
En una "primavera de sangre y martirio" dos jóvenes
malagueños fueron torturados hasta la muerte por defender los valores y la fe
cristiana en tiempos de Diocleciano y Maximiliano allá por el siglo IV. Tras la
reconquista de la ciudad efectuada por los Reyes Católicos, el pontífice
Inocencio VIII tras recibirlos en embajada y felicitarlos por la importantísima
victoria política y militar les indicó y resaltó en un Breve Apostólico ese
fatal destino que sufrieron aquellos vecinos convencidos en los tiempos revueltos
de la Antigüedad de que Jesús era el enviado por Dios para redimir a los
hombres a pesar de que las autoridades les obligaran a adorar a las divinidades
paganas.
Cuentan que aquellos Reyes cristianos que llegaron a las
orillas del mar por el camino de Colmenar a finales del Siglo XV, quedaron
consternados con aquella barbarie y comprometidos con la causa cristiana,
decidieron proclamarlos Patronos, incluir sus efigies en el escudo de armas de
la ciudad y hasta consagrarles un templo en su honor, que no fue cualquier
templo, sino una de las cuatro parroquias fundacionales.
Desde entonces y hasta que a los "progres" les dio por
olvidarse de aquellos que con "su sangre nuestros campos un día regaron" y que
hoy día recogemos como frutos de la evangelización de nuestra tierra, la
conmemoración de la festividad de los Patronos ha sufrido intermitencias
históricas, aunque según nos relatan los historiadores, nunca ha caído en el
olvido popular ni ha dejado de considerarse su fecha, la del 18 de junio, como
una fiesta fundamental a lo largo de los siglos, que además se vinculaba
directamente a la Corporación Local, cuyos regidores sacaron durante años las
andas de los Santos y destinaron importantes partidas económicas "a la
organización de festejos taurinos, juegos de cañas y de parejas, así como a la
organización de la procesión".
Más de 500 años después, la celebración de la festividad de
los Santos Patronos parece haber tomado otro color a pesar de que las instituciones
aún no hayan dado el paso definitivo hacia una total recuperación de la misma
en su aspecto más corporativo y popular. En el ámbito espiritual y de culto, la
labor de la Congregación, actualmente dirigida por Jesús Javier Jurado, está
siendo inconmensurable. Desde su reactivación en la década de los noventa, el
trabajo desde entonces ha sido oscuro, casi íntimo y no exento de dudas. La
empresa ha sido dura y exigente, con la presencia de muchos obstáculos en el camino, el cual se
ha ido recorriendo sin pausa pero sin prisa.
Hace ya 22 años que no existe en el almanaque la oficialidad
de su Recuerdo. Pero la verdad es que ni falta que hace. La memoria de

aquella
"juventud de sereno mirar" sigue vigente en el callejero y en el escudo de
armas de la ciudad. Sus semblanzas se reparten en las estampitas de su recuperada
y cada vez más respaldada procesión. El barrio de la Santa culmina el
desarrollo urbanístico de la ciudad mientras gran parte de las familias
malagueñas han optado por ponerles a sus hijas tan delicioso y femenino nombre
y por esos son las terceras en preferencias. En las aceras de la Escuela de
Idiomas aún se respira el dolor vigente en las mañanas de mercadillo y en los
domingos de partido en un paseo llamado de Martiricos a la ribera del
Guadalmedina. En el trasiego de una conocida marisquería. En la tan céntrica y cofrade
Parroquia presidida por el nuevo y flamante mosaico. En aquella calle Santos
donde estuvo la panadería donde se conocieron los que supieron llevar su fe
hasta las últimas consecuencias. Y como no en la portada de nuestra Catedral
como testigos inmemoriales de tantas y tantas visitas foráneas y propias.
En todo ello queda un legado perenne y verdadero. Populoso y enraizado
aunque pueda parecer lo contrario. Tan sólo necesita un pequeño empujón, una
revisión para adaptarse a los nuevos tiempos y exigencias. Aunque sea
sacrificando su día para realizar su desfile procesional en el sábado posterior
y se deba acudir a pretextos materiales como el acompañamiento musical de
bandas de relumbrón como la Agrupación Musical de los Afligidos de Puente Genil
la cual lo ha venido haciendo brillantemente en los últimos años. Todo para que se proclame la mayor Gloria de los Patronos de Málaga mientras sus vecinos le rezan su himno: "¡Oh, Patronos!, haced que florezcan y que frutos
cuajados ofrezcan hoy que luce en lo alto ya el sol."
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