miércoles, 26 de septiembre de 2007
Imagen
Por las vidrieras de la Plaza de los Mártires se cuela el tenue sol septembrino de las buenas nuevas. Mes de retomar el pulso a las obligaciones y a los quehaceres cofradieros. A la vuelta de la esquina, siguiendo por la calle Santa Lucía y guiados por el olor a dulce de Aparicio, se encuentra la casa de hermandad de la Hermandad de Pasión, donde a pesar de lo tempranero del curso cofrade se palpa la prisa y el trajín, el propio de una cuaresma, pero sin reparto de moradas túnicas y antifaces.

La Virgen está en el altar mayor de la Parroquia y eso es porque algo importante se cuece en el seno de esta querida hermandad. La tarde tiene un color anaranjado de jornada otoñal que recuerdan a otros tiempos. Está abierto el Café Pombo, pero el antiguo y huele a frito del restaurante Casa Hijos de Matías mientras los intelectuales literatos del Café Madrid se detienen en el escaparate de la librería Denis para otear las novedades. Es como si viera una foto sepia y los literatos se volvieran para ver pasar a aquel Cristo adquirido en Beas del Segura y a la antigua Virgen de la familia de los Díez de Escovar que se veneraba en la calle del Agua aun sin restaurar. Humildes andas del rigor de la posguerra y la vara presidencial de Rafael Poyato Crespo como hermano mayor.

Continuando calle abajo, otra foto camino de la Catedral, y siguieron los literatos o quizás fueron sus hijos barbilampiños, admirados, para encontrarse con el recto Vía Crucis de esta hermandad con el padre Luis Vera al frente, para dirigir sus oraciones. Ya entonces exhumaba elegancia Pasión por los cuatro costados, tal es así que enamoró por su misticismo y recogimiento a Don Angel Herrera Oria, que antes de ser calle fue obispo y mas tarde cardenal, robándole protagonismo al bueno de Don Luis, desde su balcón de Palacio con sus tremendas dotes oradoras.

Pero lo dicho, hoy la Virgen preside una ristra de cirios en la estela de su mirada, una insigne presencia de bordados y manos entrelazadas. Los Santos Patronos la escoltan, que para eso han quedado los buenos de los Mártires, y el silencio adormece una oscuridad de capillas y columnas centenarias. Fíjense, ¡Cuánto hálito cofradiero se ha respirado y se respira en esta Iglesia!

Hoy es tarde de buenas nuevas. Parece que se va anunciar algo importante. Por eso la Virgen está en el altar mayor con su expresión rígida de madre desconsolada por el Amor que siente hacia su hijo, bendita advocación, ésta la de Amor Doloroso. No creo que sea porque se cumplan cincuenta años de su bendición, ni siquiera por la obtención extraordinaria del Jubileo Papal que mas bien resulta ser una concesión “quasiadministrativa”.

La fotos sepias del Cristo jiennense y los literatos admirando unas andas de posguerra y la de un Vía crucis recto y elegante, han cogido el color de la fachada rojiza de los Mártires y el azul cielo de la tarde septembrina. El color morado de una hermandad abrumadoramente elegante, que resurgió en un blanco y negro de posguerra y que se prepara, en un trajín faenero para las buenas nuevas, las del mes de Octubre y las que quedan por venir, en una casa hermandad, a la esquina de Santa Lucía con Convalecientes guiados por el dulce olor de Aparicio. La efeméride que se celebra no es otra que la de seguir siendo protagonistas de una foto, con formato digital sin literatos, con la misma elegancia y con el mismo Amor en la celebración de la Pasión de Cristo y por las penas dolorosas de una Madre desconsolada.

Tags: Semana Santa Málaga, Hermandad de Pasión

Publicado por tontodecapirote84 @ 15:37  | Málaga
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios