50 años parece que suena a toda una vida. Y es cierto que es toda una vida. Pero una pequeña vida dentro del larguísimo índice cronológico de aventuras y desventuras vividas por el conjunto de las hermandades jerezanas, desde el siglo XVI cuando se funda la Hermandad de la Santa Vera-Cruz hasta nuestros días coloreados de nuevos acervos procesionales venidos desde la Granja, el Pelirón (en espíritu), el Santuario salesiano, Federico Mayo y un largo etcétera que seguirá creciendo conforme vaya “andando largo” éste siglo XXI por la “carrera oficial” de los instintos devocionales que se expanden en la misma proporción en que lo hacen los índices demográficos.
En este contexto, 50 años pueden parecer pocos años para poder calibrar el arraigo de una corporación en esa vereda de los tiempos y de la historia cofradiera de la ciudad. La "Solera", que dirían algunos, es ese término privilegiado que perfuma a las hermandades aquilatadas por el paso de las centurias, policroma el color de sus túnicas y patina con la añejidad conservada sus puestas en escena, rituales, no por menos repetidas, igualmente magníficas, mientras sus cortejos se quedan cortos de nazarenos y sus miradas se quedan fijas en el horizonte de lo que se fue y lo que se pretende ser. Pues Solera tiene la Defensión y mucha.
Constituye esa excepción que confirma la regla. Quizás sea porque esta Hermandad desprende un perfume de legajo cerrado y amarillento, aunque la vida de la Defensión se reduzca a nada más y nada menos que a 50 años. A un hondo, bien lo sabe Dios, y arduo sacrificio, se debe el haber logrado esta estampa de Hermandad, rancia y elegante, pura y simplemente porque así lo quisieron aquellos primeros hermanos fundadores y que se ha mantenido esencialmente la misma durante cinco décadas. Reflejo de las inquietudes que quizás ya no se llevaban en aquel tiempo y ni mucho menos ahora.
Además la Defensión, y éste es su logro más importante, no cayó en la tentativa de erigirse en un mero sucedáneo de nada ni de nadie. Interpretó en su momento de forma muy particular determinados estilos concretos y lo sigue haciendo ahora, sabiéndolos conjugar en torno a la figura excelsa de un Crucificado plenamente sui generis y que por tanto, así lo requería. Supo saber a qué jugaba a pesar de las intensas dificultades que con ello suponía, llenar las filas; de cuotas y de túnicas, de apoyos y de comprensión. Es verdad que no inventaron nada, pero supieron llevar a gala un sometimiento estricto a un guión preestablecido de ruán morado, según su particular entendimiento, aunque efectivamente hubiera tiempos en los que se hizo difícil moldear una identidad definitiva. A ello no contribuyó que tuviesen que peregrinar por distintos templos e incluso se recuerda a su paso de Cristo portado por fuera con horquillas.
Igualmente, la figura mariana también ha estado muy presente en la vida corporativa. Primero con aquella original efigie de Chaveli y luego con el culto a un guiño modélico en belleza y expresividad realizado por Álvarez Duarte. Supone el contraste mas original entre el neoclasicismo modélico de la escenificación cristífera con la armónica juventud faccional del rostro de la O. Advocación felizmente propuesta por Fray Alejandro de Málaga, dando cuenta de la influencia e importancia que ha tenido la dirección espiritual de los queridos padres Capuchinos, en el foro interno de la Hermandad.
Así las cosas, y tras una retahíla de actos meticulosamente programados para conmemorar, reitero, toda una vida corporativa, el próximo sábado, si el tiempo lo permite, jerezanos y foráneos podrán ensimismarme con la impronta del Santísimo Cristo que engloba y significa tantas cosas. No esperen alardes, ni una cofradía desbocada por la alegría extraordinaria que pudiera significar la conmemoración. No esperen concesiones cara a la galería de fotos de un momento histórico. Comprendan sus formas, e intuirán lo que significa el rito del ruán morado aunque no esté presente; la seriedad y la elegancia aunque no sea Martes Santo; el clasicismo musical aunque toque la banda de la Triana mas marinera; la celeridad justa en su transcurrir, aunque no haya penitencia de por medio ni cruces tras el Crucificado; la intimidad de sus calles habituales aunque sus adoquines estén bañadas de hojas caduca. Comprenda el significado del paso siempre de frente y la profunda vinculación de la Corporación con el Regimiento de Infantería cuya presencia en cultos externos es suficiente y medida. En definitiva, esperen eso: Defensión, sin más.
Foto: LaTrabajadera.orgTags: Semana Santa Jerez, Defensión