En el compás de la Feria expectante ya se apostan los sabuesos deseando se abran las puertas de la jaula para ser alimentados con las sobras, con la carnaza insatisfactoria de quienes no se hartan nunca ni sacian su devorador instinto. Merodean y husmean los desperdicios que, como en casi toda casa de vecino, al final siempre se sacan para que no huela y los recoja el basurero. Y allí, en el vertedero de la ignominia, en el contenedor de lo que no se quiere, algunos tratan de abrir las bolsas de basura para obtener tesoros, reutilizar desperdicios, reciclar podredumbres y construir bulos con pilares de cáscara de plátano, al grito de ¡aquí hay tomate!
El contenedor de la Feria ha sido manifiestamente ultrajado con pintadas de las que ahora se llevan y han esparcido los residuos por la puerta verde con pitones de oro. Para que no luzca. Para que vuelvan los demonios. Para lograr el cisma de los cismas cuando nadie ha dicho que no se pueda cargar con “tetas”. La gestión de estos asuntos sobrepasa a los hombres de bien que tratan los temas con naturalidad y no entienden de estrategias activistas. Revelos de quienes buscan hueco debajo de un palo sin importar Lo de Arriba ya sea en Córdoba, Sevilla o Bollullos de la Mitación. La cuestión es enorgullecerse de dejar salir la coleta por el costal, provocar situaciones límites con descaro mientras urden con otros, tomates morados con “flashes” y libretas de prensa.
Esta vez ha sido Montesión y pronto serán otras cofradías. El fenómeno de las féminas cargadoras “aquí y en Pekín” está por llegar y será bien recibido igual que lo fue el camino más corto de las primeras y anónimas nazarenas. Pero no a costa de dar protagonismo a pioneras del papel “couché”, aprovechándose del nuevo clima intolerante del “Papa es yonki”, las pintadas macarenas, el Instituto de la Mujer, la paridad cofrade, la homofobia eclesial y la anquilosada Semana Santa de Sevilla con patillas y “Barbour”. Igualdad de género, por supuesto, No a la discriminación, faltaría más, No al machismo cofradiero, me uno a la propuesta. Pero sin alfombra roja, sin alharacas, sin focos deslumbrantes con faja de Chanel, costal de Custo Barcelona y zapatillas de Manolo Blahnic. Por el camino mas corto, como lo hicieron las nazarenas sin nombres ni apellidos y cerrándose los temas en cabildos democráticos, masivos, que las cosas así saldrán por sí solas…
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