domingo, 09 de septiembre de 2007
Imagen
Hace unos días hablaba de la luz crepuscular del mes de Septiembre. Las últimas ascuas de ese sol veraniego que se adormece en el amarillo otoñal que ya lucen los escaparates de la calle Marqués de Larios. La importancia de la luz y del atardecer malagueño conjugando a la perfección con la siempre emotiva salida de la Victoria, Ella siempre Luz y ella siempre sinónimo de retorno a la soledad de las obligaciones, pero a su vez, paradigmáticamente, inicio del nuevo curso cofrade, que echa a andar como un rodillo que apisona constante cada liturgia del calendario. La luz,¡ay la luz! Ese tan divino tesoro sureño que tan poco apreciamos ayer. La natural, por supuesto, que se apagó definitivamente cuando ni se llevaban recorridas apenas tres calles.

Hoy quizás sea mejor hablar de luz artificial. Sí, esa que vino a tomar el testigo del crepúsculo del mes de Septiembre e hizo buena aquella frase de que “por la noche todos los gatos son pardos”. Fue encenderse el deplorable alógeno que iluminó durante todo el itinerario a la Señora y los dulces pétalos de la tarde de procesión que crearon esa burbuja de efecto y optimismo, fueron cayendo al suelo, dejando al descubierto las carencias mas que evidentes de una Cofradía que bien pudieran simbolizarse en ese foco deslumbrante que pretende dar luz a lo que ya no tiene, y más aún, dar luz a quien no lo necesita. Pero vayamos por partes.

El Lorenzo casi adormecido ya en su lecho después de una intensa jornada de playa, descorrió sus cortinas pues no podía irse a la cama sin otear, lejana, a la única que quizás pueda competir con él, en brillo y luz. Cerciorada esa grandiosidad, se dejó ir por el horizonte portuario y nos quedamos con el artificio redondo, claroscuro, repetido, e imaginable. Mientras la luz solar estuvo presente, se vio un cortejo muy completo, estando quienes tenían que estar, y no es para menos, en una ciudad patronada de más de medio millón de habitantes. El entorno del patio de los Naranjos de la Catedral es siempre el ideal y excelso edén, que aporta la frescura necesaria de todos los años. Si a ello le sumamos el aporte musical de la Banda de la Expiración, siempre fiel y genial, el globo sonda de las mejores intenciones tuvo que sobrevolar necesariamente las cabezas de los allí presentes. Lluvia de pétalos para la galería del recuerdo estival, himno y “Málaga a su Virgen de la Victoria” de Ginés Sánchez, buena y casi desconocida aportación musical para arrancar los primeros y tímidos aplausos.

El entorno del Sagrario y el Palacio Obispal, como siempre, actuando a modo de ampuloso disfraz, dejaron a la Virgen a pocos metros de la calle la Bolsa, donde se podía andar sin problemas y los claros entre el público comenzaban a aparecer sorprendentemente. “Procesión de Semana Santa en Sevilla”, compases de curva, curioso e irónico título para lo que he venido refiriendo sobre el público y las luces.
Se va la luz natural en la estrechez y remodelada Bolsa. Se enciende el dichoso alógeno y el pertiguero reparte saludos a la diestra y a la siniestra. Siniestro.

Huele a dulce de Lepanto. Hay mucho Señorío en Lepanto y mucha gala de domingo, camisa de gemelos y señoras mayores con café para toda la tarde. La Virgen fue buscando Larios como queriéndose encontrar con el pueblo en su Centro, esquiva con las estrecheces, que quizás no le ofrecieron agasajo como otros años, donde se echó de menos una Virgen del Valle inolvidable que algunos hemos domado bajo los palos.

Más luz de acera peatonal y foco. Dichoso foco que nos trae por la calle de la Amargura o del Marqués de los Larios. Suena “Paloma” y “Virgen del Amor Doloroso” de Eloy García, curioso contraste. Cada vez menos gente. Eso sí lo poco es selecto. Diviso en el Café central familias de la alcurnia Tous de nueva temporada y niña con lazo rojo en el pelo. Se nota que no hay “banderos”. No hay nada mejor que la vetusta y entrañable banda de los Bomberos abriendo paso, para librar las calles de éstos fieles seguidores del berrido que no de la música cofrade.

A paso de tambor avanza diligente el discreto trono que ya no brilla sugerente con el sol de la tarde. Alcanza la tribuna de la Constitución que ya no está, pero se intuye y se retiran las escasas personas asomadas a los balcones del Hotel Larios. Quizás se hayan visto perturbados en su reunión social por golpeteos de tambores extemporáneos y se hayan asomado anonadados, para hacernos a todos cuestionarnos ¿dónde están los cofrades de gala y poemario?, ¿dónde anidan los sucedáneos de devotos cancioneros y defensores a ultranza de la Málaga tradicional que mueren por llenar las cotizadas barandillas en los días santos? Tampoco se divisaron las tradicionales “legiones” de periodistas gráficos que luego nos dejan reportajes a doble o triple página en nuestros queridos periódicos cada nueve de Septiembre, sólo Eduardo y su inseparable cámara subido al balcón ritual de la apisonadora del curso que nuevo empieza. Ironías aparte, mañana aparecerá la foto de siempre y una breve reseña de que todo estuvo muy bien y de nuevo las Penas con el guión al hombro, como en Sevilla.

Doble curva y se retiran las autoridades porque les llama el estómago. Himno para despedirlos. Será que la noche ya se ha cerrado, no son horas de seguir deambulando por las calles semidesiertas y Mariano ya espera con las mesas colocadas con cubertería de plata. Con las autoridades se escaquean unas cuantas cofradías porque ya no hay luz para hacerse fotos, vara en mano y guión presentado. Aun así, los guiones al hombro siguen hasta el final.

Falta la luz septembrina del edén catedralicio y el trono se hunde sin remedio quizás por el excesivo peso y por la nueva disposición de los portadores de mayor a menor altura. “Sevilla cofradiera” para ironizar de nuevo el ambiente: Silencio sepulcral, orden estricto en las filas, pertiguero impertérrito y capataces sabios y serios. La noche hace un rato que ha encapotado el cielo y la leve brisa marina reclama una rebequita de entretiempo. Los niños berrean un biberón y un dulce sueño. Los padres se retiran pues tampoco es calle Álamos un lugar donde lucir de familia modelo. La inmensidad de la plaza de la Merced sin botellón descubre la soledad del retorno.

Anhelo la tarde de los últimos pájaros, que ya duermen en la rama del árbol que corona el pulmón verde de Gibralfaro. Las hermandades victorianas aún guardan algún retazo de plegaria más o menos espontánea. Pétalos en el Rico y ofrendas en el Rescate. El barrio está más cerca. Muy poca gente y la banda de Bomberos se contagia de la desidia y apenas toca. La llegada a San Lázaro nos evoca momentos de Pentecostés y de Martes Santo. Suena una marcha de Vidrié en cuyo solo, parece dormirse definitivamente la Patrona. El foco que la tortura siempre presente cuando apenas hay público y luz en la Victoria. Sólo luz de sirenas de la Policía local, sólo las íntimas del restaurante Montana y los potentes tubos de cocina de los camperos de la esquina. Menos público aún cuando la reducida comitiva desemboca en la desangelada explanada del Santuario. Subida a la carrera otro año más por las rampas hasta la puerta. El personal derrotado. Ya ni se adivina la presencia de la vieja trova victoriana con chaqué.

Son sólo las once y media y se recoge Santa María de la Victoria, un año más, como siempre, o peor, colmados de la desidia en las filas con la luz que engaña la realidad del momento. La luz de un foco artificial que oculta unas exigencias que hoy se antojan imprescindibles. Pueblo llano que no acompaña y hermandad que tampoco llama a su puerta. La luz artificial de la parafina y el foco que nunca se apagan. Se cierran las puertas un año mas con la oscuridad del templo erigiéndose en la cruel metáfora del presente victoriano. Presente que no podrá cambiar sin que se corran las cortinas del conformismo y pueda entrar la luz natural de la renovación y la juventud.

Lástima que algunos no se den cuenta de que hoy ya no queda espacio para los focos eléctricos que disimulan torpezas y modas pasadas, porque ya basta con esa luz suficiente que pone el sol malagueño barnizando la cara de la Virgen en una mañana de Agosto y que Ella retiene en su Novena, para radiar exuberante en su vuelta del día 8. Ahí es donde está, pese a quien le pese, la verdadera luz de nuestra festividad, que esta vez, mas que nunca ha sido la más apagada de los últimos años.

Tags: Virgen de la Victoria, Málaga

Publicado por tontodecapirote84 @ 17:38  | Málaga
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios