lunes, 18 de agosto de 2008

A Sandro no le salían las palabras el viernes por la noche. Su exaltación a la que es, según él, "la mejor feria del mundo" (tópico archirrepetido en esto de los pregones de Agosto) se quedó en tan sólo unas palabras de agradecimiento en lo que fue uno de los pregones mas cortos que se recuerdan. Probablemente el hombre estaba nervioso ante la empresa mas delicada que se le haya encargado probablemente en su vida. Lejos de la medular donde ha dado tantas tardes de gloria al "malaguismo" en la última década. En un escenario y con corbata, como jamás se le ha visto, el bueno de Carlos Alejandro no se sintió "en su salsa" pero se le intuyó una ilusión y un cariño especial con que el que se dirigió a la Málaga de bañador que esperaba impacientemente el concierto del amigo Bisbal. No estaba la noche para líricos arrebatos.

La feria más esperada ha comenzado. Presume de ser la más abierta del Mediterráneo aunque los ritmos latinos inunden cada esquina del recinto ferial. La apertura que demuestran los cánticos proferidos en una céntrica plaza donde se podía intuir que algunos vecinos no son bienvenidos en esta hospitalaria fiesta a tenor de los cánticos: "¡sevillano el que no bote, eh!".

El "slogan" municipal reza un mensaje claro y directo, "Málaga, feria viva", a pesar de que alguno se haya jugado literalmente el cuello en la primera reyerta de la semana. Y las que quedan por llegar.

Nuestra fiesta siempre se ha caracterizado por compaginar originalmente una soleada y jolgoriosa celebración en el privilegiado marco del centro histórico con una más organizada y nocturna ebullición en el Real del Cortijo de Torres. La heterogeneidad por bandera y bien entendida.

Sin embargo el lienzo que poco a poco va tomando forma en el caballete de las tradiciones nos ofrece una mescolanza de colores que por un empleo desacertado del pincel nos ofrece diversas tonalidades, algunas de las cuales se acercan al gris oscuro, tan lejanas del idílico Sorolla cuyos cuadros pueden admirarse, a la vez que envidiarse, en una sala del CAC cargada de bellas estampas, reflejo fiel de aquellos recordados e inmortales ritos.

El rito ahora pasa por imbuirse en una turba sin medida. Por eso, dicen, es una feria viva. El siglo XXI y la apuesta por la capitalidad cultural implican renovación. Y las novedades supuestamente pasan por subirse al carro de las tendencias ajenas, implantadas con éxito desde siempre en esta ciudad, donde es más fácil adquirir un atuendo mexicano al más puro estilo mariachi, con gorro incluído, que un traje corto, lo cual parece que casa contrario con las ganas de esta ciudad de evolucionar hacia nadie sabe dónde.

El traje de faralaes embutido en hombres con pelo en pecho también ha supuesto un verdadero homenaje a aquellos que rechazamos la homofobia y el machismo.

Y es que este parece ser el tema de la feria. Si no pregunten al presidente de la corrida de toros en que figuró Mari Paz Vega, el cual fue tachado de "machista" por el público por no conceder una nueva oreja. Vamos lo propio de una plaza de primera categoría.

"Es que esto es el Centro" dirán algunos. Los que acuden vistiendo (afortunadamente) camiseta con mensaje, el mejor de los casos, insinuante, con botella de Cartojal en la mano adquirida en cualquier esquina.

Otro lema no menos tarareado en cualquier rincón del casco viejo ha sido el de "hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual", del cual se han dado efectiva cuenta los asistentes sanitarios quienes han perdido la cuenta de las veces que han salido apretando el acelerador de las ambulancias por la calle Cisneros.

 Y así, de esta manera, la Feria de la "Málaga 2016" va consumiendo sus primeros envites embadurnados de alcohol y pringue.

Por otra parte, el desconocido mediodía del Real deja los pocos "oasis" de verdadero y refrescante sabor a feria tradicional. Antes de que lleguen los imitadores de El Barrio con sus sombreros al uso, que desfilarán por la noche en una procesión errante en busca de diversión y festejos "chunda chunda", el paseo de Caballos es tomado por los verdaderos protagonistas de la fiesta aun a riesgo de ser tachados de rancios. Los enganches dieron lustre a una feria desmejorada ante la expectante mirada de los que buscaban refugio en alguna caseta para refrescarse.

Los trajes de gitana lucieron a las mil maravillas en el único sitio posible. Las pandas de verdiales ofrecieron alguna muestra de viveza musical en ese entorno donde sí podían ser escuchados.

Mientras en el centro, los porteros de las disco-pubs recaudaban los escasos euros de los feriantes más deseosos de fiesta. La música pachanguera se imponía en los locales habitualmente más independientes. Los "heavys" no encontraron ayer su hueco, ni tampoco los que buscaban, cosa rara, una sevillana que bailar o una malagueña que escuchar.

Esta es la feria de Málaga, ni más ni menos, un canto a la heterogeneidad, una oda a la relatividad. Una visión autóctona del desparrame sin medida, un macrobotellón sin restricciones ni guettos, una licencia al sinsentido bajo el lema de la apertura.

Pero no se crean que nuestro caso es único. Otras ciudades también han sufrido un asedio similar por aquellos que aprovechan un tiempo donde apenas hay normas y donde la llamada al civismo no puede ser más que una utopía. En esas otras ciudades han tomado medidas al respecto aún a riesgo de ser impopulares. Los efectos, seguro, no pueden ser peores que la actual y triste realidad. Lo único que hace falta es iniciativa y tener los principios claros acerca de lo que es una fiesta, que es lo que se celebra y para qué se celebra. Y es que siempre hay una música que amanse a las fieras. Lo malo es que no se toque.


Tags: Feria de Málaga 2008

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