Por la ribera del Guadalquivir, las hermandades ya conocen definitivamente sus recorridos y horarios cara a la próxima Semana Santa, esa que ya se cuela por las esquinas y callejuelas de esta Cuaresma que se adormece moribunda en los brazos del implacable paso del tiempo. Lo cierto es que analizándola fríamente y a falta de tan sólo dos semanas para la Semana grande, el citado trance prepasional no está siendo un periodo demasiado prolífico en cuando al desarrollo de actos de relevancia se refiere ya que más bien resulta que las cofradías se han acomodado quizás obnubiladas únicamente por la anualidad de sus cultos internos que bien es cierto que no dan demasiado juego a la prensa morada, pero que tampoco han dado una cierta vida a la celebración cuaresmal y ha dado pie al acomodamiento de los cofrades que quizás busquemos otras sensaciones a modo de ensayos costaleros o conciertos musicales, fuera de toda órbita litúrgica y del verdadero significado de este período que debemos celebrar y conmemorar como preparación para la próxima Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Entonemos pues el "mea culpa" pues este extremo es ya usual en muchas ciudades andaluzas.
Esto es sin duda una constatación de que en la sociedad en que vivimos nos atrae mas lo estético, aparente y espectacular, el lado superficial de la fiesta que la verdadera esencia religiosa de este tiempo personificada en la intención del arrepentimiento, el duelo y el ayuno así como en el sentimiento de consternación que nos aliviaría así el misterio con una mente y un corazón purificado. Esta cuarentena nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, y debemos obrar en consecuencia, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos insta a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Él y de Dios.
Ello parece olvidarse este tiempo donde los "rifirrafes" dentro y fuera de las hermandades son una constante y donde ciertas conductas invitan mas a la crispación (tan de moda hoy en día) que a la reconciliación fraterna y al buen entendimiento. Todos los estamentos, desde el Consejo, pasando por Palacio, hasta las hermandades y todos los cofrades y ciudadanos nos vemos inmersos en tensiones exacerbadas derivadas de no tan trascendentes cuestiones "logísticas", infraestructurales o estéticas, que se ven reflejadas en los diarios como únicos pretextos informativos. Este no es otro tiempo que el del perdón. Cada día, durante toda la vida, y en especial durante estos días hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
Es por ello que se hace necesario reflexionar cuando se recrudecen las tiranteces en el Consejo por ciertos espinosos temas como el de la ampliación de la nómina de la Semana Santa o la situación de la Resurrección, ofreciendo una imagen a la sociedad alejada de la templanza y moderación con que las fraternidades y las instituciones deben hacer las cosas. La cohesión y la mesura en estos tiempos se hace indispensable.
Todo ello influirá en que los deseosos cofrades no se entretengan tanto tertuliando entre café y café sobre el estreno del Carmen, o en el morbo creado por la famosa "pelea" de San Esteban o acudiendo en masa al centro de la ciudad para asistir a la mudá del Paso de Misterio de la hermandad de la Amargura.
Hagamos todos un propósito de enmienda y no olvidemos para el próximo año lo que significa Cuaresma y los deberes que debiéramos ejercer como cristianos y cofrades. Para todo hay tiempo incluso para disfrutar de los cambios costaleros sin faldones, flores ni Imágenes.