Vivía Sevilla en un sin vivir provocado por la presencia multitudinaria de "hooligans" en la ciudad por el partido de la Copa de la Uefa que iba a tener lugar en la fecha mas inoportuna del año. La Macarena o El Gran Poder no son ni pueden ser compatibles con los avatares futbolísticos de los equipos de fútbol máxime cuando implica poner en jaque la seguridad de toda una ciudad que vive multidudinariamente una de las tradiciones mas importantes del año. El máximo organismo continental del mundo futbolero no lo entendió así, y no cambió la fecha del partido pues en todas las ciudades europeas se celebran anualmente fiestas locales y ello no resulta excepción suficiente para alterar su intocable calendario. Para ellos resulta comparable la dimensión de la Fiesta de la cerveza muniquesa con la Semana Santa de Sevilla. Habría que traerse al bueno de Michel Platini un año a que viva "in situ" la salida de la Macarena o la vuelta de la Esperanza de Triana por la calle Pureza, pero a pie de paso, entre empujones, sin cómodos balcones ni palquillos privilegiados para que hubiera tenido en cuenta algunos detalles vividos sobre el terreno.
Al final no fue para tanto, y estos mundos profundamente opuestos venidos a celebrarse el mismo día no se confundieron en la noche sevillana, y cada uno por su lado pudimos disfrutar de nuestros intereses. El capillita por su lado "marcándole un gol" al tiempo que por la tarde nos habría frustrado en gran parte ese Jueves Santo, uno de los que reluce mas que el sol. Por otro, los aficionados sevillistas que decidieron vibrar de los goles marcados por el Sevilla en su contienda con el Tottenham, cuyos aficionados ahogaron en alcohol sus penas por la derrota allá por Nervión y volvieron a casa ajenos a la esencia fervorosa y popular que se estaba llevando a cabo no muy lejos de allí.
En lo estrictamente cofradiero, la Madrugá es siempre igual pero siempre tan distinta. Para algunos empieza con el silencio y el negro de la noche del Silencio o el Gran Poder y termina en la algarabía de las Esperanzas y los Gitanos. Para otros ni siquiera existe noche oscura y cirios al cuadril, sólo la Madrugá empieza al levantarse de la cama ya de mañana con la vuelta de Triana por el Postigo o el Baratillo, acabando entre saetas con la explosión medida de los Gitanos en San Román y la Macarena luciendo candelería "chorreá" allá por las Parras de su recuperado barrio. Otros, entre los que me encuentro preferimos desvivirnos en esa nocturnidad intimista de las seis cofradías, cuando aún aguanta el cuerpo el tirón de los estímulos hasta que el amanecer me despide un año más, con esa salida del sol que me deja ciego de sensaciones y en donde ya el disfrute se confunde con las ganas de caer sin remedio en los brazos de Morfeo.
Lo que sí hemos sufrido todos este año en esa pretendida noche de gozos, ha sido el tremendo frío, constante climatológica, que redujo considerablemente el público en las horas centrales de la noche.
Con los primeros rigores del termómetro calándose en los huesos, bajaba la hermandad macarena sobria y populosa por la calle Feria. Allí nos dispusimos para deleitarnos con los primeros actos de esta prodigiosa función teatral que se titula "la Madrugá según Sevilla". El andar clásico de su Misterio, casi desconocido para nosotros los jóvenes que hemos crecido y vivido en los tiempos de los cambios, los costeros y los izquierdos, fue el primer y sugerente envite protagonizado por la cuadrilla de Miguel Loreto. El paso, como siempre y como nunca, acompañado por su fiel Centuria Romana que encarna esa estampa típica pero no menos espectacular y añeja de la Semana Santa sevillana.
Y a continuación, la Esperanza. Sin palabras. No cabe calificativo alguno para describir su transitar por cualquer rincón de su recorrido. El halo de grandiosidad que inspira esta Dolorosa, el eterno suspiro de grandeza, en su joyero iluminado que es su esplendoroso Paso de Palio. No creo que desde mi humilde facultad literaria pueda encontrar recursos suficientes para catalogar tal florilegio de sensaciones. Es tal la mesura y la elegancia con que camina sin perder su particular carácter alegre que te deja absolutamente descolocado. Es inabarcable, absoluta, no se la puede encajonar en un canon y en una tipología , ni pretender parecido, lo es todo y lo significa todo, sin Ella no habría otra cosa, sin sus famosos y distintos perfiles no habría belleza. La subjetividad de lo bello se objetiviza en su rostro.
Se ha rumoreado ultimamente su posible salida en próximos años sin candelería tal y como se la expone en su paso en los días previos a la Semana Santa. Así lo quiere presumiblemente su hermano mayor. Da igual, no sería chocante, sería hasta sublime, no se la taparía, se la admiraría aun mas si cabe, aunque eso sí, no tendría esa iluminación inconfundible y natural de todo paso de palio. La losa de la tradición que pesa sobre esa Junta de Gobierno, será la que tenga la última palabra, en este sentido