El Martes Santo fue una de esas jornadas tristes en las que el principal protagonista fue la lluvia. Me desperté con la noticia de que la Hermandad del Cerro se volvía por culpa de un chaparrón, imágenes desoladoras que posteriormente pude contemplar por televisión.
A pesar de que el tiempo amenazaba lluvia, la Hermandad de San Esteban decidía poner su Cruz de Guía en la calle. Como es habitual, una salida complicada que los costaleros del misterio salvaron perfectamente, a diferencia de los del palio que dieron varios golpes contra el arco ojival de la puerta de San Esteban provocando la caída de varios de los cirios que conforman su candelería. Viene siendo necesaria ya la sustitución de la banda de Pilas, Sevilla merece más.
Sobre las cuatro se confirmó la no salida de la Hermandad de los Estudiantes, que provocó un particular efecto dominó en la Hermandad de San Benito que, con su Cruz de Guía ya en la calle, decidía dar marcha atrás y dar por concluida su Estación de Penitencia. Posteriormente, sería la Hermandad de los Javieres la que acertadamente tomaría la misma decisión.
El Martes Santo estaba ya roto, y el tiempo parecía que iba a peor, cuando la Candelaria, Dulce Nombre y Santa Cruz anunciaron su salida. Sobre las 9 de la noche, una vez contemplado el Nazareno de la Salud de la Hermandad de la Candelaria por la Calle Cuna, me hallaba en la plaza del Salvador contemplando el palio de la Hermandad en la difícil chicotá de salida desde la estrechísima Calle Córdoba a la misma plaza del Salvador ( una chicotá para el recuerdo, uno de los mejores momentos de este año, sin duda ) cuando empezó a llover con gran fuerza (una de las lluvias más fuertes que recuerdo, junto a las recordadas del Cachorro en 2004, Paz en 2000 o Pasión en 1998 ).
El palio en vez de seguir los pasos del Señor hacia calle Cuna, giró hacia la izquierda atravesando la Plaza del Salvador y en una sola chicotá se plantó en la cuesta del Rosario, donde se encontró, en una imagen para la historia, al palio de San Esteban que continuaba su transitar sin prisa aparente con marcha amenizando incluída. Mientras el Señor continuaba para refugiarse en la Anunciación, el Palio tuvo que aguantar tras los Desamparados unos 10 minutos mientras caía lo indecente, hasta que, por fin, la Hermandad de San Esteban le dejó paso, curiosamente una vez que ya dejó de llover. El paso del Señor volvería mas tarde a su templo, pero el palio completó un último tramo de recorrido magnífico por lo menos para dejar un buen sabor de boca, en un regreso de marcha tras marcha, de chicotás inolvidables, de hermanos emocionados y de un barrio volcado con su Virgen.
A todo esto, Santa Cruz ya había regresado a su Templo, tras haberse refugiado en la Catedral; y la Hermandad del Dulce Nombre, en una particular hazaña, y tras haber sufrido un considerable chaparrón, iniciaba su segunda salida que, posteriormente y tras un nuevo chaparrón, provocaría el regreso definitivo de la Hermandad a San Lorenzo. Incoherencia que contrasta con la elegancia que caracteriza a esta Hermandad, y que provocó un episodio inaudito en la historia reciente de la Semana Santa de Sevilla, como es que una Hermandad salga de nuevo una vez que se ha refugiado en su propio Templo. Si bien la salida histórica del año 2003 les salió bien, lo de este año no ha podido ser más ridículo; en una Hermandad hay mas actos y cultos que la Estación de Penitencia, aunque algunos cofrades no parecen ser muy conscientes.