martes, 28 de agosto de 2007
La tónica de incertidumbre general se volvió a repetir en la jornada del Lunes aunque vistas las previsiones que anunciaban lluvia con total seguridad, el día no arrancó del todo mal y la situación fue mejorando conforme pasaron las horas y el cielo parcialmente despejado de la tarde se tornó en un negro estrellado en la noche sevillana. Ello trajo el temple y la mesura en las cofradías del Lunes, todo lo contrario que el día anterior que habían corrido como nunca y para nada, como siempre.

El Postigo volvió a recibir olor de barrio pasado el medio día, el Tiro de Línea volvía a encontrarse con los naranjos del centro histórico, otro año más, y esta vez todavía con el regustillo especial que ha dejado el 50 Aniversario en el paladar de todos los hermanos. Parecer que fue ayer cuando visitamos sus calles para acompañar a la Virgen de las Mercedes todavía sufriendo el calor del verano y pegándonos una "jartá" de chicotás a su lado. El Lunes Santo ellos nos han devuelto la visita y para eso los esperamos en ese elegante arco, donde lo mismo luce un esparto apretado que un solo rociero con sabor de cuerpo a tierra.

De la misma forma el Rocío, con accidente incluido de un olivo travieso a la salida, deambulaba de impoluto merino y terciopelo entre carritos de bebés y sillitas plegables por Imagen camino de la Carrera Oficial. ¡ Cuánto ha cambiado esta hermandad!, ¡qué prestancia en la calle!. Desde la Cruz de Guía (que por cierto se estrenaba deliciosamente), pasando por la correcta disposición del cortejo hasta lo engrandecido de sus pasos, esta hermandad ha sabido ganarse a pulso un hueco de honor entre las privilegiadas en señorío y estilo . Atrás han quedado los años de provisionalidad y la sensación que reflejaban de no haber encontrado un rumbo fijo. Ahí se dejan ver otro año más con el imponente paso de misterio que además anda fenomenalmente, acompañado por una soberbia Agrupación Musical y un paso de palio enriquecido este año en su techo con los reconocidos bordados de Francisco Carrera. Esta hermandad por tener ya tiene hasta su propio público que la esperan en mágicos lugares que ya han hecho suyos como la Alfalfa o la Plaza de San Leandro. Esta cofradía ya no es relleno del Lunes Santo, y resulta prioritario reservarle un tiempo para disfrutarla y musitarle a sus titulares una oración de respeto y devoción mas allá de los muros de la histórica calle Santiago.

Por el contrario el exceso parece haberse apropiado de una corporación que radica en el Barrio León. Son trianeros ello es evidente, pero San Gonzalo se ha empeñado en recordar en cada chicotá su sello e impronta, que a mi parecer juega a confundir el ser trianero con el mal gusto o la excentricidad, toda vez que otras hermandades del mismo arrabal tratan a día de hoy recorrer el camino contrario, reencontrándose con la mesura y la exactitud, sin perder ni un ápice de su bendita condición y nacimiento. Triana es Triana e incluso dentro de las mas o menos criticables formas coreográficas de sus pasos, cabe el término medio, que según el refranero popular recuerda que es donde anida la virtud.

Venía implorando jarana el Misterio desde que abandonó su templo y se le vio continuamente abusar de los cambios hasta en las chicotás a tambor, algo que ya sobra y cansa hasta al más prolífico a dejarse ver "cangrejeando" ante las canastillas "bailarinas". Vaya por delante que esto de los cambios no me parece mal y en su justa medida resultan hasta maravillosas formas de innovar en las mecidas de los pasos (véase la Cena de Jerez de la que tanto me acuerdo o incluso el Decreto en Sevilla). Pero ya digo, lo que se contempló en San Gonzalo pone en jaque a toda una corporación, su estética en la calle queda seriamente dañada por quizás una falta de control por parte de los dirigentes a capataces y costaleros, eclipsándose de esta forma otros destacables aspectos como que por ejemplo su paso de palio estrenaba unos maravillosos respiraderos de plata, que bien merecen una mención aparte. Todo ello invita a una revisión de formas en la corporación que debería plantearse el fin último de su Estación de Penitencia para que no se convierta en una romería con paradas y saludos en todo portal, institución, iglesia o comunidad que se encuentra por el camino.

Qué decir de Santa Marta, si su sólo cortejo lo dice ya todo. Cada año que pasa le agradecemos nuevamente al maestro Brú que nos dejara semejante misterio, sin lugar a dudas su obra eterna y cumbre. Quizás dentro de cien años se hable de ese hombre como se estudia hoy a Juan de Mesa o a Martínez Montañés, como un maestro de la Historia del arte religioso según Andalucía. La perfección hecha obra de arte que pasó como una exhalación por la calle San Miguel, donde me aposté para no ver mas allá de una corrección formal y un silencio sumo y sepulcral de una hermandad que hace de la brevedad una virtud y del camino corto un camino al Gólgota de la plenitud cofradiera.

Vera Cruz sale de un exilio cercano a su sede canónica. Santa Rosalía llaman al Convento histórico y desconocido que se esconde cerca de la Gavidia. Rectitud y seriedad en la hermandad que presumiblemente sea junto con otras corporaciones homónimas repartidas por la región, el embrión de la Semana Santa en toda Andalucía. Génesis de un fenómeno bendito que se encarnaba en antiguas corporaciones de la Santa Vera + Cruz, procesiones de disciplinantes, rigurosas, ascéticas, casi misteriosas, que desde el siglo XVI vinieron ofreciendo a sus congregantes asistencia social y benéfica así como de las honras fúnebres y entierro . Tan lejanos quedan ya esos siglos de miserias y rogativas misericordiosas así como de flagelos bañados de sangre que casi nos cuesta hacernos una idea de lo que era la Semana Santa hace mas de 500 años. Quizás sea esta la corporación que nos transporte de algún modo a aquellas épocas pretéritas y no sé muy bien el porqué. Quizás sea la noche oscura de callejuelas encerradas. Quizás sea el silencio sólo rasgado por la saeta anónima e invisible. Quizás sea el "rachear" de costaleros que parece recordar al arrastre de aquellas cadenas milenarias o quizás sea la antigüedad de las tallas y el reducido tamaño de sus pasos casi andas de mano, que recuerdan los orígenes de aquellas cofradías tan desconocidas.

Las Aguas estrenó la talla completa del paso de misterio , una de las últimas incorporaciones en cuanto a retablos andantes se refiere a la magna Semana de Pasión sevillana. Un lujo poder ver al Misterio holgadamente dispuesto sobre el mismo y magnífico el acompañamiento clásico de la Banda del Sol. Otra hermandad que se abre hueco el Lunes junto a la Virgen de Guadalupe, probablemente la belleza mas conseguida de Alvarez Duarte que no llega a caer con la gubia en la superficialidad aparente de su producción mas reciente. La inocencia del niño que jugaba a ser artista allá por el año 1969 y que dejó para el Dos de Mayo a una jovencita dolorosa que irradia sevillanía por los cuatro costados.

San Vicente es otro clásico arquetipo de hermandad en la calle. En su línea e idiosincrasia, los matices a contemplar son distintos. Plantea un concepto de cofradía solemne, gustosa, especial, fúnebre y prácticamente perfecta. Hay señorío y solera, dos calificativos que pocas hermandades tienen en Sevilla, porque son apelativos que no los otorga el pueblo ni la crítica de la prensa morada. Los dan los años, el paso de las épocas y la permanencia en el tiempo, siempre igual y sugerente. No sabemos a ciencia cierta si el Señor de las Penas es de Pedro Roldán a pesar de su consabida atribución pero lo cierto es que importa poco. Su presencia abrazando la Cruz de la humillación en carey y plata con la túnica de nuestro paisano Mendoza, ya es un deleite para los sentidos igual que observar en una parada o incluso por la mañana en el templo, la profusión de los detalles de su paso. Del paso de palio tampoco puede escribirse mas de lo ya hecho. El cajon de su palio bordado y la sublime crestería da un punto de rigidez al andar largo de la Dolorosa de Blas Molner, que cuando se ve venir desde el Museo por la calle Alfonso XII, logra un efecto visual sin parangón.

Desde la citada Plaza del Museo cerró la jornada otra de las hermandades que sorprende al foráneo, presunto capillita que surtido de "topicazos" aterriza en Sevilla dispuesto a comerse el mundo sin percatarse de las sorpresas y los matices que cada cofradía ofrece en la calle. En Sevilla no hay negro o blanco, no hay capa o esparto, no existe la disociación pretendida ni un baúl de atributos predeterminados según que corporación. El Museo encarna esta filosofía. Y el sevillano lo sabe y guarda sepulcral silencio cuando el acusado escorzo de la mas bella Expiración nunca vista con permiso del que mora la calle Castilla, aparece por la Plaza Nueva buscando una calle Velázquez que lo acaricie con su estrechez mientras agoniza apresuradamente entre tinieblas. Pero también sabe el sevillano que esta hermandad guarda una joya en forma de Dolorosa que tan bien le sientan los compases de Font de Anta como los Campanilleros de Farfán. Su marcha, Virgen de las Aguas, nos intuye claramente la medida de las cosas, entiende el Museo que ello debe ser así y para Sevilla es lo mejor del mundo.
Publicado por Desconocido @ 18:54  | Sevilla
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