Sevilla despertó un Domingo de Ramos atípico. La tranquilidad de una mañana soleada y calurosa, como mandan los cánones por el arbolado Parque de María Luisa, dejó paso a la presencia de caprichosas nubes de primavera que celosas del olor a azahar y a la manga corta quisieron estar presentes con un corte gris amenazante. Por entonces ya caminaba la Paz presta por la Universidad mientras en San Juan de la Palma caían leves gotas de incertidumbre.Imagen
Los mas agoreros y pesimistas ya ironizaban con la mas que segura disposición de la Hermandad de la Amargura a "desarmar" sus pasos cuanto antes y a ni siquiera convocar a sus hermanos.
Pero la primavera también tiene sus cosas buenas, y en seguida abrió paso a los claros de la ilusión, esos que permitieron que las hermandades de la Cena, el Despojado, y la sección de la Borriquita de la hermandad del Amor se pusieran en la calle con un retraso considerable. La Hiniesta manejaba partes de mejora y en poco tiempo ya avanzaba por Correduría buscando la Alameda, sin pausa pero sin prisa y gustándose como siempre.
Aún así el miedo persistió en los cofrades durante toda la jornada debido a que la inestabilidad atmosférica vaticinaba la posibilidad de lluvia en algún punto de los distintos recorridos, eso sí siempre de forma esporádica. Esto hizo que las hermandades fueran mas temerosas de lo habitual, y en ellas abundó la prisa, las chicotás a tambor y las revirás poco trabajadas. Por eso fue un Domingo atípico hasta para la Amargura que curiosamente no fue fiel a sí misma y se puso en la calle, eso sí, con un retraso considerable por el que ya se acumulaba en Campana.
Conforme mejoró el día, la Paz se tranquilizaba y se encontró consigo misma en el Postigo. El Señor al son de Jesús de la Victoria y Alma de Dios, muy poquito a poco se dejaba llevar por el pasito corto de los costaleros del misterio. El palio por su parte llegaba como siempre al son de las notas de Rocío de Vidriet. Cuidadísimo otro año mas el deambular de la corporación por el Arenal hasta llegar a la Plaza Nueva.
La Borriquita, siempre clásica, siempre elegante, se dio prisa para llenar de incienso y colorido la Carrera Oficial, que la esperaba con mas impaciencia si cabe este año por el citado retraso.
El Despojado tuvo su momento a la ida. De vuelta se acortó el recorrido y no lució especialmente. Magnífica la restauración y nueva ejecución del palio de la Virgen de los Dolores, sin duda es para felicitar el trabajo del bordador Grande de León. El Misterio ha mejorado ostensiblemente su puesta en escena en la calle y lo de la banda de los Reyes detrás ha sido un acierto musical sin parangón en la Semana Santa sevillana.
La Hiniesta tuvo su momento de ida en la Alameda, donde el paso del Cristo de la Buena Muerte volvió a enamorar con el sonido de Arahal en revirá de ensueño para embocar Trajano. Detrás la Madre Hiniesta bajaba presta por Correduría ante las innecesarias pretensiones de protagonismo por parte de la autoridad municipal. Pero ahí estaba Ella para eclipsar esos desmedidos propósitos. Ya de madrugada sus varales besaron cada cornisa y cada balcón de sus callejones, para que inmediatamente florecieran gitanillas primaverales hasta entonces ocultas por el frío y la oscuridad de la angostura de la calle Lira.
Este año la Cena había que verla caída la noche, de vuelta, por Santa Catalina, cuando el Misterio se adentra en su feligresía y la banda de las Cigarreras interpretaba una marcha tras otra en la trasera de este paso sobrio tan alejado del neobarroquismo imperante, unas andas en claro contraste con el esplendor miguelangelesco del apostolado de Brú y el hieratismo mimético del Señor de la Cena. Sonaron "Soberano en Getsemaní", "Corazón de Jesús" y "Prendidos a Jesús", en el entorno de la calle Gerona allí donde la pisada costalera se hace eterna y donde la música celestial se hace protagonista. Tras Él un Humilde Cristo callado enjuto pero mas grande en Amor y Paciencia para cerrar el Subterráneo, palio elegante y clásico que cobijaba a esa Dolorosa que intimaba mimosa con los últimos naranjos en la plaza de los Terceros. Una vez mas las notas de Gámez Laserna la acompañaron en su retorno sublime.
A San Roque también le entro el "canguelo" y ni siquiera transitó por Caballerizas, dejando para el año que viene, Dios mediante, uno de los momentos mas esperados de todos los Domingos de Ramos. La admiramos por la Cuesta del Rosario, con su fabuloso Nazareno que con un firme paso se dejaba mimar por los sones envidiables de la Centuria, una auténtica antología musical añeja y perdida. El palio apresuradamente transitó por Francos y reviró hacia la Cuesta sin marcha, algo que deslució mucho su vuelta. Por aquella zona se vio en un balcón a Francisco Rivera que pasó desapercibido gracias a la predisposición del público a respetar y contemplar lo verdaderamente importante, el paso de la hermandad. Chapeau.
Y que decir de la Amargura. Este año tocaba disfrutarla lejos de las centenarias paredes de su templo. Había que jugar visualmente con los contrastes de su palio y la fachada principal del Salvador, cada vez mas cerquita de los sevillanos, esta vez sin vallas ni cajón de obra. Ver el cortejo desplegado por esta zona resultó ser un auténtico prodigio. Allí sonó "Mater Mea" para la Señora, demostrando la cuadrilla como anda este paso con otras marchas solemnes no tan repetidas como el consabido "himno de Ucrania" (costalero de la Amargura dixit). Lo del Señor es otra cosa. Mientras a todos los demás misterios se les exige música para verlos lucir a este no le hace falta. Como mas se disfruta este Misterio es verlo andar largo, desde atrás, con un ingente paso por la Calle Cuna y todo ello a pesar de la estrechez. Una gozada.
Desde que sale el Amor todo se vuelve buen gusto. Su sección infantil y jolgoriosa de la Borriquita da paso al negro riguroso de su cortejo del Cristo del Amor y la Virgen del Socorro. A pesar de los contrastes claros y evidentes los calificativos a la disposición de esta hermandad en la calle son comunes: clasicismo, elegancia, solvencia y corrección. Excelso de nuevo el Palio del Socorro que cuidó magníficamente su andar cortito aderezado por la solemnidad prescrita de la música detallosa.
Nos quedó la Estrella. Sin duda alguna la hermandad mas "sevillana" de Triana, sobre todo en la esencia de su paso de palio. Se vio a la preciosa Dolorosa atribuída a Martínez Montañés por el Postigo con el palio juanmanuelino por segundo año consecutivo, todo ello debido al aniversario de la mítica salida de 1932 entre hostilidades y disturbios republicanos. Allí sonó "A ti Manué" en una revirá de órdago que hizo hasta mas bella esta "trituradísima" marcha. El Señor de las Penas con el izquierdo por delante y costeros en el sitio se presentó en la Magdalena acompañado por la Presentación Al Pueblo de Dos hermanas con dos marchas seguidas. La tarde ya caía por el Aljarafe. Luego en Campana el andar del paso levantó al público al que hacía falta un estímulo emocionante a la vez que soberbio para despegarse de las sillas de enea habida cuenta del aire frío que correteaba por todo el centro de Sevilla.