lunes, 03 de septiembre de 2007
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Por las tejas rojizas de los bloques restaurados de la Plaza del Siglo y por la maltrecha cubierta de la Catedral, por los cuadrangulares recodos del nuevo edificio del Museo Picasso y por las antiguas almenas del húmedo y solitario castillo de Gibralfaro, el implacable paso del tiempo nos agobia y azota como el crepúsculo estival de las 9 de la noche. Hace bien poco que el sol se acostaba definitivamente, otro día mas de bermudas, sobre las diez menos cuarto y hoy son ya las nueve y respiro una luz tenue y distinta, con calor, pero de obligaciones y regreso vacacional y el sol dejándonos un poco antes, como advirtiéndonos que el café negro de la Alcazabilla "debiera ser mas breve porque ya no hay chiquillos correteando calle abajo hacia el teatro romano y porque se ha enfriado la brisa mediterránea que barrunta la llegada de un otoño amarillo y de chaqueta de entretiempo.

Las playas se vacían toda vez que se atesta el “coche” 3 para descargar en Puerta Blanca a la “trouppe” de los Domingos de temporada que ya no volverán en sentido contrario. Ahora es cuando mi playa de la Malagueta se merece la bandera azul. Y es que yo se la daba de Septiembre a Mayo cuando se gusta de la calma y la serenidad de las arenas urbanas que felizmente se recuperaron hace un tiempo para las novelerías de los que montan en el “coche” 3 como en una excursión, de Junio a Agosto, y para los que añoran el silencio robado de las horas punta y los excesos, el resto del año, enfundados en chándal y zapatillas. Ahora es cuando hay que sacar la toalla para extenderla en el sitio que te reserva el mes de septiembre cuando en San Andrés o La Luz se guardan los cubos y las palas en los altillos. Eso es, dejen ustedes paso a la playa de bandera azul, azul mediterráneo, azul de cielo, de espectacular ensenada malagueña y azul como sinónimo de limpieza, libre de residuos plásticos, y alguno que otro humano y sobretodo azul libre de tiendas de campaña y "tupperwares", como si fuera la Malvarrosa malagueña de encajes de seda y mansas gaviotas que pintara Sorolla en un paraíso retratado.

Cuando llega este crepúsculo estival, parece como si las aguas volvieran a un cauce imaginario de cotidianeidad y vuelta al mundo real. Es como si la ciudad se volviera sobre sus pasos dando la espalda a la mar, que siempre fiel, espera enamorada un nuevo romance de primavera. Ellos se lo pierden.

Y Septiembre, mes de vendimia y recogida, también tiene su liturgia, su Virgen, su fiesta. Si la primavera huele a azahar simbólico de los pocos naranjos que ya quedan por aquí, mientras el incienso copa el besapies de la anualidad mas hermosa que nunca se ha visto y que la llaman Cuaresma, las glorias llegan como gotas incesantes de pureza radiante, y en un abrir y cerrar de ojos, de un Mayo de Redil y de Auxiliadora pasamos a gozar un Julio marinero con olor a espeto de sardina delante de la Virgen del Carmen, para que Málaga se prepare pronto para abanderar la Feria, que aunque pueda parecer lo contrario, todavía guarda una esencia oculta en los patios del Gaona y la casa del Niño Jesús a fin de que cuando se recojan las mesas y se limpie todo, ya se encuentre la Patrona bajando la calle que divide el primer barrio extramuros y llegue silenciosa en una mañana callada de Domingo de Agosto al baldaquino de la Santa Iglesia Catedral.

La referencia mariana en este mes crepuscular es la Virgen de la Victoria y el día 8 su gran día. Pero antes habrá una Novena en su honor que también es rito de la vida eterna de nuestra urbe, síntoma de que se despide el verano. Quizás esta sea la última que oficie nuestro Obispo con el dosel rojo de fondo. Siempre la misma estampa y los mismos días cuando acceden los fieles por la puerta de las cadenas con el sol apagándose en el Muelle de Heredia donde algunos creen ver a un Pilatos sentado allí donde muere la Alameda de Colón.¡Qué malas son las vísperas!

Y a poco que las playas se vacíen de gritos y fieras, la Virgen de este mes de Septiembre buscará cadenciosa el paso adecuado mientras suena el excelso órgano catedralicio para despedirla, aún entre columnas y altares llenos de polvo mientras el sol crepuscular y tenue de los últimos coletazos del verano se cuela por la puerta, que hace tan poco se abría para ser testigo omnipresente del transitar de Cristos y Dolorosas y que bien poco después se cerraba para guardar con celo a su Divina Majestad.

El día 8 volverá a traernos la legendaria estampa de la salida bulliciosa de otros tiempos con Su música, Su luz crepuscular, Sus pétalos, Su pueblo aún en mangas cortas, Su barrio, Sus cofradías, Su obispo, Su alcalde, Su incienso, Sus ciriales, Sus portadores, Su órgano, Su patio de los Naranjos y es que todo se volverá a repetir tal como si cerráramos los ojos y viéramos la infancia de los últimos días de la vuelta al cole y la parada del autobús, volviendo a ser fieles con la cita que nos marca el calendario ineludible de la vida a las ocho de la tarde de un mes de Septiembre.
Publicado por tontodecapirote84 @ 3:08  | Málaga
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