martes, 04 de diciembre de 2007
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Todavía quedaba resaca de noche concurrida y de frío nocturno en la plaza de las Cuatro calles perfectamente ataviada de Adviento americano y de luces de bajo consumo, que como remedio opiáceo de las preocupaciones mundanas, se han hecho al cielo malagueño para presidir la llegada de la Luz navideña que, paradójicamente, siempre esconde más sombras y oscuridades que brillos propios por la felicidad impuesta.

Y al abrigo del árbol gigante de Navidad, que campea altivo en la plaza de la Bandera, se coló la pequeñez mesurada de la Gloria Mariana. Pequeñez por su enjuto y recato rostro pero inabarcable por su Grandeza omnicomprensiva. Se postró humilde, el árbol navideño, ante los pies de la Reina a su paso largo camino de la Puerta del Mar donde algunas cosas debían recordarse. Acompañada por los mismos de siempre, los que haya luces en las calles, haya tambores o cornetas, palios, mantos, abigarrados misterios, izquierdos, campanas, andas, maremágnums cofradieros, sea Navidad, Verano, Otoño o Primavera siempre marcan un rojo preferente en sus agendas para surcar calles en la avidez lógica de quienes nunca se sienten llenos de momentos de delicia.

No hay mes en el año que no nos depare algún guiño celestial de instantes visuales de belleza aunque ello suponga romper con el curso vital de la ciudad que ya se prepara para la Venida, del Niño Jesús sí, aunque relativizada en estos tiempos que corren por la llegada materialista de numerosos presentes de demostración, mas consumista que fraternal, mas temerosa que significativa. Poco nos importa al colectivo cofrade, egoístamente, que no haya nacido aún el Niño para querer ya que crezca y nuestra Madre llore desconsolada en la belleza de la interpretación andaluza de sus trazas, suaves y delicadas, por el crudo sometimiento sufrido por su Hijo a los 33 años que nosotros resumimos en pocos meses. Poco nos importa que no sea Mayo, el Mes de las Glorias, ni octubre, mes del Rosario, y mucho menos nos importa que la sencillez de su trámite sea ensalzado cual elegía procesionista con la excusa aparente de no llevar banda de música ni decenas de portadores.

Cualquier excusa es buena para echarse a las calles para gritar a las claras ¡que viva la Madre de Dios!, en los tiempos que corren de banales acervos laicistas que pretenden despojar a las ciudades de sus entrañas mas divinas, de sus tesoros ocultos y de su propia cultura. A escasos días de celebrar la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, que nos deparará celestes estampas de vivas y proclamas al fragor del incienso y el calor de los templos, nos vino bien despedir el año externo con la presencia del Mayor Remedio de la Cristiandad. Remedio de los Pobres, Remedio de los Infieles, Remedio de las Almas, Remedio de los Pecadores, Remedio de la Sinrazón y Remedio de la intolerancia. Sin más público que el de siempre, sin más artificio que el de sus cirios escoltas y sin más música que la de un grupo de cantores que se erigió en la batuta de nuestras unívocas oraciones, nuestras pequeñas peticiones y nuestros íntimos cánticos.

Seguid así, siempre de frente…

Tags: Remedios, Glorias, Málaga

Publicado por tontodecapirote84 @ 14:59  | Málaga
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