"Haced esto en
memoria mía"
"Esto es mi
cuerpo dado por vosotros, esta es la sangre de la alianza derramada por
muchos"
"Amaos, como Yo
os he amado"
Se equivocan los que creen que una de las celebraciones
católicas más importantes aún conserva ese respaldo popular tal como le ocurre
al Jueves Santo, la Resurrección o la Navidad. De la foto engañosa en la que
aparecen los beatos trajeados en la Misa del Gallo ya solo quedan por estas
fechas las

ancianas cotidianas que visitan los templos con la misma frecuencia
con que la hacen al practicante, a todas luces una cuestión vital, pues todas
ellas saben mucho de Hostias.
En España, la festividad del Cuerpo de Cristo o Solemnidad
de la Sangre y Cuerpo de Cristo perdió absolutamente su relevancia cuando la
jornada dejó de estar marcada en rojo en los almanaques de los esforzados
"mileuristas" y en las cábalas de los funcionarios, los cuales ya no podían
hacer encaje de bolillos con los asuntos propios para poner una piedra mas en
el acueducto del absentismo.
En nuestro país se consagran las fiestas al día del trabajo en el
que todo el mundo descansa y los que se manifiestan lo hacen un poco por no
perder la costumbre; a la Hispanidad, del que poca gente sabe que es el día de
la Virgen del Pilar, la patrona de Zaragoza y de la "nostra terra" y a la
Constitución con la Inmaculada, el 6 y el 8 de diciembre, aunque muchos duden
razonablemente cuál corresponde a cuál. A San José ya le quitaron la fiesta de
su onomástica para quemarlo en un ninot con traje de fallera porque ¿qué
sentido tiene que sea festivo el día del padre? Un auténtico "petardo".
La ciudad de mis días marinos despertó ayer con la
sensación habitual de desasosiego propio de quien respiró por sus calles
aquellos efluvios especiales de la mayor festividad de la cristiandad tal como
si hubiera venido emanada de un soplo divino y que hoy no es más que el
resultado de las andanzas de quien tiene que cumplir una obligación pero que lo
hace de mala gana, con prisas y sin reparar el significado propio de la Conmemoración
mas allá de los desfiles externos. Comprensión que algunos piden en profundas
homilías y discursos, evangelio que pretendidamente pretende inculcarse en los
fieles pero que, como en otras tantas cosas de Dios, nunca se predica con el
ejemplo. "La Eucaristía no es sólo canto y solemnidad" advierte un conocido
Canónigo Magistral. La Iglesia celebra su gran fiesta religiosa convocando a
los fieles a esa gran "Asamblea eucarística que se reúne en el Templo principal
de la Diócesis y que tiene su prolongación en las calles del centro".
Todo ello está muy bien sobre el papel, porque esa Gran
Llamada que anunciaban las voces autorizadas y que tan bien quedaban enmarcadas
en los bellos textos de las encíclicas eclesiales casó contraria a lo que
realmente fue la Máxima celebración Eucarística del Año y no sólo en referencia
a la procesión si no a todo el conjunto de celebraciones programadas.
VÍSPERAS DESAPROVECHADAS
Ya el Sábado de Vísperas mosqueó enormemente como se cayó
del cartel la banda municipal que, como en años anteriores, iba a interpretar
marchas y piezas eucarísticas en la escalinata de la Catedral. Y digo yo, ¿para
que si no están estos "funcionarios" cobrando del erario público sino es para
estar donde deben estar en los eventos más importantes de la ciudad? En lugar
de ellos estuvo una banda de cornetas y tambores, la de la Estrella, que sin
afán de lucro llenó las calles de sus humildes sones en la llamada inauguración
de los altares (a pesar de que muchos aún no estaban ni en proyecto de

montaje). Como pudieron, cumplieron el trámite tocando pasacalles como "Piratas
del Caribe" para amenizar el estreno. Lo inadecuado de la banda sonora de las
Vísperas no fue culpa de una banda cuya misión no tuvo que ser esa ni mucho
menos.
Poco a poco y a lo largo de la tarde- noche fueron tomando cuerpo
los altares que iban a engrandecer el paso del
Santísimo en las zonas de la calle del Marqués de Larios, Granada, Pza
Spínola, del Carbón y del Siglo. Como siempre en estos temas, deben destacarse afortunados
ejemplos de arte efímero como el de la hermandad de los Remedios u otros igual
de dignos aunque menos medios, al igual que deben mentarse otros desafortunados
ejemplos que quedaron absolutamente adocenados bien por ser impropios ( mas
parecido a culto internos penitenciales) u otros, como el de la Agrupación por
contar con elementos absurdos (como un Santo Tomás del Misterio de la Cena
"encarnando" a Jesucristo con una Samaritana de Salutación) con una pretendida
intención de tomar el pelo a los transeúntes entre hojas de palmeras. La
conducta de la Agrupación nos deja bien a las claras por donde se pasan los
dirigentes cofradieros la celebración del Corpus Christi, sobre todo si no hay
sillas, ni tribunas donde poder hacer caja.
Todo lo contrario que la loable labor de algunas
asociaciones y prohermandades que contribuyeron

enormemente, cada una en la
medida de sus posibilidades, al engrandecimiento de la fiesta lo cual no se
manifestó en las hermandades de penitencia cuyas aportaciones al efecto fueron
nulas.
Lo mejor del escenario eucarístico que se iba pintando sobre
los distintos enclaves de nuestro centro histórico, sin duda, lo supuso el altar
de la Adoración Eucarística que, este año, contó con la presencia (mucho más
relevante que en la Plaza de la Constitución) del Señor de la Sagrada Cena en
la fachada principal de la Catedral.
PROCESIÓN RÁPIDA Y TORTUOSA.
Tras la Función Solemne celebrada en el Primer Templo de la
Diócesis, la procesión eucarística se echó a andar por la Puerta de las Cadenas
de la Catedral buscando cumplir con la cita anual que exige la presencia del
Santísimo por las calles de la ciudad para la admiración y contemplación de los
fieles. Los

defectos observados en el desarrollo del desfile fueron cuasi
calcados a los enumerados el año precedente. Hasta los cortes en la procesión
se sucedieron en los mismos puntos como si se siguiese un guión preestablecido
de despropósitos. Los pitos de la policía local desviando el tráfico, el corte
en Sancha de Lara y la desorganización en cuanto a los "tempos" de la procesión
fueron, otra vez más, las notas destacadas del evento lo cual deja muy a las
claras el interés que hay por parte de los responsables de mejorar las cosas o
siquiera corregir los defectos que se repiten un año sí y otro también.
A todo esto hay que sumar la lluvia, que menos mal, tan sólo
hizo acto de presencia en forma de pequeñas gotas en varios instantes, pero que
colaboró insospechadamente en que se "metiera la directa" para recoger cuanto
antes los trastos y los santos, lo que aprovecharon algunas hermandades para
pegar una insólita "espantá". A la carroza donde iba depositada la Custodia de
Seco Velasco no le habían pasado ni un algodoncito del "Aladin". Daba pena que
no brillase en todo su esplendor simplemente por una desgana sangrante. Al
menos por otra parte, a los jóvenes seminaristas, este año les había dado por
guardar un tanto el decoro y vestían preceptiva alba.
Por otra parte, se echó de menos la presencia de la
Hermandad de las Penas cuya representación estaba mas que preparada pero que
finalmente y por desavenencias con el Obispado (que ha denegado la concesión
del título de la Archicofradía Sacramental de la Santa Caridad) no se hizo
efectiva, entendemos que por los modos y las intenciones, que al parecer de las
Penas, se han dejado traslucir en el discurrir del asunto. En cualquier caso si
estarán en la Octava de la Parroquia de los Santos Mártires.
LA VUELTA DE LA CENA, LO MEJOR
Sin duda lo mejor de la jornada eucarística fue su cierre.
Lamentablemente tuvimos que esperar a bien entrado el mediodía para poder
admirar algún tipo de esmero organizativo que sin ser un alarde

escénico
impecable dejó muy buen sabor de boca sobretodo por lo inédito y lo original de
su desenvolvimiento.
El momento de la jornada estuvo en el contraluz que se
adivinaba desde el interior de la Catedral cuando el Señor de la Cena retornaba
desde su Altar al primer templo por la Puerta principal y se dirigía a
continuación por las naves catedralicias para salir de nuevo por el Patio de
los Naranjos. Un silencio peculiar con el único e imponente protagonismo del
Señor del Cáliz surcando la inmensidad de los muros catedralicios alejado de
toda la bulla y los sonoros vítores a los que está acostumbrado esta
corporación en su salida penitencial de Semana Santa. Sin colegio Apostólico y sin su
barco dorado. Sin música y sin homenajes festivos. Sólo la maestría de su
Estampa impartiendo su Bendición en unas severas andas bien exornadas con
motivos varios. Después ya en la calle y con el sol radiante reflejado en su
rostro volvió la música y el murmullo. Pero antes, había sido protagonista el
Señor en cuyo rostro se adivinaba un claro Mensaje que no fue capaz de
transmitir la curia ni en la procesión antecedente ni en los profusos y
elaborados discursos: "Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna que será derramanda por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía".