Canto a Córdoba.-
Ellos la hicieron para la vida y el amor.
Tenían un río y en sus lindes agotaron la belleza.
Se merecía fuentes, agua cristalina, naranjos, lugares recogidos para el rezo y
el placer, y la abrumaron.
La sometieron al yugo suave del tiempo lento, al azote de las flores, al castigo de los aromas y las fragancias.
Los teoremas y las tesis claman en los arcos y en las
bóvedas.
Sus calles meditan.
Sus aceras nos devuelven nuestro eco y nuestra sombra enajenada.
Sus hombres y sus días tienen esquema, la armonía de la razón.

Sus casas y sus patios quieren la luz atrapada, para herirnos.
Si camino, el aire me inunda, me intimidan los muros blancos
y vuelo a los balcones y las azoteas.
Si miro, rosas, claveles, geranios, rayos directos al corazón.
Si bebo, soy pez y sangre desatada.
Si pienso, quiero poemas, silencio en las almenas y los
campanarios.
Si la mujer viene, ya sé cómo enamorarla.
Si quiero salir de su cárcel, no puedo.
Si muero, dejadme para siempre boca arriba, que pueda verla al amanecer.