martes, 11 de marzo de 2008
Epílogo. Los andaluces teníamos ayer importantes deberes que cumplir y, en buena medida, supimos hacerlo con holgura y satisfacción. Nadie quiso renunciar a ejercer su derecho al voto. A votar por nuestros próximos gobernantes y a votar por mantener viva la llama incandescente de las grandes jornadas cuaresmeras. Y es que el Domingo de Pasión no es cualquier cosa. Hay que cumplir.

Nuestra ciudad, tras la resaca del llano, desde el punto de vista formal, pero hondo, desde el sentimental, pregón de Paco García, se echó a la calle para familiarizarse con las calles del centro que, en breves, convertirá las andas y los trajes seglares por la formalidad procesionera de nazarenos y otras bellas realidades barrocas en forma de tronos procesionales. Traslados, otra vez muy discutidos, pero masivamente apoyados. Y aquí no hay excusa identitaria. El fenómeno es reciente y por eso controlable, antes de que, efectivamente, se nos vaya de las manos como tantas y tantas cosas en esta ciudad, de las cuales algunas ya no tienen arreglo.

Sevilla, por su parte, entregó su pregón a la maestría reconocida de Antonio Burgos que quiso, a su vez, devolver a la ciudad con gratitud, pero con chaqué y autoridades, los bellos epítetos que la definen, como tantas veces había hecho y seguirá haciendo en sus recuadros. Memorable su introducción interrogando a las piezas fundamentales de la fiesta: ¿estáis puestos? Inmejorable su recuerdo a los Grandes Maestros que no han tenido la suerte de pisar el atril de los Sueños. Perfecto el ritmo lírico de su ejecución cargado de escenas costumbristas salpicado de pinceladas cargadas de humor e ironía. Puyas frescas y contundentes hacia distintos temas sociales evidentemente discutibles en su contenido. Pero ante todo Burgos en Puridad, Burgos fiel a sí mismo y que es lo que deseaba Sevilla que para eso lo había solicitado desde hace tanto tiempo para las tablas del Maestranza. Aplaudiera o no el Alcalde, lo increparan o no desde el Paraíso, lo entendieran o no muchos personajes. "He dicho". Has dicho, Maestro, y más claro imposible.

En Jerez se dio la mejor muestra de compromiso cofrade ante los distintos envites de la jornada; un Domingo de pregón, de besamanos y besapies y de cumplimiento con las urnas. Colas en San Mateo. Expectación en la Plazuela y San Telmo. Trasiego en Santo Domingo. Mientras, el Padre Jesús pregonaba en la oscuridad atenta del Villamarta unos cálidos y fervientes mensajes en ejercicio de esa especial virtud oratoria de quien está acostumbrado a llegar al espectador tanto en su forma como en el fondo. Parece que la Merced, patrona jerezana y reina Sevillana del Tiro de Línea no quisieron que Don Jesús faltara a su cita y legara las palabras justas abriendo con amor y serenidad la Semana Santa 2008. Con un Milagro en mayúsculas. Con una historia memorable y con una culminación igualmente feliz.


Publicado por Desconocido @ 0:55
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