sábado, 15 de septiembre de 2007
Imagen

Aquí, ante el paramento de jazmines
azules y geranios repartidos
en torno de la fuente que desborda
su monocorde encanto en el silencio
...
Rincón del paraíso entre jardines
de notable artificio. Primavera
de la Ajerquía al crepúsculo. Campanas
de agua viva fluyendo entre arriates.
...
Primavera en el Palacio de Viana, Mario López 1995



Crucé el Guadalquivir para reencontrarme con una ciudad prodigiosa, río que aún no es navegable y guarda en su lecho un poquito de fuerza pedregosa y una jara de ribera junto a un puente romano y una Albolafia morisca. En lo alto de un túmulo San Rafael abriendo las puertas de un sueño arabesco cargado de intimismo y agua verde.

Crucé el mismo río que tantas veces sentí morir en Sanlúcar con el atardecer mas bello de Andalucía cuando vuelven los “juanelos” cargados, entre gaviotas revoltosas. Crucé el río que muchas veces he surcado en una adolescencia de bronceado y de neumática. Crucé otra vez, ese río, que alguna vez me ha llevado a esa otra parte de Sevilla donde no hay frontera pero se intuye, la Triana de la simetría mas bella donde también se levanta una catedral y sale el corpus, Expira un Cristo agonizante y se venera a una verde Esperanza… igual que en Sevilla. Sí ese río que es eje simétrico que separan las dos caras que se admiran mutuamente, siendo como es así, que lo que tiene una, lo tiene la otra.

Cruzar el río en esta parte de Andalucía es como penetrar en una sucesión de instantáneas inimaginables. Clic. Clic. La retina trata de absorber cada rincón, cada reja, cada lienzo de pared, historia viva de un pasado triunfal. Grandeza, adoquín, blanco, geranio y agua, sobre todo agua y el sonido del chorro que cae en la eternidad de un patio donde parece que no pasa el tiempo. Si Sevilla es el rito y la luz como bien enfatizó Montesinos igual que Antonio Burgos en sus artículos de costumbre; Córdoba es agua de un patio con geranios. Agua verde y de estanque. ¿Quién ha dicho que el agua es incolora e inodora?, en Córdoba es verde y limpia… y pura. Y huele. A jazmín caído en una de las fuentes del Palacio de Viana.

La mezquita es un despliegue fabuloso de arte arquitectónico conjugado con un inmejorable dominio del espacio. Que no quepa duda. Igual que todo lo que en esta ciudad huele a mano musulmana no puede ser discutido por su valor monumental. Pero hoy me he dado cuenta de que el verdadero legado árabe del que esta ciudad puede sentirse orgullosa es del patio y del agua. La fuente que domina el riguroso clima veraniego con su inocente y simple chorro lleno de belleza. Práctico y sublime.El microclima sin aire acondicionado No hay más.

Y quizás haya que ir en Semana Santa, ¿por qué no?. Porque en un momento que he cerrado los ojos he oído un crujido de madera. He imaginado oler a incienso en una esquina adoquinada como cuando el Gitano. Hasta sonaba el llamador y podía tocar con los dedos un azahar descolgado de los naranjos de la calle la Feria. Quizás no haya que ser tan exigente. Quizás debamos olvidarnos de Fray Ricardo o los enseres seriados. ¿qué mas da?. A lo mejor la Semana Santa guarda algo especial sin bordados de Elena o platería de Marmolejo. Quizás haya que evolucionar y no ser tan exigentes. Intimismo en vez de explosiones patrimoniales. Callejas recónditas en lugar de Resolanas bulliciosas. Amontillado en vez de finito Tio-Pepe. Allí a lo mejor disfrutamos mas una revirá de ensueño a la vera de San Miguel aunque a esa novicia Pasión cordobesa le falte la solera de los años, la gracia patinada del tiempo y las madrugadas. ¿pero y qué?, a lo mejor se lo aporta la calle Deanes con su legendario encanto o el dintel de cualquiera de las iglesias fernandinas que cobijan palios de ilusión con bambalinas bien anchas.

Hoy me enamorado de las letanías catequéticas de una ciudad de ensueño. Igual que me siento devoto de los diez mandamientos de Sevilla o Jerez. Igual que me atraparon ellas con su catecismo embaucador, una por su luz y otra por un compás por bulerías, ejemplo de exactitud y elegancia. Pero hoy he redescubierto mis raíces dormidas. A lo mejor es por el moreno de mi piel o el negro de mis ojos. No se que puede ser. me he quedado atrapado en una calle sin salida con final en escalera. Voy a entrar en esta casa con patinillo blanco pues suena un leve goteo húmedo al fondo.

Lo dicho, ¿qué mas da si las bandas de música abusan de “Callejuelas” o “Costaleros”?, ¿y qué mas da si las cuadrillas se agotan antes de tiempo?. Estoy convencido de que tendríamos suerte, seguro encontraríamos esa chicotá colosal entre balcones recortados y aceras milimétricas. ¿por qué no?. A mí me basta con el agua verde con olor jazmín fluyendo eterna en un estanque dorado y la estrechez que reclaman los capillitas que se mecen delante de las canastillas. Por lo visto, en Córdoba no es pedir mucho.

Tags: Semana Santa Córdoba

Publicado por tontodecapirote84 @ 21:59  | Córdoba
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