"La intención de estas letras que quiero dedicarle, mi querido don Juan, no es otra que la de hacer patente a modo público, el incontenible deseo que en mi querido barrio de la Plazuela, late y vive como corazón de recién nacido, soñando, anhelando, deseando, y sabe usted que hasta rogando... la petición que yo ahora le traslado de manera oficiosa, de Coronación Canónica de Nuestra Señora de la Esperanza, Virgen guapa de la Yedra.
Sé sobradamente de la sorpresa que podrá causarle mi repentina súplica, porque además sé que la advocación de la Esperanza ya ha sido bendecida con tales honores, en la vecina y hermana localidad de Sanlúcar de Barrameda, conociendo y compartiendo además con usted sus directrices pastorales, las que con mano firme y a la vez amiga, “patronean” el timón de nuestra diócesis.
Pero sepa que mi voz, hoy pregonera por la Gracia de Dios, no es sino boca de volcán que de esta forma estalla, nunca principio y magma de una devoción que trasciende con mucho, muchísimo, mi humilde figura.. mi insignificancia en el espacio, lo que en definitiva viene a aseverarnos, que si no hubiera sido yo, hubiera sido cualquier otro hijo de la Esperanza, quien alguna vez se expresase en estos mismos términos.
Porque la Esperanza, don Juan, es algo más que una dolorosa.. más que la Virgen más o menos hermosa de una cofradía.. más que el bello tesoro rescatado de los años por la mano experta del amigo Paco Bazán...
La Esperanza, monseñor del Río, es Madre y es Pueblo, es Gracia y es Vida.. es Hermandad, y Amor y Paz, y Cariño...
Y por todo ello, y porque además, por la “Empedrá” creemos que somos fieles cumplidores de todo lo que exigen las directrices.. alzo en público este humilde ruego con anhelos de bendición episcopal, pero lo hago, como suelen hacerse las cosas por la Yedra, serena y pausadamente, que es como Dios obra desde el Sagrario con Suprema sabiduría.
No tenemos prisas, como tampoco, lógicamente, deseamos pausas.. y es que, hablando en plata, querido señor obispo, si tenemos que rezar, rezaremos.. si tenemos que desear, desearemos.. si tenemos que trabajar, trabajaremos.. y si para ver a Nuestra Madre, ceñida sus sienes por nuestra áurea ilusión, debemos antes.. ver cómo pasa coronada canónicamente por nuestra puerta la flamenca Virgen del Valle, pues sepa entonces, querido don Juan.. que esperaremos.
Porque así es aquel barrio, y así son las gentes de por allí...
No sé lo que usted conoce o desconoce de nosotros, pero ante mi duda, don Juan, sepa que los cofrades de San Telmo no son nuestros rivales, sino nuestros hermanos, y la guapa Virgen de la Ermita, no es sino nuestra misma Esperanza, vestida en rojo, como Reina del Viernes Santo.
San Telmo y la Yedra.. ellos y nosotros, somos un mismo deseo, como un solo cuerpo son el “Campillo” y la “Hoyanca”, cauce común de nuestra historia más íntima y personal.
Además de todo, sepa que la Esperanza, forma parte de esa trilogía aun no bautizada, de nuestro inmaterial patrimonio cofrade, y es que todo Jerez conoce que existe la “Noche de Jesús”, como existe la “Tarde del Cristo”, pero también, y cada año, rompe la frontera de esas dos devociones cristíferas, la estampa en el alba de una Virgen que para el sol por los tejadillos, cuando nace la “Mañana de la Esperanza”.
La mañana es...símbolo del Nacimiento...campanilla de maitines...saludos a quien te encuentras...y gracias a Dios por la Vida.
La mañana es.. cada mañana es.. como una eterna letanía de cosas nuevas, siempre un nuevo parpadeo en los ojos de mi Esperanza.
Dicen, don Juan, los que como usted nos llegan de fuera, que a la hora de elegir vino en Jerez para brindar por vez primera, resulta más sencillo degustar un buen fino, que soportar un mejor oloroso.
El fino es fiesta.. y el oloroso es tierra...
El fino es frío.. y el oloroso es aire...
El fino es campo, y el oloroso.. roble...
Siempre es más duro el oloroso que el fino, y algo así es lo que sucede con la Esperanza, que es dura, y muy de dentro...
Pero por eso mismo, mi querido Obispo, como Dios es, evidentemente sabio, sucede que uno de esos días que andan perdidos por la memoria, uno siente de repente, cómo le brotan cosas nuevas en el corazón, y entonces.. y sin saber cómo, ya es capaz de saborear el oloroso, como es capaz de mirar de frente a la Esperanza.. y es entonces, cuando se tiene la certeza de que Jerez te ha adoptado.. y es entonces, cuando uno sabe que ya siempre, por siempre.. será un jerezano más.. como Dios lo es...
Ojalá don Juan, el oloroso de la Esperanza, aquel que creó el mismo Cristo cuando se acabó el costo en las Bodas de Canaá, le ayude a saborear si cabe un poco más, el aire de esta tierra que tanto le quiere.. le ayude a soñar, como soñamos todos por la Yedra, con un sol de oro... coronando de Amor a la Esperanza..
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