sábado, 15 de marzo de 2008
Las vísperas tienen su encanto. Y también cada vez mas fuerza. Nazarenos por doquier colmando ilusiones de barrios humildes que olvidan por unas horas las penurias diarias y los contratiempos eternos. Las primeras puntadas al manto envolvente de la Semana Santa se la dieron ayer las corporaciones de esa otra Málaga que también suma, a pesar de la discreción, que también reza por las calles y muestra, en mayor o menor medida, que sabe hacer Semana Santa. Todas suman. Desde la matinal procesión de infantes que apenas alcanzan un palmo del suelo por las calles del centro histórico con los tronos de juguete y los cirios imaginados en un recorte de papel, hasta la realidad sugerente de la maestría cofrade ejercida un año más por la Archicofradía de la Expiración cerrando el Viernes Del Dolor. Del dolor de su Madre. Y es que todo esto es Semana Santa.

Las Vísperas son como el germen de las cosas. Son el universo informal de partículas sin sentido que acaban por culminar en la mayor explosión de la historia: el Big bang del Domingo de Ramos. Las vísperas conforman ese paradigma cosmológico que explica el origen y la evolución del Universo cofradiero. Porque toda la riqueza visual de los días grandes tuvo un antecedente severo en una procesión de Viernes de Dolores, acaso antes, una ilusión de tertulia sin más materia que la intención, sin mas átomos primigenios que los propios sueños.

La mañana para algunos había sido agitada por la cantidad de templos, casas de hermandad y también algún tinglado (aunque cada vez menos, afortunadamente), que había que visitar. La nota predominante en esa vuelta protocolaria de Viernes previo fue sin duda la ingente cantidad de estrenos con los que contarán nuestras cofradías. Y además probablemente sea ésta la edición "semanasantera" en la que más tronos de nueva factura saldrán por las calles de la ciudad.

El paseo por la carrera oficial soleada también se hizo deliciosa. Los reposteros de Larios y Granada han venido a crear una estampa indudablemente soberbia, que contrasta con la que no hace tantos años nos deparaban éstas caóticas vías  atestadas de vehículos, personas y luminosos antiestéticos pendiendo de las fachadas irreconocibles. Por eso algunos se paraban para otear el ambiente, aún a riesgo de ser atropellados por enchaquetados, móvil en mano, resolviendo gestiones de última hora.

TARDE DE CONTRASTES
La tarde dio para mucho por lo que sería imposible dar cuenta exhaustiva de cada una de los eventos acaecidos en esta ruidosa e impaciente antesala que hoy tendrá continuidad en la misma medida.

Hubo absolutamente de todo y para todos. Hubo barrio como antes se ha dicho mucho barrio.

Mediadora en Girón y Las Delicias, puso la calidad, como siempre, sobre la cantidad. Aunque no ha de olvidar donde se mueven sus instintos y cual es su "caladero" de nazarenos y hermanos.

Encarnación en Dos Hermanas y Nuevo San Andrés, con la humildad y la sencillez que para éstos núcleos tan particulares ya es mucho.

Medinaceli (aún proyecto de...) llegó hasta el Centro surcando un entramado de calles imposibles desde La Roca-Martiricos. Se sintió la severa impronta del trinitario Cristo que tallara Israel Cornejo, por el Arroyo de los Ángeles, la Piedad, el llano Mariscal, la Paloma, San Julián, Pozos Dulces, el puente de Armiñán, el barrio de la Trinidad, hasta La Roca. Lo dicho una locura en una "pro" que deambula a golpe de impulsos.

Por su parte, dos corporaciones más veteranas, también dieron su particular testimonio de fe en otros núcleos tan destacados de nuestra ciudad como son Churriana y el Puerto de la Torre.

Otra alternativa igualmente atrayente para disfrutar el Viernes de Dolores fue el transcurrir del Vía Crucis Oficial de la ciudad desde San Lázaro hasta el Monte Calvario. Sí, oficial, que se dice pronto. Pero no hubo autoridades, ni ningún miembro de la Agrupación de Cofradías para presidir tan important evento. Aquí no hubo estruendo musical ni sonidos de campana, sólo reogimiento y sabor penitencial de los pocos que aún saben paladear la esencia de las cosas, la liturgia de los ritos únicos sin añadidos materiales o escénicos.

Viernes de Dolores hubo para todos y de todos modos. Y hoy, las vísperas seguirán escribiendo en renglones dorados un prólogo único, antaño inexistente. Servidas en bandeja de plata para seguir abriendo boca en lo que va a ser una Semana Santa única en su comienzo. De su final se encargará la meteorología y el devenir de las circunstancias. A ello le corresponde en buena medida la labor callada de los barrios y de los que en ellos cosen túnicas juveniles, limpian alpacas humildes y sacan a las difíciles calles un oasis de esperanza.


Publicado por Desconocido @ 19:36  | Málaga
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios