Las vísperas tienen su encanto. Y también cada vez mas
fuerza. Nazarenos por doquier colmando ilusiones de barrios humildes que
olvidan por unas horas las penurias diarias y los contratiempos eternos. Las
primeras puntadas al manto envolvente de la Semana Santa se la dieron ayer las
corporaciones de esa otra Málaga que también suma, a pesar de la discreción,
que también reza por las calles y muestra, en mayor o menor medida, que sabe
hacer Semana Santa. Todas suman. Desde la matinal procesión de infantes que apenas
alcanzan un palmo del suelo por las calles del centro histórico con los tronos
de juguete y los cirios imaginados en un recorte de papel, hasta la realidad
sugerente de la maestría cofrade ejercida un año más por la Archicofradía de la
Expiración cerrando el Viernes Del Dolor. Del dolor de su Madre. Y es que todo
esto es Semana Santa.
Las Vísperas son como el germen de las cosas. Son el universo informal de
partículas sin sentido que acaban por culminar en la mayor explosión de la
historia: el Big bang del Domingo de Ramos. Las vísperas conforman ese paradigma cosmológico que
explica el origen y la evolución del Universo cofradiero. Porque toda la
riqueza visual de los días grandes tuvo un antecedente severo en una procesión
de Viernes de Dolores, acaso antes, una ilusión de tertulia sin más materia que
la intención, sin mas átomos primigenios que los propios sueños.
La mañana para algunos había sido agitada por la cantidad de templos, casas de
hermandad y también algún tinglado (aunque cada vez menos, afortunadamente), que
había que visitar. La nota predominante en esa vuelta protocolaria de Viernes
previo fue sin duda la ingente cantidad de estrenos con los que contarán
nuestras cofradías. Y además probablemente sea ésta la edición
"semanasantera" en la que más tronos de nueva factura saldrán por las
calles de la ciudad.
El paseo por la carrera oficial soleada también se hizo deliciosa. Los
reposteros de Larios y Granada han venido a crear una estampa indudablemente
soberbia, que contrasta con la que no hace tantos años nos deparaban éstas
caóticas vías atestadas de vehículos, personas y luminosos antiestéticos
pendiendo de las fachadas irreconocibles. Por eso algunos se paraban para otear
el ambiente, aún a riesgo de ser atropellados por enchaquetados, móvil en mano,
resolviendo gestiones de última hora.
TARDE DE CONTRASTES
La tarde dio para mucho por lo que sería imposible dar cuenta exhaustiva de
cada una de los eventos acaecidos en esta ruidosa e impaciente antesala que hoy
tendrá continuidad en la misma medida.
Hubo absolutamente de todo y para todos. Hubo barrio como antes se ha dicho
mucho barrio.
Mediadora en Girón y Las Delicias, puso la calidad, como siempre, sobre la
cantidad. Aunque no ha de olvidar donde se mueven sus instintos y cual es su
"caladero" de nazarenos y hermanos.
Encarnación en Dos Hermanas y Nuevo San Andrés, con la humildad y la sencillez
que para éstos núcleos tan particulares ya es mucho.
Medinaceli (aún proyecto de...) llegó hasta el Centro surcando un entramado de
calles imposibles desde La Roca-Martiricos. Se sintió la severa impronta del
trinitario Cristo que tallara Israel Cornejo, por el Arroyo de los Ángeles, la
Piedad, el llano Mariscal, la Paloma, San Julián, Pozos Dulces, el puente de
Armiñán, el barrio de la Trinidad, hasta La Roca. Lo dicho una locura en una
"pro" que deambula a golpe de impulsos.
Por su parte, dos corporaciones más veteranas, también dieron su particular
testimonio de fe en otros núcleos tan destacados de nuestra ciudad como son
Churriana y el Puerto de la Torre.
Otra alternativa igualmente atrayente para disfrutar el Viernes de Dolores fue
el transcurrir del Vía Crucis Oficial de la ciudad desde San Lázaro hasta el
Monte Calvario. Sí, oficial, que se dice pronto. Pero no hubo autoridades, ni
ningún miembro de la Agrupación de Cofradías para presidir tan important
evento. Aquí no hubo estruendo musical ni sonidos de campana, sólo reogimiento
y sabor penitencial de los pocos que aún saben paladear la esencia de las
cosas, la liturgia de los ritos únicos sin añadidos materiales o escénicos.
Viernes de Dolores hubo para todos y de todos modos. Y hoy,
las vísperas seguirán escribiendo en renglones dorados un prólogo único, antaño
inexistente. Servidas en bandeja de plata para seguir abriendo boca en lo que
va a ser una Semana Santa única en su comienzo. De su final se encargará la meteorología y el devenir de las circunstancias. A ello le corresponde en buena
medida la labor callada de los barrios y de los que en ellos cosen túnicas
juveniles, limpian alpacas humildes y sacan a las difíciles calles un oasis de
esperanza.