sábado, 22 de diciembre de 2007
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Me dicen que El Señor tiene que cambiar provisionalmente de Casa. Nadie lo quería así. Incluso se trabajaba la opción de acomodarlo junto a su Madre en esa zona del templo que otras veces había servido para que Él fuese testigo de las obras de su casa, como si dirigiera por sí mismo y a su gusto, las tareas a realizar a fin de lograr una mayor comodidad de sus propios hijos, aquellos que cada día reservan un ratito de sus quehaceres cotidianos, sin pretenderlo, para cruzar el umbral de su Basílica y hacerle ameno al Que Todo lo Puede, el pasar itinerante de la vida y de las penurias eternas. La vida de la propia Sevilla que pasa por delante del Gran Poder y de cada uno de los hijos, nietos y biznietos que desde tiempos inmemoriales vienen a rezarle en un rinconcito en San Lorenzo.

“¿A dónde se va?, No, su casa está en San Lorenzo, ¿cómo que se va?” preguntaba extrañada una tierna octogenaria que racheaba los pies al salir emocionada de la Basílica. “A Santa Rosalía, señora, porque va a hacer obras en la Basílica”. “Bueno, si así lo quiere el Señor, nosotros iremos a verle allá donde vaya”. Se conformaba la Señora que no recordaba en su ya dilatada vida que el Señor se hubiese mudado a otro rincón allende las fronteras de la Plaza. Desde 1965, año en que se mudó de la Parroquia a su propio templo, nunca se había producido un traslado de éstas características.

Ahora la vida de Sevilla seguirá pasando a través de los ojos del Gran Poder en un rinconcito en el que paradójicamente parece que la vida no pasa. El Convento de Santa Rosalía, donde éstos días se hace perenne el trasiego de carritos de bebés y de admiración infantil por las figuritas del Belén, ya aguarda la gloriosa Venida del Señor mas Humano de este mundo. Y arribará a aquel lugar donde quizás no pueda rezumar mas humanidad por todos las esquinas, allí donde las Madres que ya no se llevan, las anónimas menos conocidas que las que moran Santa Ángela, las que hasta hace poco también recibieron la venida del Señor de la Veracruz y de su Madre de las Tristezas, las que sólo entienden de pestiños de temporada hechas con manos de humanidad, como las Manos del Gran Poder, se encuentran ante la noticia que les premia su dedicación, duras vocaciones en tiempos de relativizaciones morales barrutando murmullos devocionales en las puertas de sus habituales silencios, en la estrechez de Cardenal Spínola.

En poco tiempo Santa Rosalía se convertirá en el centro neurálgico de la Humanidad de Sevilla, el oasis perenne de la parada silenciosa en los momentos en los que no pasa el tiempo. Gota a gota, genuflexión tras genuflexión. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Poco importa el alborozo y el trastorno de los Hijos que quieren casarse ante la Mirada del gran poder, poco importa la presencia de la Mesa de Gobierno, los sacrificios que supondrán el runruneo del trasiego de priostes y vestidores hurgando la intimidad robada de las religiosas de otro tiempo. Nada importa si a las entrañas del Templo llega la Bendición del Gran Poder, probablemente la única e histórica. Las buenas hermanas no escatimarán esfuerzos para que el Señor no eche de menos su Casa, porque Él ha elegido estar al cuidado de quienes cada día le imploran en la labor callada de sus actos, en el primor de las tareas desempeñadas e infravaloradas por la modernidad y las banalizaciones capitalistas.

Tags: semana santa Sevilla

Publicado por tontodecapirote84 @ 22:19  | Sevilla
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