jueves, 08 de noviembre de 2007
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Lástima que pudiendo destacar muchos factores de una salida extraordinaria sea en la ciudad que sea, últimamente se haga noticia del fenómeno “cangrejero”. Término acuñado por los modismos progre-cofrades conforme a los cuales se pretenden limar imperfecciones imposibles, las asperezas del supuesto canon procesionero que deben ser erradicadas según algunos sectores. Las asociaciones de nuevo cuño en búsqueda de la perfección procesional entendida como un desfile con “gradas”, separación estricta de metro setenta y cinco entre nazareno y nazareno, y del logro absoluto del efecto acordeón en la subida y bajada de los cirios al cuadril desde la Cruz de Guía hasta la cuadrilla impertérrita de acólitos. Son los que reclaman el protagonismo de la excelsitud supuesta que en realidad no existe, ni allí, ni aquí.

Decía Antonio Burgos que los presocráticos fallaron en Sevilla porque sí que te puedes bañar dos veces en el mismo río, en el río del rito que se repite cada año desde tiempos inmemoriales, y no eran otros, que los ríos de personas que se arremolinaban en las inmediaciones de las andas. Los muchachos jóvenes que pasaron a ocupar el lugar que ya ocuparon sus padres y sus abuelos. En las mismas calles y con los mismos pasos. Porque la Semana Santa no es otra cosa que la unión indisoluble entre la representación teatral con el pueblo, que protagoniza un papel activo, ya sea vestido de nazareno, cantando una saeta, levantándose en un palco, llenando las delanteras de los pasos con trípodes y flashes o cubriendo las espaldas a los capataces. ¡Llama a la derecha “alante” Martín, que se te va ese varal!

Por eso cuestionar esa unión no denota más que un curioso cinismo corporativo que demanda público en sus eventos y contrata "galácticas" bandas pero para después no pretender supuestos excesos. Los mismos que excitan aspectos estéticos para llamar a los sentidos y luego pretenden impasividad en las masas. ¿Por qué delante del Gran Poder no hay cangrejos?, ¿Porque no hay cornetas?, la explicación sería obvia si tratáramos a los “cangrejos” como simples banderos. La respuesta debe trazarse en el cuadro de los factores y de las idiosincrasias, de lo que propone la hermandad para que el público responda de una u otra manera. Es simple política de oferta y demanda. Y siempre ha sido y será así. No se trata de la banda que vaya detrás sino de un aspecto propiamente cultural, otra forma respetable de sentir la Semana Santa sin más óptica que la de un paso y un a Imagen encajada en las bellas angosturas, que poca gente sabe, fueron hechas para las cofradías.

Ya existían hace décadas los cangrejos de boina prebélicas delante de la Macarena en Parras o Escoberos sin problemas de avalanchas ni necesidad de antidisturbios, igual que se respetaban y se respetan los murmullos devotos tras el Cautivo cada Lunes Santo aunque éstos anden “palante” y por ellos gocen en la hermandad trinitaria de muchos mas minutos de los cotizados "tiempos de paso". Puros factores de bullicio popular y devoción. Los cangrejos ya abundaban en los cortejos de capa y sombrero de “ala ancha” sin prodigarse por ello, Motines de Esquilache. Las "bullas" en que nos hemos gustado toda la vida.

Ahora bien en esta vida nada es absoluto y deben ponerse coto a los excesos, igual que en otras expresiones populares con las que podamos estar o no de acuerdo. En estos ríos rituales no caben pirañas irrespetuosas, ni peces que nadan a contracorriente con alharacas y con afán de protagonismo. No caben tampoco aquellos que no ven mas allá de la luz de la candelería ni los que anhelan exclusivamente deliciosos solos de corneta o izquierdos planificados para darnos un vuelco al corazón. Todo tiene una medida. Ya se encargará el propio río de dejar en sus riberas a las malas hierbas y las truchas muertas. Ya se encargará el silencio pretendido por las callejuelas de bajarles los ánimos. Y todo volverá a diluirse cuando vuelva la anchura y desemboque la corriente. Entonces sabré quitarme sin molestar y ocuparé entonces mi lugar en la última fila. Pero eso sí, ¡no proteste tanto y déjeme pasar…!
Publicado por tontodecapirote84 @ 15:38  | Málaga
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