Los caballos del Enganche con sus férreos cascabeles, cabezales y mosquetas de madroño, ya miran de reojo a los operarios municipales por si les cortan el paso eterno de la tradición sempiterna de esta bella tierra con los palcos inoportunos de los caprichos cofradieros. Los cocheros tirando de las riendas para frenar los impulsos desbocados de los equinos de bronce por los campos jerezanos. No hay respeto entre las tradiciones, ni de espacio ni de fechas. Las máscaras se confunden con los antifaces, las capas de nazareno con las de príncipes encantados, las varas con las espadas, los caballos de feria con los pasos de semana santa, los palcos con los farolillos y el gazpacho de Cristóbal con la Muerte “miguelangelesca” de la Victoria. Al Palquillo del González Hontoria, algunos se lo quieren poner por montera, mientras se oyen sonidos de clarines por Zaragoza, cornetas por la Avenida y sevillanas por la Porvera. Caprichos del calendario y decretazos de presidencia.
En las tertulias de las tascas antiguas con el Fino La Ina entre tapa y tapa se saca a regusto el tema de los temas. En Los corros oficiosos se dan pataletas, que no pataítas, muy flamencas, que se reproducen en privado, mientras se oficializan “si-bwanas” al Consejo de los despropósitos. Ese gusto por desandar lo ya andando, desdecirse de lo dicho, modificar lo clarificado, en que andan algunos empantanados para salir en los objetivos y rellenar páginas de historia, la verdad, da lástima. Es la retórica cofradiera oficial que algunos ya han bautizado como “nateradas”. Que suena a Danone, es decir “leche y habas”. Aunque lo cierto es que más lástima da el conformismo de parvulario, la reacción callada y la buena cara en la cita plenaria, el afán recaudatorio con palcos vacíos de madrugadas y cortejos exiguos de verdaderas penitencias, sonrojantes números con patrimonios excelsos, locuras de Caro con ochenta nazarenos.
El debate está servido. Otro año más. Como el bajo rendimiento de Ronaldinho y el poco juego del “Madrí”. Este año con antelación y con premura por la llegada del rito sin azahar en los naranjos y casi sin sol en las tardes señaladas.
Y luego están las lamentables consecuencias de la cada vez más extensa línea divisoria que bien pudiera albergar las pruebas de pretemporada del R28. Ni a la ida ni a la vuelta. Algunos se quejaban del Arroyo y Cruces por lo “desangelado” del entorno. Los mismos que ahora reclaman la vuelta a la Rotonda de los Casinos, nostalgia pura de lo que fue no hace mucho, sin “barrio San Pedro” con palilleras. Santa Isabel y Visitación, otrora las calles presuntamente salvadoras de la catástrofe, hoy son denostadas para mayor gloria y beneficio de los propietarios de sus fincas bien encaladas con “reposteros” de Titanlux.
Es lo que nos queda por los caprichos consentidos. “Los caprichos” que pintara Goya al representar con sátira la irracionalidad de sus congéneres, mostrando con una técnica majestuosa, visiones delirantes de seres extraños, defectos de la aristocracia y el clero. Una Semana Santa de tarde, de poca vuelta, de Tornerías y Carpinterías saturadas, con palcos de futuro, la Alameda Cristina con pasos en dos direcciones, la Vieja sin pasos ni nazarenos, el Cabildo solitario con cortejos de vuelta descompuestos y gran parte de las cofradías a dar el “Tour de Francia” por seguridad con mas minutos de paso. Es lo que han dispuesto unos con el beneplácito de otros sin percatarse de los vaivenes del electrocardiograma que toma el pulso a la Fiesta que a pesar de los pesares, aún sigue viva. Pero eso sí las arcas, presuntamente, están llenas y los hermanos mayores contentos mientras los capillitas confabulan rogando retrasos para disfrutar regresos, lamentándose de la poca siesta y los caballos del Enganche relinchan en aparente desconcierto viendo pasar guapas flamencas “parriba” y dorados pasos “pabajo”. Los gurús morados vuelven a advertir catástrofes como “cracks”, que seguro que no serán económicos, si no más bien populares por falta de apoyos. Los ciudadanos alguna vez se cansarán, digo yo.
Pero algunos no se enteran y siguen poniéndonos “a los pies de los caballos”, con Eguiluz por cojones con la carrera oficial mas segura del mundo, con la Cena volviendo de tarde como nunca, con la Piedad casi de mañana como siempre, por José Luís Díez a la carrera a por el premio de la Montaña mientras los Silencios se dedican a dar vueltas. Y la luna llena de Nissán deparándonos Pasos con chirigotas y tambores con pitos de caña. ¡Mamo…! digo, ¡Mamelones!
Tags: Semana Santa Jerez, Carrera Oficial