Al igual que ocurre con las cercanas calles, Chapinería, Sedería o la coqueta Plaza de Plateros, que se vinculan a los gremios artesanos que le dan nombre y que probablemente se situaron en aquellos emplazamientos, el nombre de esta vía cofradiera proviene de la suposición de que en esta angosta calle se situaran los talleres de los torneros de la ciudad, en el antiguo Jerez intramuros.Los historiadores datan el nombre de esta calle en 1477 porque aparecía en el padrón de Moneda Forera de San Marcos. Aunque allá por 1206, en el reparto de las casas, en el número 294 de San Dionisio figura un moro tornero, cuyo nombre no aparece. En mayo de 1916 la calle se rotuló Alfonso X El Sabio, en 1979 se vuelve a renombrar como Tornería, en ambas ocasiones por acuerdo municipal.
La calle se inicia en la confluencia de la antedicha plaza con calle San Marcos para estrecharse posteriormente junto a la sala de exposiciones del afamado Daza. Con un primer tramo muy angosto, vuelve a abrirse en la confluencia de la Plaza del Clavo con la Alameda del Banco, que conecta a su vez con la céntrica calle Larga. Finalmente curvea hacia la izquierda para desembocar en la Plaza Rafael Rivero con la Puerta de Sevilla ( de la antigua Muralla) , consagrada al famoso alcalde jerezano mas conocido como el Alcalde del Agua. A su derecha se levanta el famoso palacio de Garvey donde actualmente se encuentra abierto un lujoso hotel.
La calle Tornería supone la quintaesencia del procesionismo jerezano del último cuarto de siglo. Son muchas las hermandades que regresan a lo largo de la semana Santa por esta calle pues es enormemente bella, además de práctica, como salida natural de las cofradías que vuelven hacia Santiago, la Plata, Santo Domingo y hacia los barrios del extrarradio.
Cita anual de los jerezanos con esta calle supone el transitar del paso de misterio de la Cena de forma espectacular en la noche del lunes santo; el regreso del palio de la Estrella a los sones de Amarguras el Domingo de Ramos, el misticismo de las Tres Caídas, el Miércoles; la serenidad del misterio de la Lanzada el Jueves, y el milagro de cada Viernes Santo protagonizado por el magno misterio del Descendimiento; así como la suavidad y elegancia del Palio de la Piedad en un clima de intimismo y cansancio en las últimas horas de Semana Santa.
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