martes, 28 de agosto de 2007
Nunca una decisión en esta bendita corporación malagueña fue tan bienvenida. Les sitúo. Patio del histórico y aún desconocido Antiguo Hospital de San Julián. Los hermanos de las Penas, nos encontrábamos impacientes, a la espera de una resolución a la incertidumbre meteorológica que nos tenía a todos en vilo, una especie de ahogo asemejable a la expresión coloquial que dice que los innombrables se ponen ciertas veces "de corbata". Chispeo, ese odioso "chirimiri" que tan irrisorio es para los pantanos y tan desaconsejable es para que haya pasos en la calle.

Ante este panorama se extienden los rumores que corretean por los pasillos de la sede canónica de la hermandad mientras la junta de aguas decide o no la salida y en qué condiciones. Se retrasa media hora. Sigue chispeando. Se plantea la salida únicamente a la Catedral, fin último de nuestra Estación de Penitencia, sin pasar por el recorrido oficial. Nueva Esperanza no sale, me dicen que los portadores por allí proponen una salida por el barrio (fin último de su Estación de Penitencia). Una junta coherente y seria lo rechaza por considerarlo un espectáculo improcedente.

Mientras tanto, en San Julián crecen los nervios. El azahar de un delicado manto de flores perfuma el templo y los fabulosos lienzos de Niño de Guevara.
De pronto corretean mis correligionarios a la fuente del patio, como implorando del manantial de la vida, que 2007 no pasara sin las Penas en la calle. Se sube el mayordomo de procesión y con un escueto pero no menos emocionante: "Salimos" marcó para mí el momento de esta Semana Santa. Vellos de punta y prisas. "Todos a sus puestos, que además hacemos el recorrido completo". Y vaya si lo hicimos.

De nuevo el ritual de cada año, el miedo desaparece para despertar el sentido de la responsabilidad y el placebo que supone ser partícipe de un ejemplo de excelencia cofradiera por las calles de Málaga, con defectos, por supuesto. Pero entiendo que la excelencia es subjetiva y los defectos forman parte del margen de mejora que tiene y tendrá esta hermandad para los próximos años. Desde la correccion ya conseguida y desde un unívoco e intocable criterio estético, las ansias por crecer siguen estando presentes, sea con esta o con cualquier otra junta de gobierno que rija nuestros destinos.

Rozan las tulipas de los candelabros delanteros del Señor bajo el dintel de San Julián como cada año. Suena la Marcha real interpretada por la banda de cornetas y tambores de la Archicofradía de la Esperanza, volcada e identificada con nuestra idiosincrasia, otro año más.

Y detrás otra vez la Madre de Dios en la Tierra siguiendo los pasos cadenciosos de su Hijo agonizante. Notable a mi gusto el manto después de unos años en los que la idea de la junta era minimizar su estética para ir eliminándolo poco a poco. Estemos o no de acuerdo con su permanencia, dentro de lo que podamos hacer por Ella tendremos que concebirlo de la mejor forma posible. Lo que sí hemos conseguido es que a la Virgen se la conozca por su nombre y no por "la del Manto de Flores".

Hablar del empaque de la hermandad transitando por Nueva o San Agustín o recorriendo las naves catedralicias, es una cuestión visual de todos conocidos. Ha pasado tiempo y años suficientes para que el personal subraye en rojo este tipo de enclaves en sus programas de mano para no perderse detalle de todo lo que acontece y sobran ya explicaciones ni recreaciones literarias sobre el alcance del evento. Se vio, desde los varales del arte, a Antonio Roche, conocido crítico de la Semana Santa en primera fila entre la iglesia de San Agustín y el Palacio de Buenavista, no sabemos si admirando alguna mecida antológica que se produjo delante de sus ojos o si para comprobar si el guión se llevaba al hombro o presentado o si al Palio se le habían puesto ya por fin los arbotantes delanteros, como es típico en esta bendita ciudad. Lo cierto es que no leí el diario al día siguiente para cerciorarme si prosigue en su particular y curiosa cruzada hacia las Penas.

A las 3 con el retraso acumulado de toda la jornada entró la Virgen en su templo, quizás por ultima vez Dios mediante. Sonó "Caridad del Guadalquivir" en Nosquera interpretada por una banda de la Paz que se ha quedado corta para lo que debe exigirse musicalmente detrás de nuestra Titular. Carece de un repertorio solvente y de calidad y recurre demasiado a modismos indeseados y de escasa calidad. A todo esto, sumado a que tampoco desde la Hermandad se ha incidido mucho en este aspecto, me veo abocado a instar desde esta humilde tribuna a quién corresponda para mejorar este tema en próximas Semanas Santas, toda vez que parece que en el trono del Cristo, del que soy portador, se han llegado a tales logros.
Publicado por tontodecapirote84 @ 19:01  | Málaga
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