuestra tierra, tanto en el centro histórico como posteriormente, en los distintos recintos feriales en que ha tenido sede.

No se entiende que cabida tiene en pleno apogeo ferial un festival de culturas en la plaza de la Marina o conciertos de soul en la de las Flores cuando pasan desapercibidos entre toda la vorágine y pueden perfectamente desarrollarse con total protagonismo en otras fechas y ciclos, y por el contrario, nos las hemos visto y deseado para encontrar rincones donde poder bailar una triste sevillana.

Tampoco ha contribuído a engrandecer la fiesta el desfavorable balance de la feria taurina. Todo lo contrario. Ha sido realmente un reflejo claro y directo de esa decadencia aludida. Ni siquiera la calidad contrastada de algunos de los primeros espadas del toreo actual, anunciados en los carteles, ni tampoco el inestimable sabor que presenta ese marco incomparable que es la Plaza de la Malagueta, han sido mimbres suficientes para destacar la nuestra como una de las citas a recordar en este verano taurino. Lo era quizás hasta ahora. Lo reflejan incluso los papeles que dicen que Málaga tiene Plaza de primera.

A partir de ahora las cosas habrán de cambiar muy mucho para que el público pueda disfrutar de una feria de entidad. O incluso aprender.

Un suspenso al empresario (y co-empresarios) por su premeditada intención de llenar la plaza "a toda costa" al menor coste posible riéndose de la afición y dando la razón a los antitaurinos, a los ganaderos por los becerros de promoción que presentaron en la mayoría de los festejos, toreros (muchos vinieron a hacerse la foto), personal de la plaza y usías absolutamente desconocedores del rigor ritual de los envites, e incluso al comportamiento del público, en esete caso, no solamente por su demostrado escaso conocimiento de la fiesta y su formalismo (lo cual no es noticia) lo que también explica su falta de exigencia, sino que en algunos momentos también careció del más mínimo saber estar. En alguna corrida hubo hasta detenidos por peleas. Lo nunca visto.

Después de este panorama desalentador, lo cierto es que también ha habido ciertas luces a destacar. Brilló especialmente el Cortijo de Torres como recinto bien presentado y exornado con accesos y aparcamientos suficientes. Se ha confirmado este como un espacio en el que cabe todo pero con un orden necesario.

Hay quien no pisó los autos de choque ni se montó en la noria, Y los hay también que llevaban niños y no pudieron ni tomarse una copa ya que no hubo forma de sacar a los críos de las atracciones. En fin feria para todos y de todos los gustos.


También el centro dejó algunos detalles para soñar con la recuperación de su esencia más auténtica. Otro año más algunas instituciones no renunciaron al sabor de la feria de siempre. Las cofradías, baluartes de la defensa de esa Málaga perdida, siguen siendo apuestas seguras para disfrutar de la auténtica fiesta. Volvieron a lucir el Instituto Gaona y el Hogar del Niño Jesús con sus espectaculares patios donde el buen y sano ambiente reinaba durante las tardes, con las Reales Cofradías Fusionadas y la Archicofradía de la Sangre como orgullosos anfitriones.

Lo malo es que la vuelta a casa se convertía en un triste encontronazo con la dura realidad. Atravesar los callejones de Pozos Dulces se convertía en una auténtica odisea de malos olores, vómitos y restos de orín.

Ya en las calles principales los descamisados habían acampado en distintos rincones pertrechados de las últimas botellas de Cartojal. Algunos yacían en los portales o en los bancos esperando que algun alma caritativa les atendiera. Por lo demás, seguir relatando el ambiente callejero del centro durante las jornadas feriales resulta absurdo por reiterado.

Los partidos de la oposición, no sin razón, han criticado el excesivamente triunfalista balance de la Feria que ha anunciado el equipo de gobierno. Incluso los socialistas malagueños han dejado entrever un decálogo de nuevas propuestas para mejorar la feria, tanto la del Real como la del Centro, aunque muchas de ellas se hayan mostrado poco reposadas y reflexionadas. Los datos más o menos inflados reflejan seis millones de visitas y 115 millones de beneficio aproximadamente, lo cual no ofrece tampoco la cada vez más ingente cantidad de ciudadanos malagueños que dan la espalda a su feria por razones varias. Unos porque toman rumbo a destinos vacacionales en estas fechas y la gran mayoría simplemente porque no comulgan con el inmoderado espectáculo que ofrece una fiesta concebida principalmente para la gente joven en detrimento de ese ambiente familiar tan propio de estas tradiciones.

Sin embargo, el "Aquí está "To" Málaga" es un comentario habitual en los días grandes de la feria. Los más concurridos. Sin embargo, no es del todo cierto que efectivamente la mayor parte de la población acuda en masa a una de las principales celebraciones de la ciudad. El ambiente en su mayor parte es del todo sectario y específico como ya se ha visto. Es una visión totalmente deformada de la realidad.

Con todo la feria se ha ido dejando un regusto dulce por el hecho de que cualquiera disfruta en un paraíso concebido para el desenfreno. Por ello quizás Riane Eisler decía que la conciencia es soluble en alcohol. Ahora que también se ha dicho que la conciencia es un huésped pesado que grita siempre, y cesados los efectos obnubilantes del desfase más improcedente, la conciencia viene a gritar por un megáfono que una feria así para el futuro no tiene el más mínimo sentido.

Por todo ello nos asaltan una serie de cuestiones cuyas respuestas se antojan dificultosas por el momento. ¿Cuál es la feria que queremos legar a nuestros hijos y a nuestros nietos? ¿Cual es la feria que queremos enseñar a nuestros foráneos familiares que nos visitan estos días? ¿Que responderemos cuando nos pregunten que es exactamente lo que celebramos en la feria? o ¿a qué rincón mandaremos a una pareja de ávidos feriantes a bailar unas deseadas sevillanas o porque no deleitarse con unos verdiales o malagueñas tan propias de nuestra tierra?

 
En Almería han tomado buena nota, reduciendo jornadas festivas y prohibiendo venta de alcohol en la calle entre otras medidas. En Antequera hace tiempo que los vecinos del centro le ganaron el pulso al Ayuntamiento y hoy peuden descansar tranquilos sin sobresaltos y con una feria para todos en un Recinto Ferial adecuado. En Granada las Cruces de Mayo han vuelto a lucir en todo su esplendor tras haberse eliminado el "botellódromo" en que se habían convertido las calles de su monumental centro histórico. Nuestros vecinos son valientes, no cabe duda. Ahora nos toca a nosotros subirnos al carro de la lógica y de la decencia. Nos lo exige el 2016 ¿o no?


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