El Miércoles Santo en Málaga siempre guarda dos o tres retales que impregnan las retinas de aquellos que descubren otras cosas mas allá de nuestras fronteras. Lo de allí está muy bien, pero los desmemoriados han de saber que es de bien nacidos ser agradecidos y que la cuna de muchos está impregnada del incienso y el fervor ese que huele a verde y morado marinero de un Parque florecido y una Larios peatonalizada. Los retales de la memoria siempre tiran de los cordones umbilicales, esos que nos unen con las raíces que no entienden de encuentros con la otra dimensión cofrade. Y no hay porqué avergonzarse de ello, todo lo contrario. En la actual Semana Santa, la nuestra, la del retorno por las Pedrizas, esta de pandilleros y suciedad, se hace cada año aun mas difícil buscar un lugar intimista donde disfrutar aquel momento desconocido para la gran mayoría, lo que año tras año se repite en un oasis en el desierto. Es Málaga esa esquina no pretendida, esa calle estrecha pero corta, extraña no rotulada en los programas de mano. Es ahí donde puede sonar una "Madrugá" inesperada y el poco público guarda silencio. El trono aguanta arriba, se mece hasta acompasado, resulta hasta solemne, distinto, delicioso. Ahí está el sabor del Miércoles Santo malagueño, en las curvas imposibles, en las calles alejadas del folclore populista o de militares que van a lo suyo haciendo el indio. Es Málaga un rincón desmedido de plenitud cofradiera en Nueva, Santa María o Strachan Quizás este ahí la virtud perdida de la verdadera idiosincrasia de nuestra Semana Mayor, cuando hace cien años eran vías de la "carrera oficial" de la mayor gloria de los malagueños de la época, la verdadera esencia que se perdió a favor de presuntas señas de identidad que hoy se llevan a gala como estandartes presentados de orgullo y altanería.
Hasta hace unos pocos años San Agustín se erigía en ese rincón mágico para contemplar un atisbo de elegancia en forma de corporación salesiana que jugaba al misticismo pero que ha confundido el negro con la grisácea tonalidad que le está aportando el sin sentido. Hasta que las notas rumberas de Paco Lola corroyeron las centenarias piedras del Palacio de Buenavista. Hasta ahí, el rincón, como digo, era mágico.
Es que nuestra Semana Santa es carne de tópico y quizás ahí esté su principal defecto. "En Málaga cabe todo", ya lo dijo Enrique Romero, y algunos pusieron el grito en el cielo. Estoy de acuerdo con él, en la medida en que podemos según nuestras inquietudes e instintos disfrutar de una Semana Santa bien distinta a la que pueda vivir otra persona en la misma ciudad y que quiera dejarse llevar por otras atracciones de la fiesta. La Paloma por ejemplo es una hermandad que vive inmersa en lo que digo. Por un lado, "Malagueña Virgen de la Paloma" como banda sonora de todos los Miércoles Santo, irremisiblemente atractiva en iguales proporciones a su reducido valor musical, por otro, suspiros de tronos grandes y de arbotantes que se encajan para alcanzar la Carretería y palomas revoltosas. De este aroma puramente espectacular quiere beber el público que coge sitio, el cual ya no soltará hasta que el último Legionario del Jueves magno embarque de vuelta a casa. Yo, personalmente huyo de todo eso. No me gusta la ofrenda tributada por esas calles amplias malagueñas donde la discutible concepción de Pérez Hidalgo se hace aun más gigante. No me gusta el sambódromo de la Alameda. Me quedo con la angostura de la Plaza de San Francisco y la salida portentosa de la cofradía. También me hice un sitio en una revirá doliente allá por la calle Cárcer donde verdaderamente gusta apretujarse un poco y admirar tamaña obra dar la vuelta. Este es para mí "el cabe todo" y la verdadera riqueza de nuestra Pasión.
El Rico igualmente no es sólo la liberación del Penado. La gente se aposta en la Aduana horas y horas para observar un acto que tiene de todo menos gracia cofrade. Quizás un poco antes descendiendo junto al conjunto monumental de la Alcazaba o un poco después por los alrededores de la Catedral, cuando la portada del Sagrario enmarca la mirada tenue y serena de Jesús resulten momentos mas emocionantes. Su trono restaurado le aporta una luminosidad soberbia y realza mucho su figura. Es este otro rincón bello para contemplar al Amor misericordioso de una Madre que llora "Amarguras" a golpe de campana.
Me perdone mi buen amigo Manuel pero Fusionadas es una amalgama en todos los sentidos de término. Es en sí misma un despliegue de estilos detrás de una Cruz de guía. Se alterna el neobarroquismo sevillano de Buiza o Dubé con la grandeza escultórica del Setecientos de Ánimas. Militares, tambores y cornetas, agrupación musical y banda de música. Cuatro tronos más los que quedan sueltos otros días. Nazarenos de distintos colores: verde, rojo, morado, negro. Fusionadas es simplemente eso amalgama, puro reflejo de la vida interna de la corporación; sectorizada, con criterios distintos, con gente con idea, otros sin idea alguna y todo ello se traduce después en la calle. Pero al menos no hay nada que no tenga arreglo. Al citado agregado puede aportársele una coherencia, una línea estética y sobre todo una directriz clara en la calle. El problema es como ponerse de acuerdo para alinearse en un patrón. Un punto de partida puede ser plantear la salida como una Estación de Penitencia no como un desfile o cabalgata por Carretería parón tras parón. Y otro puede ser plantear dos secciones bien distintas una el Domingo y otra el Miércoles Santo, de modo que el primer día se acompañe a las Lágrimas con un titular cristífero y el Miércoles quede mas desahogado sin que parezca aquello un carrusel.
No obstante, la primera parte del recorrido estuvo a mi parecer en una línea correcta. Sorprendente la banda de música del Arrabal de Carmona que iluminó musicalmente un camino sobrio y elegante del Mayor Dolor por Torregorda al son de "Jesús de las Penas" de Antonio Pantión. La Exaltación con "Jesús de la Sangre" por el mismo punto resultó un guiño particular y entrañable a más de 25 años de historia de la banda de la hermandad que se resiste a morir en manos de la profunda renovación del mundo de las cornetas y tambores en nuestra ciudad.
El Crucificado de Ánimas estrenaba restauración. Acreditada está la labor irreprochable del IAPH desde el punto de vista técnico-artístico pero quizás no tanto lo esté en la faceta devocional y religiosa que está indisolublemente unida siempre a las tallas de este tipo. Se ha echado de menos en la intervención, una mirada cristiana y una aplicación desde el respeto y la fe, una comprensión sobre lo que debe ser el término medio entre la restauración y la pérdida de la identidad, que también es importante por cuanto como bien ha referido Juan Manuel Miñarro ( que restauró brillantemente el Cristo de Azotes y Columna) en alguna ocasión: "la imaginería o la restauración sin el sentido cristiano es fría y distante". Así nos ha quedado el Cristo: frío y distante. Quizás haya tenido culpa la hermandad en no fijar límites en este sentido.
500 años cumple la Sangre este año. Se dice pronto. Pero corre el riesgo esta hermandad de acabar de un plumazo con la solera y el sabor añejo que perdura aún, estoy seguro, en su esencia, objeto incluso de reconocimientos significativos y bulas allá por el siglo XVII. Las primeras constituciones de la originaria Archicofradía datan de 1507 y dos años después se traslada a la Iglesia de la Merced. Fue esta popularísima a lo largo de varios siglos, alternando períodos de crisis económicas con trayectos de gran prosperidad. Es y ha sido esta hermandad ejemplo de malagueñismo soberbio erigiéndose en una de las mas brillantes y lujosas corporaciones que tuvo como estandarte básico a Don Antonio Baena ya en el siglo XX, fundador a su vez de la Agrupación de Cofradías.
Ahora yo no sé lo que es la Sangre. Quizás haya a quien le guste y le atraiga. De aquella "fe de siglos" y de aquel "amor ejemplar"como indicó el alcalde en su Pregón conmemorativo sólo quedan los recuerdos. La Sangre ya no brilla con luz propia. Sus cultos internos son un despropósito. Su traslado del Domingo de Pasión se ha convertido en una verdadera procesión sin ton ni son para perogrullada de sus hermanos. Y de su salida del Miércoles Santo para qué hablar. Después de esperarla largo rato por un inmenso parón en la calle Casapalma llegó el Crucificado que literalmente transitó por esta vía corriendo con los compases de "Coronación de la Macarena". No es de recibo que un pasaje evangélico que representa la Sagrada Lanzada con el Cristo inerte en la Cruz (que seguro poca gente sabe en esta ciudad, pero que tampoco los hermanos de esta cofradía hacen porque se sepa) se pasee por las calles de Málaga entre gritos de los portadores y marchas de corte mas que alegre interpretadas por una banda calamitosa, jugando a confundir al público general, que no entendido en estas lides se deja lógicamente llevar vitoreando y ovacionando el paso de los hombres de trono. Pero es culpa de la hermandad que debe imponer con su impronta y su sello; el silencio y al menos el respeto del público.
Fui a buscar a la Virgen porque resultaba pesado aguantar todo el cortejo continuamente parado. Algo mejor el Palio con la banda de la Paz que no cesó de tocar por la calle Calderería. Por otro lado el exorno floral no debe ser una jardinería de terraza. Observé que la conservación del trono es deplorable y el estado del palio, cuyos bordados están bastante cualificados, también deja que desear. Parece que lo van a cambiar en vez de restaurar que es lo que debieran hacer. El encierro todo lo contrario a lo que una cofradía debe hacer en la calle. Su carácter presuntamente alegre y populoso puede ser llevado a cabo dentro de la rectitud y seriedad que se le exige a cualquier hermandad en la calle. Se olvidan a menudo los fines para los que se sale en procesión. Lo dicho, a mi parecer la Sangre desde hace décadas que ya no brilla con luz propia.
Tras el mal rato del espectáculo de la cinco veces centenaria corporación, la Cofradía de la Expiración ya venía procesionando solemne por calle Granada, demostrando todo lo contrario que la anterior, lo que es un ejemplo cofrade malagueño bien entendido. Se espiritualiza con la presencia de los Guardias Civiles, sí, y en una disposición de cortejo discutible, sí, pero sabe a que juega desde hace muchos años. Es una hermandad que no cuestiona la importancia indiscutible de sus Titulares y su riqueza patrimonial es envidiable aunque la significación en el cortejo no sea clara. Sobresale siempre la imponente talla del Santísimo Cristo de la Expiración por encima de cualquier parafernalia militar. Sobrio su andar, cadencioso y acompasada su mecida. Soberano el trono que es un ejemplo de maestría artística rivalizando, porqué no decirlo, con el dominio barroco impuesto por el paso del Gran Poder. Y para cerrar el Miércoles Santo un auténtico prodigio de trono, grande sí, voluminoso, sí, como en Málaga se quiere que sean los tronos, si, pero igualmente bello, proporcionado, con una innegable calidad artística, con una mezcla radiante del armonioso conjunto orfebre y los no menos perfectos bordados. Y en él una Dolorosa que rezuma clase y elegancia todo el año pero mas si cabe desde el Viernes de Dolores cuando se expone en solemne Besamano y después va bendiciendo Málaga con su señera mirada. Ella es protagonista de un Miércoles Santo alejado ya del jolgorio y el griterío. Verla volver por Strachan resulta fabuloso, con un selecto público que sabe a lo que va y la acompaña en su caminar hacia San Pedro. La musica de su deliciosa banda tampoco queda atrás interpretando "Pasa la Virgen Macarena", "Virgen de Montserrat" o "Pasan los Campanilleros".