Epílogo. Los andaluces teníamos ayer importantes deberes que
cumplir y, en buena medida, supimos hacerlo con holgura y satisfacción. Nadie
quiso renunciar a ejercer su derecho al voto. A votar por nuestros próximos
gobernantes y a votar por mantener viva la llama incandescente de las grandes
jornadas cuaresmeras. Y es que el Domingo de Pasión no es cualquier cosa. Hay
que cumplir.
Nuestra ciudad, tras la resaca del llano, desde el punto de
vista formal, pero hondo, desde el sentimental, pregón de Paco García, se echó
a la calle para familiarizarse con las calles del centro que, en breves,
convertirá las andas y los trajes seglares por la formalidad procesionera de
nazarenos y otras bellas realidades barrocas en forma de tronos procesionales.
Traslados, otra vez muy discutidos, pero masivamente apoyados. Y aquí no hay
excusa identitaria. El fenómeno es reciente y por eso controlable, antes de que,
efectivamente, se nos vaya de las manos como tantas y tantas cosas en esta
ciudad, de las cuales algunas ya no tienen arreglo.
Sevilla, por su parte, entregó su pregón a la maestría
reconocida de Antonio Burgos que quiso, a su vez, devolver a la ciudad con
gratitud, pero con chaqué y autoridades, los bellos epítetos que la
definen, como tantas veces había hecho y seguirá haciendo en sus recuadros.
Memorable su introducción interrogando a las piezas fundamentales de la fiesta:
¿estáis puestos? Inmejorable su recuerdo a los Grandes Maestros que no han
tenido la suerte de pisar el atril de los Sueños. Perfecto el ritmo lírico de
su ejecución cargado de escenas costumbristas salpicado de pinceladas cargadas de humor e ironía. Puyas frescas y contundentes hacia distintos temas
sociales evidentemente discutibles en su contenido. Pero ante todo Burgos en
Puridad, Burgos fiel a sí mismo y que es lo que deseaba Sevilla que para eso lo
había solicitado desde hace tanto tiempo para las tablas del Maestranza. Aplaudiera o no el
Alcalde, lo increparan o no desde el Paraíso, lo entendieran o no muchos
personajes. "He dicho". Has dicho, Maestro, y más claro imposible.
En Jerez se dio la mejor muestra de compromiso cofrade ante los distintos envites de la jornada; un Domingo de
pregón, de besamanos y besapies y de cumplimiento con las urnas. Colas en San Mateo.
Expectación en la Plazuela y San Telmo. Trasiego en Santo Domingo. Mientras, el
Padre Jesús pregonaba en la oscuridad atenta del Villamarta unos cálidos y
fervientes mensajes en ejercicio de esa especial virtud oratoria de quien está acostumbrado
a llegar al espectador tanto en su forma como en el fondo. Parece que la
Merced, patrona jerezana y reina Sevillana del Tiro de Línea no quisieron que
Don Jesús faltara a su cita y legara las palabras justas abriendo con amor y serenidad la Semana Santa 2008. Con un Milagro en mayúsculas. Con una
historia memorable y con una culminación igualmente feliz.