lunes, 03 de marzo de 2008

A estas alturas de la película, algunos se encuentran embebidos y preocupados por las delirantes escenas que protagoniza la clase política en oratorias prefijadas por asesores de campaña en la que siempre se emplean los mismos latiguillos, las mismas fanfarronadas, las mismas promesas, vestidas de cifras, henchidas de pomposidad en el mundo oscilante de los devaneos capitalistas, gobierno de banqueros, crápulas y afortunados de postín. Son los que están pegados a la radio partidista, al periódico oficial del partido tal y los que siempre que aparezca el rojo o el azul en el fondo del escenario identifican los discursos enunciados por sus figurantes como verdades absolutas cargadas de razón inmanente. Y allí están, otra vez, cuatro años después, las mismas marionetas que entretienen al personal mientras son otros los que manejan los hilos con los bolsillos llenos, que son los de siempre, los que se ríen de la crispación, la extrema derecha y la desvergüenza.

Pero por otro lado también están los que pasan un poco del tema de los dimes y diretes de los bajos fondos, los que se pasan por los forros el mamoneo telúrico de la lección magistral de la demagogia y el casposeo tomatero de los mocitos felices de la “okupación” y las “banderas nazis” que tratan de ganar un poquito de protagonismo en las “Universitas Magistrorum et Scholarium” donde probablemente no brillen sus expedientes ni por supuesto sus progres rastas o rapadas cabezas llenas de serrín.

Concretamente en este rinconcito del sur de Andalucía,  donde una gran parte andamos un tanto resignados a la nueva gloria del Régimen clientelista del Señor Manuel, tratamos, en estas fechas de matar el tiempo con otros menesteres además de los profesionales de cada cual. Y es que tiene narices que una campaña electoral coincida de lleno con la ansiada Cuaresma y este año, además más tempranera, tanto que ya se encuentra en la recta final de sus atrevidas andanzas.

Precisamente ayer por la mañana cuando escudriñaba un afamado periódico oteando la actualidad que nos depara éstos días, fui a dar con uno de esos resquicios informativos en los que hay que pararse a pensar, y en los que te das cuenta de que en esta vida hay que relativizar la importancia de las cosas. A veces es las secciones cuaresmeras de los diarios, se publican algunos guiños oportunos, quizás introducidos sin segundas intenciones, que son capaces de darte un vuelco al corazón cuando los lees o los admiras, textos o estampas que no son los que llenan portadas o dan que hablar para un extenso artículo de opinión.

Los verdaderos símbolos de la Cuaresma están en las pinceladas, a veces robadas, que nos deparan los momentos íntimos que se producen tras el telón corrido. Eso signos que denotan la cercanía pasmosa de la tradición vernácula.

Después de empaparme de gráficos y encuestas, puntos arriba o abajo y de la vuelta del Salvador con mucho bombo, me encontré con la foto de la Cuaresma. Aquella que nos indica donde está le verdadera esencia y la grandeza que nadie nos puede robar sea quien fuere el inquilino del sillón presidencial. Y eso lo saben los que, vara en mano, surcan las callejas olvidadas del Pumarejo delante de un Paso de Palio en la tarde esperada del Domingo de Ramos. Y entonces, ya no volví a las primeras páginas.

La foto en cuestión, no era otra que la que retrataba la subida al paso de los Apóstoles del Misterio de la Sagrada Cena con las manos delicadas de los cofrades propios y los de la Exaltación, que a su vez, tampoco tuvieron ni que reclamar la ayuda necesaria para que, “los del Domingo” prestasen con la misma delicadeza su colaboración en el montaje del Palio de las Lágrimas. Y todo de puertas para adentro en el templo de los Secretos mientras Santa Catalina paga el pato de las inversiones al Metrocentro. Es esa foto suave, sin gestos vehementes, gráficos o poses con el gesto de la “v” en ambas manos. Curiosamente la que me hizo olvidar por un momento la vorágine electoral que colma la mayor parte del redactado de nuestros periódicos, de la que también se han contagiado los Obispos y algunos Consejos de Cofradías. Para ellos, me imagino supondría, un momento de evasión silenciosa en contraste con los mítines más multitudinarios, el tablón empapelado de carteles de cultos sin propagandas electorales, un sonido de fondo con notas procesionales de las mejores marchas de Tejera alejados de todo triunfalismo de los himnos políticos de los partidos en liza. Y los que pudimos saborear la foto pudimos hacernos una idea.

Y es que, caprichos del destino, este año hay dos carreras corriéndose a la vez por la misma pista y a distintas velocidades, puesto que hace tiempo que ya se dieron los correspondientes pistoletazos de salida. Y ustedes son libres de correr la que quieran, o inculso las dos. Aunque les advierto, se cansarán pronto. Pero en lo que a mí respecta, que quieren que les diga, prefiero disfrutar en el trote de una sola, la del 16-M, claro la del Domingo de Ramos. Porque aunque en el que viene tengamos la obligación de ejercer el derecho al voto, y a buen seguro, que lo haremos en mayoría, nuestro horizonte primario en este rinconcito de Andalucía es, además de cumplir con nuestros deberes, llegar a tiempo al florecimiento del azahar pues éste no entiende de estaciones si no de primeras Lunas. Y en la primera no importa llegar el último. Total hasta las 8 de la tarde hay tiempo de llegar. Y tu “tiempo” vale igual que el del primero.

Confieso me he dejado ir en la política. No me interesan los debates del “mas de lo mismo” y del “y tú mas”. Me interesa que ya están los priostes fundiendo la candelería de la ilusión, perfilando las líneas maestras del montaje de los pasos en las capillas imperecederas de los templos húmedos y que los buenos momentos se cuentan por Semanas Santas y no por victorias electorales.

Me declaro correligionario del Partido de la Espera Impaciente, de los Independientes del tesón y la grandeza. Me uno a las propuestas que sólo durarán una semana pero que al menos nos satisfacerán más que las que se quedan en la boca de las promesas eternas. Y que además, seguro se harán realidad en la mañana soleada del Domingo De Ramos porque esa espera si que tiene un sentido, aunque haya varas de mando, catenarias, maceros correveidiles y aparentes politicuchos implicados con la causa. Daremos un rodeo ante los impedimentos pero no importa. Pero le pese a quien le pese, hay una carrera que si llegará a su fin necesariamente, el 16-M claro. La otra, probablemente sólo cumpla la meta volante del nunca acabar, cuanto Don Antonio esté dictando gracia y sevillanía, el 9-M, claro, el Día del Pregón.

Eso sí, tengan en cuenta que este año la meta ha cambiado de lugar, no estará en la Anunciación ni en la arboleda del Parque. El 16-M, la bandera de cuadros negros y blancos, con el permiso de quien corresponda, estará en la “rampla”, junto a Don Juan, y si no llegan pronto perderán el sitio. Se lo aseguro.


Publicado por tontodecapirote84 @ 16:38  | Sevilla
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