lunes, 02 de junio de 2008
Vuelta a la normalidad. Regreso a las populosas y desvencijadas calles del Barrio. Sin embargo, su viaje al centro de la ciudad el pasado año no ha resultado ser una aventura en balde. Había gallardetes y colgaduras en las farolas que recordaban lo grande de una efeméride que pasará a la historia de la corporación salesiana. Y el público se hizo notar en el retorno a lo ordinario. A lo de siempre. Quizás en mayor medida que otros años. Muchas señoras mayores dirigían sus miradas de ojos vidriosos a la estampa de aquella Virgen que vio crecer a sus hijos en las correrías del Colegio Salesiano. La acompañaron por las aceras, incluso en su ascenso por la dura pendiente de la calle Empecinado, a las faldas del Cuartel. Otros muchos cumplieron su promesa de volver a rendirse ante sus Plantas probablemente porque la intuyeron por primera vez en las calles del centro y pronto se sintieron en deuda con Ella. Hubo explosión de júbilo al llegar a la Iglesia. Las hermandades capuchinas no faltaron a la cita emocionada con la otra Gloria del Barrio. Las cornetas de la banda de música entonaban una y otra vez la misma y alegre pieza para sumar con esfuerzo un hombro mas en el varal del Amor.


¡Que no decaiga el Amor populoso por la Auxiliadora de los Cristianos! parecieron decir sus portadores.

¡Que viva la Madre de Dios! ofertaron sus devotos desde diversos balcones, con papelillos y estampitas.

La tarde templada en el barrio rezumaba un aroma especial. Don Bosco volvió a subirse al estrado de madera para impartir sus doctas lecciones marianas de Amor y Ternura pero esta vez en la calle. Nos enseñó a rezar en silencio. Nos abrió el camino de la Verdad. Pero ya nada era como antes y así nos lo hizo saber. Al fin el referente devocional mariano de la ciudad había encontrado su sitio. Y tuvo que ser tras un paseo allende sus fronteras habituales. Con trajes oscuros, como el propio Santo Domingo el Savio cargado por los más "pequeñajos" de esta gran familia, y con el trono de los Hermanos Caballero que mejor pudiera concebirse para tan Magna Estampa. Ahora lo difícil no es llegar sino mantenerse. Saber hacer llegar la dulzura de la Virgen en procesión no es tan complicado como parece. Mas que nada porque Ella ya ha hecho lo más difícil. 100 años, como mínimo, dan para mucho. Tan sólo hay que saber conjugar esos mimbres de privilegio con mesura y templanza.





Publicado por tontodecapirote84 @ 15:38  | Málaga
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